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La NASA se ve obligada a retrasar Artemis II durante una cuenta atrás y encarece la carrera lunar de EE.UU.

Artemis II, en el fondo, no compite con otra agencia: compite con la física del hidrógeno y con el listón de seguridad que exige llevar humanos fuera de la órbita.
La NASA se ve obligada a retrasar Artemis II durante una cuenta atrás y encarece la carrera lunar de EE.UU.
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Actualizado: 17:01 21/2/2026
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La NASA llega a la recta previa de Artemis II con una piedra en el zapato que ya conoce demasiado bien: el hidrógeno líquido. En el primer wet dress rehearsal (el ensayo general de carga de propelentes sin despegar) en el Centro Espacial Kennedy, la agencia tuvo que parar el flujo de hidrógeno hacia la etapa central del Space Launch System después de que las mediciones de concentración en la zona del umbilical superaran el límite permitido.

El hidrógeno es el combustible más “escurridizo” que existe en este juego: su molécula es diminuta, se cuela por donde otros gases ni se asoman y, en cuanto se mezcla con aire dentro de un rango determinado, la combinación puede volverse peligrosa. Por eso Artemis II no se retrasa por capricho: si el cohete no puede cargarse de manera estable y repetible, no hay cuenta atrás que valga. La propia NASA ha ido publicando cómo el test se cortó para hacer troubleshooting con procedimientos ya desarrollados tras experiencias anteriores.

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El hidrógeno pone a prueba la cuenta atrás

Lo que añade tensión es el calendario. Reuters informó de que la misión se deslizó a marzo de 2026 tras problemas detectados durante ese ensayo, incluyendo fugas en conexiones críticas; y, además, las ventanas para lanzar Artemis II son estrechas: por mecánica orbital, energía disponible, límites térmicos y la propia coreografía de la trayectoria, no hay una “semana entera” para escoger día: hay huecos concretos.

En paralelo, hay un elemento político-industrial que se nota en el tono: el administrador Jared Isaacman ha insistido públicamente en que estos problemas de carga deben resolverse antes de Artemis III, y medios especializados han contado que la fuga en el primer WDR llegó a forzar el final del ensayo cuando el sistema entraba en fases de mayor caudal y presión, justo cuando los sellos se ponen a prueba de verdad.

Ventanas de lanzamiento y presión institucional

Mientras tanto, Artemis II no es “una vuelta bonita a la Luna”: es el primer vuelo tripulado del SLS y de Orion, casi 10 días de misión para llevar a cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— alrededor del satélite y de vuelta, probando sistemas en espacio profundo con gente dentro. Si el ensayo de repostaje falla, no solo se mueve una fecha: se mueve la confianza en el cohete y en la infraestructura de tierra que lo alimenta.

Así que la “carrera contra el tiempo” es más literal de lo que suena: la NASA necesita completar ensayos, revisar límites, cerrar el rompecabezas de umbilicales y validarlo con datos, pero sin saltarse el principio que manda por encima de todo: que el cohete solo despega cuando el sistema de combustible está bajo control.

Raquel Díaz Herreros
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