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Análisis final de 'Obi-Wan Kenobi': ¿Es una buena serie de Star Wars?

Disney y Lucasfilm finalizan por todo lo alto 'Obi-Wan Kenobi', la miniserie protagonizada por Ewan McGregor como el célebre Jedi. ¿Ha estado a la altura? ¿Es un buen producto de Star Wars?
Análisis final de 'Obi-Wan Kenobi': ¿Es una buena serie de Star Wars?
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¡Cuidado! Spoilers de toda la serie de Star Wars, Obi-Wan Kenobi.

Star Wars ya no mira únicamente al cine: tiene su objetivo fijado en Disney+. Tras el estreno de la exitosa The Mandalorian, Lucasfilm decidió apostar con todo por el entretenimiento doméstico basado en la producción de una enorme cantidad de series que estaban destinadas a ampliar el universo de la saga galáctica surgida de la imaginación de George Lucas. Arriesgada, esta nueva senda de la Fuerza ha llevado a la creación de ideas conceptuales muy arriesgadas como Star Wars: Visions, y el desarrollo de spinoff como El libro de Boba Fett, la futura o la ya concluida Andor, Obi-Wan Kenobi. Centrada en el Jedi exiliado en Tatooine, y protagonizada por Ewan McGregor y Hayden Christensen, analizamos en Vandal sus claves, sus aciertos y sus errores. ¿Ha estado a la altura de lo que se esperaba de una serie de Star Wars? ¿Es una buena serie de Star Wars?

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Obi-Wan Kenobi: Expectativas versus realidad

Es difícil aproximarse a Obi-Wan Kenobi sin pensar en lo complicado que es contar una historia centrada en uno de los personajes más queridos, célebres e importantes de Star Wars que sea capaz de contentar a todos los espectadores. Encarnado por Sir Alec Guinness, el Jedi exiliado en el desértico planeta de Tatooine, aquel que tan bien reflejaría la figura del sabio mentor que guiaría a Luke Skywalker (Mark Hamill) en sus primeros pasos en la senda de la Fuerza, acabaría convirtiéndose en una de las piezas centrales en la mitología galáctica. Su figura es totémica, igual de importante que la de Darth Vader, y su resonancia se ha dejado notar en los eventos históricos que marcaron el destino de la galaxia durante décadas. Cuando llegaron las precuelas de George Lucas, Ewan McGregor tomó el relevo, llevando la túnica del Jedi desde su infancia como joven e inocente Padawan a las órdenes de Qui-Gon Jinn (Liam Neesom) hasta su madurez como maestro de Anakin Skywalker (Hayden Christensen) tras las Guerras Clon, siendo testigo de su caída en el Lado Oscuro entre los fuegos y cenizas de los ríos ardientes de Mustafar.

Obi-Wan Kenobi Disney+

Esta nueva Obi-Wan Kenobi, dirigida por Deborah Chow -responsable de algunos de los mejores episodios de The Mandalorian-, se ambienta entre La venganza de los Sith y Una nueva esperanza, los episodios III y IV de la saga cinematográfica de los Skywalker, narrándonos un periodo convulso para la galaxia. En una cronología cada vez más atiborrada y llena de piezas diversas en diversos medios, lo cierto es que estamos en un marco temporal muy explotado en cómics, novelas, videojuegos y ahora, series de televisión. El show de Lucasfilm transcurre concretamente alrededor de unos 10 años después de La venganza de los Sith, cuando el Imperio Galáctico ejerce con mano de hierro su voluntad y gobierno en toda la galaxia, persiguiendo a los Jedi supervivientes de la Orden 66. Es un tiempo difícil para los habitantes de más de un millar de sistemas, que nos bombardea audiovisualmente con evidencias de cómo toda esperanza se ha perdido.

