Hay una nueva forma de decir que alguien tiene carisma. Ya no basta con asegurar que una persona “sabe estar”, tiene presencia o desprende algo especial cuando entra en una habitación. En TikTok, Instagram y otras redes sociales probablemente tenga “aura”. Y si, además, hace determinadas cosas de manera deliberada para reforzar esa imagen, entonces está “farmeando aura”.
El término, procedente del inglés aura farming, se ha convertido en una de las expresiones más curiosas de la cultura digital. Cambridge lo define como la actividad de hacer cosas con la intención de proyectar una personalidad que los demás consideren atractiva, interesante o admirable. La clave está en que esa imagen parezca natural, aunque detrás pueda existir una estrategia perfectamente calculada.
¿Tienes aura o la estás farmeando? La nueva obsesión viral que arrasa entre los jóvenes
La expresión mezcla dos conceptos procedentes de mundos diferentes. “Aura” se utiliza en el lenguaje de internet para hablar de la presencia, el carisma o esa capacidad de una persona para llamar la atención sin necesidad de hacer demasiado. “Farming”, por su parte, procede del vocabulario de los videojuegos: farmear significa repetir determinadas acciones para conseguir recursos, experiencia o recompensas. Juntos forman una idea tan sencilla como divertida: hacer cosas para acumular puntos de carisma.
El sistema, evidentemente, no existe. Nadie lleva una calculadora capaz de determinar cuánto aura gana alguien por entrar en una habitación con gafas de sol o cuánto pierde después de tropezar delante de todo el mundo. Es absurdo. Lo que sí sabemos es que las redes han convertido esa broma en una especie de marcador imaginario. En una especie de gamificación absoluta. Una acción espectacular puede proporcionar “+1000 aura”; una situación especialmente vergonzosa puede provocar una pérdida inmediata y convertirte en un looser. Y ahí está buena parte de la gracia.
El fenómeno resulta especialmente interesante porque juega con una contradicción, ya que el aura funciona mejor cuando parece involuntaria. Si alguien intenta demostrar desesperadamente que es interesante, buscando la complicidad o el aplauso fácil, el efecto desaparece. El límite entre tener aura y estar haciendo demasiado esfuerzo por conseguirla es precisamente lo que convierte el concepto en un meme y lo que ha hecho este fenómeno tan fascinante.
Una persona que realiza una maniobra complicada sin cambiar la expresión, que camina con una seguridad casi cinematográfica o que permanece completamente tranquila mientras todo a su alrededor es un caos puede convertirse en un ejemplo perfecto de aura farming. Las redes sociales han encontrado así una nueva manera de transformar comportamientos cotidianos en espectáculo, en absolutos memes, y no importa solamente lo que ocurre, sino cómo queda registrado, editado y presentado ante una audiencia.
El fenómeno empezó a circular en redes durante 2024 y encontró un enorme impulso en 2025 gracias a Rayyan Arkan Dikha, un joven indonesio que se hizo viral bailando con absoluta tranquilidad en la proa de una embarcación durante una competición tradicional. Su actitud, especialmente contrastada con la intensidad de quienes remaban detrás de él, terminó convirtiéndolo en uno de los grandes símbolos del concepto.
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Desde entonces, el vocabulario se ha ampliado. Se puede tener aura, perder aura, ganar puntos de aura, ser un “aura farmer” o protagonizar un auténtico “aura moment”. La expresión incluso ha llegado a diccionarios y materiales de enseñanza de inglés, una señal de hasta qué punto ha trascendido el meme original.
Durante años, las redes han permitido que millones de personas desarrollen una estética, una forma de hablar, unos códigos visuales y una determinada personalidad pública. El problema es que ahora no basta con tener una identidad digital, algo que parecía la tónica hasta hace bien poco. También hay que saber representarla y administrarla. El aura farming, en el fondo, lleva esa lógica un paso más allá. No exige pertenecer a una tribu concreta ni seguir una estética determinada, como en otros fenómenos virales. Lo importante es transmitir una sensación: parecer seguro, misterioso, elegante, poderoso o simplemente demasiado cool para preocuparse por lo que está ocurriendo.
Por eso funciona tan bien como lenguaje colectivo de las redes sociales. Todos entienden inmediatamente qué significa que alguien “pierda aura” después de realizar una acción ridícula. También entienden por qué una persona puede ganar aura simplemente permaneciendo en silencio en el momento adecuado. En cierto modo, internet ha convertido el carisma en un videojuego imaginario. Y como en cualquier videojuego, sobre todo en aquellos que exigen cierta competición, siempre hay alguien dispuesto a farmear.
Y quizá ahí se encuentre la verdadera ironía del fenómeno. En una época en la que todo puede convertirse en contenido, hasta la espontaneidad puede ensayarse. Una mirada, una pose, una caminata o un gesto pueden formar parte de una actuación diseñada para parecer completamente natural. Internet ha encontrado una palabra para describirlo: aura farming. Y, al ritmo al que evolucionan las redes, probablemente dentro de unos meses exista otra forma de decir exactamente lo mismo.















