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El 82% de la generación Z y los millennials rechaza la IA mientras entusiasma a los boomers: la clave está en el mercado laboral

La cuestión ya no es si la IA será útil, sino quién controla su ritmo, quién se beneficia de ella y quién pagará el coste de una transformación.
El 82% de la generación Z y los millennials rechaza la IA mientras entusiasma a los boomers: la clave está en el mercado laboral
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Actualizado: 7:40 21/5/2026
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El entusiasmo inicial por la inteligencia artificial empieza a encontrarse con una reacción mucho más incómoda en Estados Unidos. La tecnología que hace apenas unos años se presentaba como el gran motor de productividad, creatividad y eficiencia ya no despierta solo curiosidad: también provoca rechazo, cansancio y miedo, especialmente entre los jóvenes que están entrando en el mercado laboral. Según Semafor, alrededor del 70% de los estadounidenses cree que la IA avanza demasiado rápido, más de la mitad mantiene una visión negativa de ella y solo un 18% de los jóvenes dice sentirse esperanzado ante su impacto.

El dato encaja con una tendencia más amplia. Una encuesta de The Economist/YouGov, realizada entre el 9 y el 11 de mayo de 2026, elevaba al 71% el porcentaje de estadounidenses que considera que el desarrollo de la IA va demasiado deprisa. Apenas un 2% pensaba que avanza demasiado despacio. Incluso entre los menores de 30 años, el grupo que suele asociarse con una adopción tecnológica más rápida, casi dos tercios respondían que el ritmo es excesivo.

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Los jóvenes usan la IA, pero cada vez la miran con más miedo

La paradoja es que los jóvenes no están rechazando la IA porque no la usen, sino porque la conocen de cerca. Herramientas como ChatGPT, Claude, Gemini o los nuevos agentes automáticos ya forman parte de la universidad, los trabajos creativos y los primeros empleos de oficina. El problema aparece cuando esa familiaridad se mezcla con la sensación de que cada nueva actualización reduce el valor de lo que están estudiando o aprendiendo a hacer. Semafor recoge el caso de una estudiante de posgrado de la Universidad de California en Davis que ha solicitado 500 empleos y se pregunta qué sentido tiene prepararse en un mercado donde “cada dos días” aparece un nuevo agente de IA.

La ansiedad laboral es el gran motor de este cambio de percepción. El informe AI Index 2026 de Stanford recoge que casi dos tercios de los estadounidenses, un 64%, esperan que la IA provoque menos empleos en los próximos 20 años, mientras que solo un 5% cree que creará más puestos de trabajo. Esa distancia ayuda a explicar por qué la conversación pública ha pasado de la fascinación por los chatbots a una pregunta mucho más concreta: quién podrá trabajar, con qué salario y en qué condiciones cuando las empresas automaticen tareas que antes hacían personas.

El miedo al empleo rompe el relato optimista

Entre la generación Z, el desencanto parece avanzar incluso mientras crece el uso. Un informe de Gallup citado por Axios señalaba en abril que cada vez más jóvenes estadounidenses utilizan IA, pero también que están más inquietos ante sus efectos. La caída del entusiasmo es visible: los datos de Walton Family Foundation, GSV Ventures y Gallup muestran que la proporción de jóvenes de 14 a 29 años que se declara entusiasmada por la IA bajó del 36% al 22% en un año, mientras la esperanza cayó al 18% y la ira subió al 31%.

La desconfianza tampoco se limita a la economía. Muchos jóvenes dudan de que la IA ayude realmente a pensar mejor, encontrar información fiable o desarrollar ideas propias. Ese punto es importante porque toca directamente el terreno educativo: si una herramienta sirve para producir textos, resumir trabajos o resolver problemas, pero al mismo tiempo genera errores, dependencia o pérdida de criterio, su promesa se vuelve ambigua. Las encuestas de Gallup sobre generación Z ya apuntaban que el uso de IA convive con ansiedad, necesidad de reglas claras y dudas sobre su impacto en el aprendizaje.

Una fractura entre Silicon Valley y la vida real

El rechazo creciente a la IA no significa que Estados Unidos esté a punto de abandonar la tecnología. Más bien señala una fractura entre el discurso de Silicon Valley y la experiencia cotidiana de quienes van a vivir sus consecuencias. Las grandes empresas venden eficiencia, automatización y nuevos modelos de negocio; muchos jóvenes ven entrevistas laborales imposibles, prácticas peor pagadas, carreras que cambian antes de terminarse y una presión constante para adaptarse. La IA sigue avanzando, pero el relato triunfalista ya no avanza solo.

Por eso el dato del 18% de jóvenes optimistas resulta tan revelador. No habla únicamente de miedo a una herramienta nueva, sino de una generación que percibe la inteligencia artificial como una fuerza que se despliega sobre sus estudios, su trabajo y su futuro sin haberles pedido permiso.

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