Ewan McGregor en Obi-Wan Kenobi

Obi-Wan Kenobi arranca como cabríamos esperar: con un Obi-Wan oculto entre las dunas de Tatooine, trabajando como carnicero e intentando mantener un ojo siempre encima de Luke Skywalker. Sin embargo, la producción para Disney+ ha tomado una serie de caminos y derroteros distintos a los previstos en un principio. Estas sendas, trazadas con más o menos torpeza, son a veces muy discutibles, otras tantas lógicas y en un par de ocasiones bastante evidentes en varios de sus episodios, nos atreveríamos a decir que incluso muy acertadas y notables. Obi-Wan Kenobi nació como una película tras la compra de Lucasfilm por parte de Disney, que fue cambiando su destino varias veces tras la falta de pulso en spinoffs como Rogue One y Han Solo, que se convirtieron en una pesadilla para Kathleen Kennedy, mandamás de la empresa. Tras el Episodio 9 y el viraje de la empresa dirigida por aquel entonces por Bob Iger, se decidió apostar por el streaming y el vídeo bajo demanda, diseñando un buen número de proyectos en formato televisivo y así, entre tempestuosas tormentas y decisiones corporativas, nació Obi-Wan Kenobi. Pero lo hizo de una manera muy diferente a la que acabó cristalizando.

Owen Lars en Obi-Wan Kenobi

El show al comienzo de su gestación presentó un guion muy oscuro y diferente, firmado por Hossein Amini (Drive), que llegó a asustar a Lucasfilm y su presidenta, generando incomodidad entre la ejecutiva y los asesores creativos. Era una serie muy dura, demasiado para los cánones de Star Wars, y la producción tuvo que virar hacia otra dirección. Amini fue sustituido a última hora por Joby Harold (Ejército de los muertos), que otorgó una historia más esperanzadora y un cariz distinto, más suave, siendo asesorado por Dave Filoni y Jon Favreau, que instaron a la inclusión de Darth Vader, los Inquisidores y la construcción de la figura de Leia como figura inspiradora para una futura e incipiente Rebelión. Se desconoce qué elementos de los borradores originales han sobrevivido a esta transformación, pero sí sabemos que Amini había otorgado a la serie un enfoque demasiado ominoso y oscuro, localizando casi exclusivamente la acción en Tatooine y presentando a Darth Maul como el gran villano. Lógicamente, esto contradecía el canon y el destino del personaje en Star Wars Rebels, un aspecto que Lucasfilm no podía dejar pasar por alto.

Darth Vader Obi-Wan Kenobi

Pronto se decidió quitar a Maul, ampliar el enfoque -había que pensar en grande- y la escala de la serie y dotar a la producción de la consabida dualidad entre Darth Vader y Obi-Wan Kenobi, algo que encantó a los arriba mencionados y a la propia Kennedy, que vendería a posteriori el show a los espectadores como el combate del siglo entre ambos personajes. Es necesario hacer hincapié en que la historia que nos cuenta la producción para Disney+ es la de un Jedi que debe recuperar la fe en sí mismo y en la Fuerza y la de una niña, Leia Organa, que acaba liberando al propio Kenobi de todas sus cargas e insuflándole esperanza de cara al futuro del mañana. Es, por lo tanto, una serie de aventuras que versa sobre recuperar la esperanza en tiempos difíciles y todas las implicaciones que tiene creer en algo cuando todo lo que nos rodea de desmorona. Se trata del mismo discurso narrativo que vimos en Rogue One: Una historia de Star Wars y en películas como Una nueva esperanza o Los últimos Jedi, pero llevado a un plano y un territorio más personal, entroncado con dos figuras que serían vitales en la trilogía clásica por muchos motivos.

El proyecto ha pasado por muchas manos, y eso perjudica el resultado final de algunos tramos de la historia

Anakin Skywalker como Darth Vader en Obi-Wan Kenobi

Por lo tanto, Kenobi abandona Tatooine y emprende un movido viaje por la galaxia para proteger a una joven Leia Organa (Vivien Lyra Blair) a petición de uno de sus mejores amigos, el Senador Bail Organa (Jimmy Smits). ¿Tiene sentido? ¿Estropea la serie el canon establecido de Star Wars? A la segunda pregunta, contestaríamos que no, más bien al contrario. A la primera, sí. A ratos. El guion de Harold es a veces discutible, con momentos un tanto torpes e inocentes, que si bien intentan replicar el lenguaje de la space opera más clásica y desvergonzada, aquellas de las que bebería Lucas para su Star Wars original, no terminan de funcionar del todo. El sendero que recorre Obi-Wan Kenobi como héroe venido a menos es muy satisfactorio en gran parte, con un personaje que evoluciona tras lo visto en La venganza de los Sith, superando todo el dolor y la tragedia que experimentó en ese aciago final, y llevándolo a la conocida versión que interpretaría más adelante en términos cronológicos el citado Alec Guinness, mucho más tranquila y pacífica.

