Una de las muchas actividades que se pueden llevar a cabo en Nioh 3 es ir invocando espectros de jugadores de tumbas sangrientas. Cuando un jugador muere, queda una tumba roja que sirve para invocar una copia de su personaje (con el mismo nivel, equipo y habilidades) controlada por la IA. Derrotarlas es una buena forma de conseguir equipo y experiencia. Sin embargo, en esta entrega se han vinculado a un nuevo y peligroso enemigo: el Demonio Filosangre. Aquí vamos a explicarte qué es, cómo encontrarle y por qué es buena idea intentar acabar con él.
Cómo encontrar a un Demonio Filosangre
Para empezar, sabrás que ha aparecido un Demonio Filosangre porque te lo notificarán en cualquier Santuario. Si ha aparecido en otro mapa, te indicarán que el bicho está... pues eso, en otra región. Ten en cuenta que después de eliminar a uno, tardará varias horas en aparecer otro.
En este punto, cuando elimines a un espectro de tumba sangrienta, aparecerá una flecha roja en el mapa que señalará en alguna dirección. A base de eliminar a más espectros, saldrán más flechas que te permitirán determinar la posición en la que ha aparecido. Al llegar te encontrarás con esto:

Al acercarte, verás que te indican el nivel del Demonio Filosangre y podrás invocar al bicho como si fuera un espectro de tumba sangrienta más... pero con muy mala leche. Es básicamente un Guerrero magatsu con esteroides que usará un montón de ataques de fuego, viento y rayo. Si puedes engañarle para subir y bajar constantemente de un saliente tendrás ventaja contra él.

¿Vale la pena luchar contra el Demonio Filosangre?
Si bien es uno de los enemigos más duros del juego y a todos los efectos es un superboss constante y que siempre irá subiendo de nivel, lo cierto es que siempre vale la pena ir a por él cuando aparezca. El primer motivo es que siempre deja su núcleo yokai, una de las mejores invocaciones que puedes tener con un nivel de agresividad altísimo y que sube bastante tus stats de ataque y defensa. El segundo es la enorme cantidad de equipo que recibirás por hacerlo. Es un desafío, sí; pero vale la pena.




