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Europa tala millones de árboles e inunda campos agrícolas para recuperar humedales de 14.000 años y frenar las emisiones de CO2

Bélgica impulsa una revolución ecológica en Europa al recuperar antiguas turberas: inunda campos, tala árboles y restaura humedales milenarios capaces de almacenar CO₂ y devolver la biodiversidad.
Europa tala millones de árboles e inunda campos agrícolas para recuperar humedales de 14.000 años y frenar las emisiones de CO2
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Actualizado: 6:30 17/8/2026
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Europa está revirtiendo una de las grandes transformaciones que durante siglos modificaron su paisaje. Allí donde generaciones de agricultores drenaron terrenos para convertir zonas húmedas en superficies aprovechables, ahora se está haciendo exactamente lo contrario: el agua vuelve a ocupar esos espacios. En Bélgica, varios proyectos de restauración ecológica están eliminando parte de las modificaciones realizadas por el ser humano para recuperar antiguas turberas y detener una fuente de emisiones de carbono que permanece prácticamente invisible.

La decisión no está exenta de polémica. Recuperar estos ecosistemas puede significar renunciar a terrenos agrícolas e incluso eliminar árboles que hoy forman parte del paisaje.

Europa cambia de estrategia: recupera campos inundados y elimina árboles para salvar humedales milenarios

En el valle de Black Creek, la maquinaria ya está trabajando para modificar de nuevo el terreno. Se están cerrando zanjas, bloqueando sistemas de drenaje y permitiendo que el agua recupere zonas que durante décadas permanecieron artificialmente secas. El objetivo va mucho más allá de recuperar un paisaje perdido, ya que se trata de impedir que el carbono almacenado durante miles de años termine en la atmósfera.

Bajo estas tierras agrícolas existen antiguas turberas, ecosistemas especialmente importantes para el almacenamiento de carbono. Mientras permanecen saturadas de agua, la materia orgánica puede conservarse durante miles de años. El problema aparece cuando el terreno se drena.

Durante buena parte del último siglo, Europa siguió precisamente ese camino. Los humedales fueron considerados terrenos poco útiles y se drenaron para ampliar las superficies destinadas a la agricultura, la ganadería o la construcción. Se calcula que alrededor del 80 % de los humedales europeos han desaparecido. La consecuencia fue mucho más grave que la pérdida de determinados hábitats. Al quedar expuesta al oxígeno, la turba comienza a descomponerse y libera a la atmósfera el carbono que había permanecido atrapado durante generaciones.

Una de las decisiones más llamativas del proyecto belga es la tala de árboles. Puede parecer contradictorio cuando la reforestación suele presentarse como una de las herramientas contra el cambio climático, pero en este caso existe una razón ecológica. Algunas de esas especies no pertenecen al ecosistema original de la turbera y consumen grandes cantidades de agua a través de sus raíces, contribuyendo a mantener el terreno más seco.

Para recuperar el humedal es necesario, por tanto, elevar el nivel freático y eliminar aquello que dificulta que el agua permanezca en el suelo

La importancia de estas zonas explica el esfuerzo. Las turberas cubren aproximadamente el 3 % de la superficie terrestre, pero almacenan enormes cantidades de carbono, incluso más que todos los bosques del planeta en conjunto. En Black Creek, además, algunas capas de turba tienen una antigüedad de hasta 14.000 años.

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La recuperación tampoco consiste simplemente en inundar el terreno y marcharse. El nivel del agua debe controlarse durante años, mientras se vigila la vegetación y se favorece el regreso de las especies propias de estos ecosistemas. Y los primeros resultados ya empiezan a aparecer. La biodiversidad responde con rapidez: regresan especies asociadas a los humedales, los castores contribuyen a modificar el sistema mediante sus presas y determinadas aves vuelven a utilizar la zona para reproducirse.

El caso de Bélgica plantea así una paradoja incómoda: para recuperar uno de los grandes aliados naturales contra el cambio climático, Europa está teniendo que deshacer parte de lo que hizo durante generaciones. Y eso, en algunos lugares, significa inundar campos, renunciar a tierras agrícolas y hasta talar árboles.

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