Flashback Anakin y Obi-Wan

McGregor tiene cogido el pulso al personaje y se nota, siendo el alma de la serie y uno de los grandes impulsores de este proyecto. Sus momentos con la pequeña Leia, su manera de aproximarse a las situaciones más adversas o incluso sus cacareados duelos con Darth Vader, son realmente buenos. A lo largo de seis episodios, su evolución de eremita cerrado a la Fuerza sin capacidad de recuperar su esperanza al maestro Jedi reconciliado con él mismo y con el universo que lo rodea, es más que satisfactoria. De hecho, si recurrimos a algunos de los cómics editados por Marvel a lo largo de estos años -en especial a los que iniciaron Jason Aaron y John Cassaday en 2015, para ser más exactos- comprenderemos hasta qué punto la figura de Obi-Wan Kenobi ha ido tamizándose entre las arenas de Tatooine hasta convertirse en el querido personaje de La guerra de las galaxias original. En ese aspecto, las expectativas han estado más que cumplidas y el desafío al que temía el bueno de McGregor cuando se aventuró en el proyecto, parece haber sido más que superado. ¿Y qué pasa con Darth Vader?

Obi-Wan y Leia

La mano derecha del Emperador Palpatine es la vaca sagrada de Star Wars, la espina dorsal sobre la que giran todas las películas y episodios. Star Wars es, en esencia, la historia del auge, caída y redención de Anakin Skywalker, y su inclusión en cualquier episodio, tebeo o videojuego debe tener un sentido y estar plenamente justificada. Es un personaje que ha calado hondo en el imaginario colectivo, siendo más influyente que muchos de los héroes más habituales y típicos de la saga y estando presente en multitud de productos derivados, que usan su oscura figura como mero reclamo. Cuando se anunció que Hayden Christensen regresaría para el papel, algo que el mismo actor agradeció, se escucharon vítores por todo internet.

Christensen fue ampliamente criticado por su papel de Anakin Skywalker en las precuelas, algo que marcó de forma negativa al actor, que ahora puede vanagloriarse de haberse reconciliado con un fandom que lo ha vuelto a encumbrar como el villano más querido de toda la mitología galáctica. Darth Vader, que ha aparecido en otros productos bajo el binomio corporativo de Lucasfilm y Disney, se ha prodigado en novelas, cómics y alguna que otra película desde 2015, pero nunca había tenido tanta presencia en pantalla como en Obi-Wan Kenobi. ¿Está a la altura de las expectativas depositadas en él? Sí. El Lord Sith, narrativamente hablando, se encuentra en un momento muy particular. Está atormentado, obsesionado por la venganza tras los hechos de Mustafar y se debate en un conflicto interno que está bien tratado que lo consume y corroe y que está exquisitamente presentado en la serie.

La evolución de Obi-Wan Kenobi y la lucha interior de Anakin Skywalker están bien tratadas

Sí es cierto que nos habría gustado ver más de esta dicotomía tan particular que esconde bajo la máscara, pero teniendo en cuenta el clímax final del último episodio, en el que se desnuda, físicamente y figuradamente ante su mentor, nos damos por satisfechos. Es en ese preciso momento, cuando Vader combate de nuevo con su maestro y antiguo hermano y amigo, cuando todo cobra sentido. El mal que le atormenta queda al descubierto, entre estertores y ahogos, cuando su casco se derrumba bajo el tajo del sable láser de Obi-Wan. El frío Darth Vader, por un segundo, vuelve a ser humano. La verdad sale a luz, y Kenobi, de forma magnánima como Jedi, decide pedirle perdón y pasar página.

El otrora Anakin Skywalker, derrotado y humillado de nuevo por su maestro, opta por la decisión contraria: prefiere consumirse en su pura y retorcida maldad. Es quizás el momento más inspirado de toda la serie junto al flashback del quinto episodio, rimando -como diría George Lucas- con los instantes finales de La venganza de los Sith. Si esta era la dualidad que tanto se había remarcado y promocionado desde Lucasfilm desde que se anunció el show de Disney+, la verdad es que es digna de aplaudir. Ambos, Hayden Christensen -que se ha preparado profundamente para el papel- como Ewan McGregor, han estado a la altura de sus respectivos papeles, otorgando nuevos matices a dos personajes que ya tuvieron su momento de brillar en las películas. ¿Se podría haber hecho más énfasis en la lucha que lleva consigo Skywalker? Creemos que sí, y le habría sentado muy bien en líneas generales a toda la serie. ¿Y si se hubiera hecho más énfasis en las dudas y la incertidumbre que porta bajo su capucha Kenobi? También. Pero las expectativas son a veces complicadas de manejar. Y en Star Wars más.

