Los vehículos eléctricos de batería ya se han convertido en una pieza fundamental de la transición del automóvil, pero Toyota continúa defendiendo una estrategia más diversificada. La compañía japonesa mantiene su apuesta por el hidrógeno como una alternativa para determinados usos del transporte y está reforzando en Europa su infraestructura y tecnología de pilas de combustible, especialmente para vehículos comerciales, camiones y aplicaciones que requieren largas jornadas de trabajo.
No se trata, por tanto, de sustituir de golpe al coche eléctrico convencional, sino de buscar otro camino para aquellos segmentos en los que las baterías pueden resultar menos prácticas.
El interés europeo por el hidrógeno renovable también está creciendo, aunque conviene matizar algunos datos. La normativa comunitaria establece que en 2030 al menos el 42 % del hidrógeno utilizado por la industria deberá proceder de combustibles renovables de origen no biológico, porcentaje que aumentará hasta el 60 % en 2035. Es decir, no se trata de que casi la mitad de todo el hidrógeno consumido en Europa tenga que ser necesariamente «verde» en cualquier circunstancia, sino de un objetivo regulatorio concreto para determinados usos industriales.
Con este escenario, Toyota lleva varios años preparando su propia infraestructura europea. En diciembre de 2023 anunció la creación de Hydrogen Factory Europe, una división destinada a coordinar el desarrollo, la producción, comercialización y posventa de sus tecnologías de hidrógeno en el continente. La compañía pretende además alcanzar la neutralidad de carbono de sus operaciones europeas en 2040.
Toyota ya ha dado un paso más con su tercera generación de pilas de combustible, presentada en 2025. El nuevo sistema mejora la eficiencia alrededor de un 20 %, permite aumentar la autonomía en una proporción similar y duplica la durabilidad respecto a la generación anterior. Su comercialización está prevista para distintos mercados, entre ellos Europa, y Toyota pretende utilizarlo tanto en turismos como en vehículos comerciales pesados.
La estrategia no se limita a los coches. La compañía ya trabaja con fabricantes europeos como Hyliko y VDL Groep para introducir camiones propulsados por hidrógeno y emplearlos también en sus propias operaciones logísticas. Además, en 2026 Toyota ha reforzado su colaboración con Volvo Group y Daimler Truck en la empresa de pilas de combustible cellcentric, con el objetivo de aumentar la escala y competitividad de esta tecnología para el transporte pesado.
Todo ello demuestra que el hidrógeno sigue formando parte de la estrategia energética de Toyota, aunque no está desplazando al coche eléctrico de batería y todavía afronta importantes obstáculos, especialmente el coste y la escasez de infraestructura de repostaje. La propia Unión Europea está intentando resolver este problema mediante inversiones en estaciones de hidrógeno. En 2024 destinó más de 424 millones de euros a 42 proyectos de movilidad de cero emisiones, dentro de un programa que ya había respaldado 202 estaciones de repostaje de hidrógeno. Además, la Comisión puso a disposición 1.000 millones de euros para nuevas infraestructuras de combustibles alternativos.
Por eso, más que una carrera en la que Toyota vaya a sustituir inmediatamente al vehículo eléctrico, estamos ante una apuesta tecnológica a largo plazo. La compañía parece especialmente interesada en que el hidrógeno encuentre su hueco allí donde autonomía, tiempos de repostaje y peso de las baterías pueden convertirse en factores determinantes, sobre todo en camiones y transporte profesional.
