Verano de Dragon Ball: Dragon Ball: Raging Blast 2

Dragon Ball: Raging Blast 2. Seguimos repasando los juegos basados en la obra de Akira Toriyama.
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Actualizado: 3:50 30/9/2020
Verano de Dragon Ball

Dragon Ball FighterZ fue uno de los grandes anuncios del pasado E3, y tras su calurosa acogida en Vandal queremos celebrarlo con el Verano de Dragon Ball, un repasado de los juegos más importantes basado en el manga de Akira Toriyama, que realizaremos del 1 de julio al 31 de agosto.

Hoy os hablamos de un nuevo juego, y estos son los títulos de los que os hemos hablado hasta el momento:

Dragon Ball: Raging Blast 2 (2010)

Como ya os contamos hace unas semanas, la primera entrega de Dragon Ball: Raging Blast supuso un considerable paso atrás respecto a la trilogía Budokai Tenkaichi en todos los sentidos menos en el gráfico, algo que desde Spike buscaron remediar con el lanzamiento de su secuela.
Si bien es cierto que Raging Blast 2 solucionó muchos de los problemas de su predecesor y pulió sensiblemente su jugabilidad, lo cierto es que volvió a fallar por descuidar ciertos aspectos que limitaron su utilidad real para jugar combates online o contra amigos de forma local, convirtiéndose eso sí, en uno de los títulos de lucha de Dragon Ball más recomendables para batallar en línea que se han lanzado hasta la fecha. Por desgracia, si sois de los que disfrutáis de los juegos de esta serie por sus experiencias para un jugador y para poder revivir sus combates más míticos, el título se queda tan cojo que cuesta entenderlo como otra cosa que no sea una decepción, y no precisamente por falta de contenidos. La primera en la frente nos la llevamos cuando abrimos el menú principal y nos encontramos con que, por algún motivo desconocido, y al igual que ocurrió en Budokai 2, la desarrolladora apostó por no incluir ningún tipo de Modo Historia que ofrezca un mínimo de narrativa y conectase las diferentes batallas del juego con algo de trama, aunque esta fuese inventada y no siguiese los sucesos del manga. En cambio, lo que tuvimos fue el Modo Galaxia, donde teníamos que superar una serie de batallas con cada personaje para desbloquear nuevos contenidos. El recorrido de cada combatiente era distinto, por lo que se trataba de una modalidad larguísima y que daba para muchas horas de juego, pero al no ser más que una pelea tras otra contra la IA, acababa aburriendo demasiado rápido y al final se sentía como un trámite molesto por el que teníamos que pasar para conseguir nuevos personajes. Si bien es cierto que muchas de estas batallas buscaban emular las principales de la serie (no en vano, el título cuenta con un sistema que activaba conversaciones especiales durante las luchas cuando se enfrentan dos personajes concretos), esto no evitaba que nos supiera a poco, especialmente tras haber disfrutado de modalidades mucho mejor resueltas en títulos anteriores. El otro gran modo para un jugador era el de Zona de Batalla, donde nos tocaba superar unos pocos combates (como si fuese un Arcade) con alguna que otra regla adicional añadida y dificultad creciente (las últimas zonas de batalla son realmente complicadas y todo un desafío). En lo que respecta a la jugabilidad, esta sigue la misma fórmula que pudimos ver en su primera parte, es decir, un juego de lucha donde tenemos total libertad para movernos y volar por amplios escenarios tridimensionales mientras realizamos combos cuerpo a cuerpo con un sistema bastante simple de dos botones (golpe flojo y fuerte) que podemos cargar para romper la guardia del rival y ejecutamos todo tipo de técnicas especiales y ataques a distancia. Los controles siguen siendo muy sencillos y accesibles, por lo que no hay complejas combinaciones de botones que aprenderse ni rebuscados comandos que requieran de cierta práctica hasta que nos salgan con soltura. A pesar de esta aparente simpleza, el título escondía una considerable profundidad de juego gracias a su sistema de persecuciones, cancels, roturas de guardia, esquivas, teletransportes y formas de utilizar determinadas técnicas que nos obligaban a hilar muy fino, medir bien el timing de nuestras acciones y predecir constantemente lo que iba a hacer nuestro enemigo para actuar en consecuencia. Además, cada luchador contaba con su propia técnica personal que ayudaba a diferenciarlos del resto y se añadió una nueva mecánica con la que potenciarnos hasta el límite para realizar combos devastadores mientras nuestro Ki bajaba a toda velocidad, algo que bien utilizado y en manos expertas podía acabar por darle la vuelta a una situación desesperada, aunque aprender a utilizar correctamente este recurso requería de algo de práctica, ya que al finalizar sus efectos solíamos quedarnos muy vendidos. La cámara también se mejoró muchísimo y, aunque no era del todo perfecta, sí que hacía que la experiencia de combate fuese mucho más disfrutable que en su predecesor, por lo que al final tuvimos un título de lucha muy competente, espectacular y rápido que emulaba con mucho acierto las batallas que tantas veces hemos visto tanto en el manga como en el anime. Gracias a esto y a lo bien que funcionaba el código de red del juego y su sistema de rangos para los jugadores más competitivos, Raging Blast 2 acabó por convertirse en un gran título para todos aquellos que quisieran medirse contra usuarios de todo el mundo con sus personajes favoritos. En lo que respecta a la plantilla de personajes, también consiguió dejarnos muy satisfechos con sus más de 100 combatientes (contando transformaciones) . La selección era buena y aunque faltasen luchadores de GT y la época de cuando Goku era un niño, apenas habían ausencias destacables. Como curiosidad, destacar que el juego incluía un remake de la película de Dragon Ball Z Gaiden, donde Goku y compañía tuvieron que enfrentarse a Hatchiyack, personaje que podemos desbloquear por primera vez como jugable simplemente viendo la OVA. Eso sí, esta nueva versión de la cinta era mucho más corta que la original, se saltaba un buen número de combates y la animación dejaba bastante que desear. Finalmente, a nivel gráfico se apostó por darles a los personajes un sombreado que los asemejara más a lo visto en el manga que en el anime, y aunque no lucía del todo mal (a fin de cuentas, el modelado de los personajes era bastante bueno), creemos que funcionó bastante mejor el estilo artístico por el que apostó el primer Raging Blast. Resumiendo, Dragon Ball Z: Raging Blast 2 nos dio una de cal y otra de arena con una limitada y aburrida selección de modos para un jugador, pero que a cambio nos ofreció una jugabilidad muy mejorada y pulida que funcionaba realmente bien, convirtiéndose en un título muy recomendable para todo aquel interesado en explotar su multijugador.
Carlos Leiva
Redactor

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