Vivien Lyra Blair

También queremos romper una lanza a favor de Leia y la encarnación que hace de ella Vivien Lyra Blair, una chica que tiene talento a raudales y que logra, por momentos, hacernos recordar a algunas de las frases y actuaciones de Carrie Fisher como figura clave de la Rebelión. La responsabilidad de encarnar a Leia en una etapa tan temprana de su vida era un auténtico regalo envenenado para cualquiera, y ha logrado convencer a propios y extraños con su interpretación. La actriz es protagonista de varias secuencias inspiradoras, como aquella en la que comparte camión con Kenobi y un grupo de stormtroopers en el tercer capítulo o los momentos en los que, gracias a su particular forma de ser, demuestra ser una líder nata e indomable.

Una historia interesante que no está del todo bien contada

Uno de los aciertos de The Mandalorian, quizás por la seguridad que da jugar sin red o sin personajes muy conocidos entre el público más mainstream, fue la de contar una historia sencilla sin demasiados desvaríos o elementos colindantes. Se trataba la historia de un personaje y su protegido, al más puro estilo western, con un incomparable telón de fondo de fantasía futurista. Era una especie de reconciliación con las inspiraciones de Lucas y funcionó extremadamente bien. La segunda temporada ya comenzó a ampliar más sus horizontes, algo lógico dado el universo expandido en el que se encuentra, pero siguió centrándose en unos misterios y elementos narrativos muy sólidos y fáciles de seguir por todos los espectadores. Obi-Wan Kenobi lo intenta replicar, pero no llega a brillar de la misma manera en este ámbito, siendo por momentos algo torpe y devaneando en situaciones o escenarios que podrían haberse tratado y planteado de otra manera. Como miniserie podría haber contado algo más -¡e incluso menos!- y de una forma mucho más notable, aprovechando la contención de su trama. Menos es más, y de haber optado por ser más concisos y contundentes en sus hechos, el resultado habría sido muchísimo mejor.

Obi-Wan Blaster

Gran parte de la serie parece desarrollarse a trompicones, con situaciones rocambolescas que se resuelven la mayoría de las veces de la peor de las maneras posibles. Sí, es una constante en la saga cinematográfica y en algunas de las series de dibujos animados firmadas por Filoni, y los más avezados dirán que es una herencia evidente de esa serialización que George Lucas explotó como concepto germinal para sus películas. En Star Wars hay espacio para el humor, para el deus ex machina e incluso para la resolución imposible e inesperada, pero cuando se abusa del concepto este puede perder cualquier tipo de sentido para el espectador y generar más de un exagerado arqueo de cejas. En el quinto capítulo, lo que podría haber sido un homenaje a esa obra maestra que es La fortaleza escondida de Akira Kurosawa o al rescate de la Princesa Leia en la película original de 1977, acaba siendo motivo de constante mofa por parte del respetable y carne de meme.

Es quizás el error más evidente de la producción capitaneada por Deborah Chow. Hablamos de una historia que sabemos cómo terminará y en la cual partimos conociendo el destino que correrán los personajes, por lo que el guion de Harold llega a hacer aguas en muchos frentes al mismo tiempo. ¿Importa demasiado? Haciendo un balance general y siendo bastante magnánimos, diríamos que no. No obstante, todo termina en última instancia fluyendo como puede, pero el precio y el peaje que se paga a veces es demasiado alto. Los episodios centrales no son lo suficientemente interesantes, y tras un arranque genial -que traslada la visión de una galaxia atemorizada, el auge del Imperio o el papel de los Inquisidores-, Obi-Wan Kenobi parece más preocupada de cumplir con la autoreferencia más evidente, intentando encajar en ese tapiz galáctico gigantesco trazado desde hace unos años por Lucasfilm.

