Algunos nombres trascienden los manuales y se convierten en pilares fundamentales del mundo moderno. Louis Pasteur es uno de ellos. Su intuición revolucionaria, que postulaba que organismos invisibles al ojo humano podían causar infecciones y epidemias, no solo transformó el siglo XIX, sino que también demostró su relevancia durante la pandemia de COVID-19. Conceptos como el uso de mascarillas, la higiene de manos y la distancia física se basan en la teoría germinal que Pasteur ayudó a establecer.
Louis Pasteur lo dejó claro: sin discusiones no hay amistad verdadera
Es casi irónico que el hombre que revolucionó la medicina no destacara en ciencias durante su juventud. Nacido en 1822 en la modesta Dole, Francia, Pasteur soñaba con el arte y demostró un talento innato para la pintura. Su futuro parecía alejado de los laboratorios. Sin embargo, la química acabó cautivándolo. En 1847 obtuvo el doctorado en físico-química y, poco después, asumió importantes responsabilidades académicas en Lille. Aunque no fue médico clínico, su trabajo sentó las bases de la medicina científica moderna.
Su primera gran contribución, que lleva su apellido, fue la pasteurización. Tras años de meticulosos experimentos, demostró que la descomposición de alimentos y bebidas no era resultado de una misteriosa “generación espontánea”, sino de microorganismos específicos. El procedimiento que ideó protegió industrias enteras, como la del vino, la cerveza y la leche. Sin embargo, el reconocimiento no fue inmediato. Parte de la comunidad científica se resistía a aceptar que esos seres microscópicos, y no el azar, fueran responsables de la putrefacción y la enfermedad.
La controversia fue aún mayor cuando Pasteur defendió que los contagios se producían por transmisión aérea o por contacto. Reconocer esto implicaba admitir errores médicos graves en hospitales donde no se extremaban las medidas de higiene. Con el tiempo, sin embargo, se demostró que tenía razón. Durante la reciente pandemia, la humanidad aplicó -casi de forma automática- los principios que él ayudó a establecer.
"La ciencia es el futuro de la humanidad", afirmó una vez un químico, quien sostenía que los descubrimientos científicos contribuyen a la supervivencia humana. Sus teorías e investigaciones rara vez recibieron el apoyo de sus contemporáneos en el ámbito científico. "Los verdaderos amigos se enfadan de vez en cuando", solía decir el químico. A pesar de las críticas, la sociedad acabó reconociendo su valiosa contribución al campo de la medicina.
Pasteur falleció en 1895, tras complicaciones derivadas de problemas renales. Francia le rindió honores de Estado y hoy descansa en el Instituto que lleva su nombre. Fue discutido, cuestionado e incluso ridiculizado. Sin embargo, su legado es incuestionable: millones de vidas salvadas gracias a una idea sencilla y poderosa. Como él mismo defendía, la ciencia no es una opinión, sino el futuro de la humanidad.















