En la industria es casi una ley no escrita: cuando una superproducción concebida como piedra angular de una saga tropieza, el universo que prometía levantar se desvanece sin remedio. Lo llamativo es que ese no fue exactamente el caso de El agente invisible.
El thriller de espías de Anthony Russo y Joe Russo, los todopoderosos productores y padres de Avengers: Endgame, con Ryan Gosling al frente del reparto, no nació como un simple fracaso. Fue un proyecto mastodóntico, diseñado por Netflix para competir en la liga de las grandes sagas de acción contemporáneas. No consiguió las cifras adecuadas de visualización, pero sus creadores siempre mantuvieron la esperanza. La realidad era bien distinta.
Confirmado: Netflix frena en seco la saga de El agente invisible tras invertir 200 millones y deja en el aire cualquier regreso
La película adaptaba la primera novela de la serie literaria de Mark Greaney, protagonizada por el agente Court Gentry, un operativo convertido en objetivo mundial. Con un presupuesto estimado en 200 millones de dólares, se convirtió en la producción más cara de Netflix en ese momento. El objetivo era crear una saga doméstica en el streaming comparable a Bourne o incluso al 007 moderno. En cuanto a audiencia, Netflix logró cifras más que decentes de visualización, colocando la película entre las más vistas de su catálogo y manteniéndola en el Top 10 histórico del servicio. Pero esperaban más. Mucho más.
Pero su impacto en los espectadores fue terrible. La recepción de la crítica fue más tibia de lo deseado. En Rotten Tomatoes, la película obtuvo una aprobación del 40% por parte de la crítica profesional, dejando claro eso de que las producciones de alto octanaje que ofrecen entretenimiento inmediato, pero que no siempre dejan una huella cultural duradera.
Netflix y los hermanos Russo no ocultaron sus ambiciones. Se habló abiertamente de una secuela con Ryan Gosling retomando su papel como Gentry y de un spin-off ambientado en el mismo universo, centrado en el personaje interpretado por Dhanush. La intención era clara, construir un ecosistema de acción global bajo el paraguas de Netflix, algo que también se ha intentado con Tyler Rake y en Prime Video con Citadel, proyectos similares, casi intercambiables, que no terminan de encajar del todo.
Durante la promoción de nuevos proyectos de su compañía AGBO, Anthony Russo admitió recientemente que no hay avances concretos en la expansión de la saga. En la práctica, la saga está en pausa. El contexto creativo de los hermanos tampoco ayuda: tras el enorme batacazo de Estado eléctrico, también dirigida por los Russo para Netflix, y con su regreso al Universo Cinematográfico de Marvel, que les está absorbiendo tiempo y recursos, la plataforma parece poco dispuesta a invertir otra millonada sin garantías creativas más sólidas.
El agente invisible se ha convertido en un caso paradigmático del streaming contemporáneo: cifras colosales, ruido inicial y un futuro que, pese a no estar oficialmente cancelado, se diluye en el limbo de los algoritmos.