La dirección de Deborah Chow flaquea; hay episodios que necesitan de una mayor autoría y personalidad

Gran Inquisidor Star Wars

Si de verdad se planteó todo como una película larga, lo cierto es que sus tres actos están poco equilibrados. El inicio y el arranque son más que satisfactorios, pero su nudo o parte central es francamente discutible. Harold, que escribió El ejército de los muertos para Zack Snyder y Netflix, parece haber cometido con Star Wars el mismo error que con aquella película. Huelga decir que, al contrario que en The Mandalorian, la dirección de Deborah Chow no parece del todo inspirada, habiéndonos decepcionado especialmente. No es mala directora, más bien al contrario, pero sí se nota que muchas de sus decisiones en términos de realización carecen del impacto o la personalidad necesaria para una historia de esta índole. Hay secuencias que no terminan de cuajar y otras que están firmadas con una enorme calidad y valentía, generando un contraste que es de difícil manejo para el espectador. Si bien podemos decir que la historia o la dirección no termina de convencer en muchos de sus puntos, a veces salvados por sus citadas y evidentes referencias a videojuegos o cómics muy exitosos dentro de la licencia, uno de los aspectos más criticados en redes sociales ha sido el relativo a Reva, la Tercera Hermana, la Inquisidora interpretada por Moses Igram.

Reva Inquisidora Star Wars

Reva sirve al Gran Inquisidor y su banda de Inquisidores, un grupo de élite cuya misión no es otra que colaborar con el Imperio Galáctico de cara a exterminar a los Jedi y a los usuarios de la Fuerza que lograron sobrevivir a la Orden 66. Si bien hemos conocido más de este grupo en los cómics de Darth Vader de Marvel, en la serie animada de Dave Filoni, Star Wars: Rebels y en el videojuego Star Wars Jedi: Fallen Order, es la primera vez que los vemos en acción real. ¿Han logrado estar a la altura? Sí y no. Si bien su presencia, como equipo de élite incomoda y genera cierta tensión en sus cacerías, creemos que Obi-Wan Kenobi ha fallado a la hora de darles la adaptación a cierne y hueso que merecían. Rupert Friend como el Gran Inquisidor hace lo que debe, pero su maquillaje no termina de recordarnos al retorcido líder Pau'ano ni a otras encarnaciones de esta raza en la saga de películas. Esto es extensible a los otros hermanos que aparecen en el show, pero quizás el caso más controvertido ha sido el de Reva.

Los Inquisidores no han estado a la altura en este 'live action'

La actriz, injustamente atacada en redes sociales e insultada con comentarios racistas de todo tipo -Ewan McGregor salió a su defensa-, ha encarnado a una villana a medio gas. Comienza como una fanática del Lado Oscuro obsesionada con Obi-Wan, poseedora de información muy confidencial e importante sobre el mismo, que luego acaba con una suerte de arco de redención francamente discutible en los minutos finales de la serie, algo que vuelve a demostrar y evidenciar el problema de tener una historia mal planteada y ejecutada. La idea de contarnos la evolución de una Padawan superviviente al asalto del Templo Jedi en Coruscant -los flashbacks del quinto episodio están muy bien tirados- movida por su deseo de venganza contra Darth Vader, tiene una base interesante. Sirve como una suerte de gozne entre Kenobi y Anakin, y al mismo tiempo, como elemento para otorgarle profundidad a su perfil. Pero siempre sobre el papel, claro.

Ben Kenobi

Moses Ingram hace lo que puede con el personaje, que nos recuerda a Trilla Suduri de Star Wars Jedi: Fallen Orden, pero lo cierto es que no le luce tanto ni genera la misma inquietud que aquella, una antagonista mejor perfilada. Hasta bien entrada y desarrollada la serie, casi a las puertas de su épico final, no se logran comprender sus acciones, que parecen dictaminadas por razones azarosas y poco claras. Si el guion hubiese intentado tratarla como una figura con aspiraciones dentro de la Inquisición que espera pacientemente su momento de cara a asestarle el golpe de gracia a su presa mayor, el mismísimo Lord Sith al que sirve, habría estado bien. Pero se nos arroja a creer una y otra vez que se trata de una suerte de rival para Kenobi, un perro de caza que intenta abatir al Jedi para contentar a su amo. Es un arco y un personaje un poco pobre, que no goza de momentos icónicos más allá de su duelo con Vader en el quinto capítulo. Es una lástima, pero muchos espectadores han focalizado en ella los evidentes defectos de la serie, generando una situación harto injusta e incómoda para la actriz. Sí, un poco como le sucedió a Hayden Christensen en su día. Y eso nos lleva a otra cuestión.

