Secuencia 3 - Assassin's Creed Unity

Arno al fin se convierte en un asesino y comienza su lucha contra los templarios.
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En esta breve secuencia, también compuesta de dos recuerdos, podemos aprovechar para hacer nuestros primeros pinitos por París ya convertidos en asesinos de tomo y lomo. Podemos comenzar a sincronizar atalayas y a hacer misiones secundarias aprovechando nuestras nuevas habilidades. Los dos recuerdos nos narran cómo Arno se convierte en un asesino de tomo y lomo, superando dos pruebas importantes.

Recuerdo 1: Graduación

Desafíos:

Tres asesinatos desde cobertura: La forma más fácil de llevarlos a cabo es al principio, con los tres guardias cercanos que tenemos que eliminar.

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Sigue a Bellec: No pierdas a Bellec en ningún momento de la misión.

Esta misión de "Graduación" hace que sigamos a Bellec hasta la guarida de los asesinos, huyendo de los guardias y los revolucionarios que nos perseguirán e identificarán.

La primera parte de la misión es quizás la más complicada, ya que tenemos que eliminar a tres guardias evitando que den la alarma, y luego sabotearla. Para ello nos lanzamos al heno y estudiamos a los guardias. También podemos seguir una ruta alternativa y acecharlos desde otras posiciones.

Salir de nuestras posiciones llamará la atención de los guardias, pero eso forma parte del juego. Haciendo esto lograremos distraerlos y que vayan a nuestra última posición conocida, pudiendo acabar con ellos por la espalda. Para conseguir el objetivo deberemos acabar con ellos desde una cobertura, es decir, usando el boton X/A para ponernos tras un obstáculos y apuñalándolos cuando no se lo esperen.

Una vez superada la prueba deberemos huir junto con Bellec y sin perderlo de vista. Mantenerse cerca de él es uno de los objetivos de la misión y en realidad corre a toda velocidad. Si lo perdemos no tendremos que empezar de nuevo, pero no cumpliremos el objetivo. Con frecuencia nos encontraremos con enemigos, a los que habrá que matar rápidamente sin perder a Bellec de vista.

Tras llegar a la guarida secreta de los asesinos nuestra graduación habrá concluido.

Recuerdo 2: Confesión

Desafíos:

Dos asesinatos desde escondrijos
No actives las alarmas

Ésta es una de las primeras grandes misiones del juego, una de las que intenta cambiar la forma de jugar de los últimos Assassin's Creed para buscar una fórmula algo más abierta. Tenemos que matar al templario Sivert, que está dentro de la iglesia de Notre Dame. Tenemos varias formas de llevar a cabo la misión, que nos indica nuestro compañero en la introducción, y el juego nos lo indica luego en el mapa. El único requisito es matar a Sivert con la hoja oculta, y huir con vida del atolladero.

Entrar en Notre Dame:

Tenemos varias formas de hacerlo:

- Por las bravas, por la puerta principal. Puede llegar a hacerse si has completado misiones secundarias, tienes habilidades extra y, sobre todo, buenas armas. En el caso de que consigas acabar con los guardaespaldas la mayor dificultad consistirá en matar a Sivert con la hoja oculta -estará al tanto de que estamos ahí-.

- Robando las llaves de los matones: Estarán indicados por el juego. Son dos, uno lleva las llaves y otro lo acompaña. Podemos robar las llaves sin que nos detecten, pero es difícil. Si matamos al otro antes, no lo es tanto.

- Entrando por una de las ventanas abiertas: Hacia el final de la basílica hay dos ventanas abiertas para las que no necesitamos llaves.

- Usando una entrada secreta por las catacumbas: Está detrás de la iglesia, al suroeste.

Acabar con Sivert:

La forma más sencilla de hacerlo es entrar por una de las ventanas y caer sobre él cuando pasee solo. Sivert estará en un principio rodeado, pero luego dará una larga vuelta por el interior de Notre Dame en la que estará poco acompañado. Cuando lo matemos sonará la alarma si nos ve alguien, pero si hay poca gente alrededor será muy fácil volver a subir y escapar por una de las ventanas.

Para conseguir el objetivo secundario deberemos matar a Sivert escondido en uno de los confesionarios, y acabar antes con Duchesneau, siguiéndolo, adelantándonos a él y acabando con él cuando pase por delante de nosotros.

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