¿Se verá con otros ojos Obi-Wan Kenobi en el futuro?

Con Star Wars pasa algo curioso. Casi todos los productos de la saga, ya sean películas, series, novelas, cómics o videojuegos, cuando se estrenan, son criticados hasta la extenuación. Hay excepciones, claro, pero el caso más recordado y sonado fue el de las precuelas dirigidas por George Lucas. El público esperaba ansioso disfrutar de nuevo del universo galáctico que los conquistó en su día con la trilogía original y se encontró con una historia diferente que recibió una gran oposición de parte del fandom. ¿Por qué había tanta política y tramas alejadas del espíritu aventurero de las cintas germinales? ¿Por qué contar la historia de Anakin Skywalker y no continuar con lo visto en El retorno del Jedi? ¿A qué venían esos diálogos tan horribles sacados de una telenovela? ¿Midiclorianos?

Muchas cosas tenían su explicación y su sentido en base a las directrices de Lucas, el contexto de la saga o la manera en la que el propio Hacedor concibió su universo galáctico, con unas reglas y planteamientos muy férreos, y un plan general trazado hace décadas, pero otras adolecen a cuestiones de perspectivas, expectativas y conocimientos previos. En cualquier caso, las precuelas fueron duramente criticadas y vilipendiadas por parte del respetable y únicamente fueron queridas por la generación que creció con ellas. Fueron las ovejas negras de la saga hasta que llegaron las secuelas de Disney, momento en el que muchos cambiaron su foco de atención a las aventuras de Rey, Finn y Poe. Una vez estrenadas, las películas que fueron destrozadas en su día, comenzaron a ser reivindicadas por toda una generación de espectadores. Es por eso que el factor generacional de Star Wars es importante y una constante en los éxitos y fracasos de esta licencia a lo largo de las décadas, y no debe ser obviado a la ligera.

Kenobi Arte Star Wars

Obi-Wan Kenobi ha sido criticada duramente en redes sociales por seguidores de Star Wars o espectadores ocasionales, pero también ha sido defendida y disfrutada por millones de espectadores en todo el mundo. Ni es una serie perfecta ni un colosal excremento de bantha. Es un producto concebido para ampliar el universo de una saga que no deja de crecer y girar alrededor de unas figuras totémicas que conquistaron a millones de espectadores hace décadas y que muchos consideran -lógicamente- como suyas. Tiene momentos realmente buenos, secuencias notables e ideas muy bien ejecutadas, así como otras aspectos discutibles, irrisorios o poco lógicos para una producción de este calibre. Es cuestión de dejarse llevar, disfrutar y apreciar qué es lo que tenemos y no obsesionarse con lo que podría haber sido. No se trata de adoptar una actitud conformista -el fan de la saga en el pasado ha ayudado con sus críticas y otras tantas incluso empeorado la situación-, más bien es una cuestión de manejar las expectativas de una manera un poco más lógica o sana, disfrutando del momento. Un poco como el Maestro Qui-Gon comentaba a un joven Anakin Skywalker cuando intentaba explicarle el funcionamiento de la Fuerza y los midiclorianos: "cuando sepas acallar tu mente, oirás cómo te hablan".

Es una serie entretenida, con momentos buenos y malos; no es un desastre absoluto como muchos quieren hacer ver

Los caminos de Star Wars a veces son un poco abruptos y cuesta situarse. Vivimos una época única dentro de la saga, con productos audiovisuales de gran presupuesto que antes habrían sido pasto de historias para los cómics, novelas o juegos de mesa. El futuro que nos ha prometido Lucasfilm es esperanzador, con nuevas series y películas, así como con puentes tendidos a los seguidores más fieles y clásicos. En momentos de incertidumbre, no sabemos a qué podemos atenernos el día de mañana, pero sí podemos estar seguros de que habrá mucho que elegir y disfrutar. Obi-Wan Kenobi es una buena serie de Star Wars, y quizás sea vista con otros ojos con el paso del tiempo, reclamando el lugar que estaba destinado a ocupar. O puede que, en el mejor de los casos, se quede simplemente como un producto menor que entretuvo y nos ofreció algo más de dos personajes tan amados y conocidos como los presentes. Quién sabe. Lo que sí sabemos es que, en una historia que no deja de crecer, y que a buen seguro nos sucederá a todos, nunca se puede saber a ciencia cierta qué puede ocurrir.

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