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Crítica de 'El agente invisible' - ¿Vale la pena la película más cara de Netflix?

Los hermanos Russo se alejan de Marvel Studios y dirigen esta nueva película de acción con Ryan Gosling, Chris Evans y Ana de Armas. Estreno el 15 de julio en cines y el 22 en Netflix. ¿Es buena?
Crítica de 'El agente invisible' - ¿Vale la pena la película más cara de Netflix?
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Darle presupuesto a los hermanos Russo es lo mejor que podría haber hecho Netflix. Los cineastas que hicieron que Marvel Studios se posicionara con dos largometrajes más taquilleros de la historia, con Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame (siendo esta última la más popular compitiendo de cerca con la Avatar de James Cameron), tienen por fin vía libre para poder adaptar El agente invisible a la gran y pequeña pantalla, puesto que el largometraje tendrá un recorrido breve por salas de cine para que los espectadores que lo deseen puedan gozar de la espectacularidad de la obra en pantalla grande. La ocasión lo merece, os aseguramos.

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Con esto vamos a ser bastante sinceros: El agente invisible no tiene demasiado misterio. Posee un argumento más bien plano, que se ha podido ver en más productos y que tampoco pretende revolucionar el género de acción o espionaje. Ahora bien, el modo en el que se cuenta gracias a unas escenas que hacen vibrar los asientos son lo que de verdad hace que la narrativa se haga llevadera hasta el punto de que si parpadeas, te lo pierdes. El largometraje protagonizada por Ryan Gosling, Chris Evans y Ana de Armas (de los que luego hablaremos con detalle) es una sucesión de dosis de adrenalina que no da ni un respiro. Ya lo comentaba el mismo Regé-Jean Page: "No hay límite para el alcance de esta película. Es una aventura de viaje global, pero con espías, explosiones, armas, caídas de aviones, no hay nada que no esté en esta película", y razón no le faltaba para nada, porque El agente invisible posee todos y cada uno de los ingredientes necesarios para igualar, y eso ya es mucho, a cualquier película Fast and Furious o incluso algunas de las James Bond de Daniel Craig.

Los Russo parecen ser conscientes de que aquí no pueden atacar con un libreto novedoso o que sorprenda al espectador más experimentado, pero sí pueden ofrecer un conglomerado de tiroteos, explosiones y combates cuerpo a cuerpo que hasta hagan temblar a fragmentos de John Wick. Sea de día o de noche, en el aire o en el suelo, a pie o en un vehículo, los Russo realizan un conjunto de travellings que ayudan a que el espectador se meta más en ese ambiente de pólvora y sangre. Incluso da la sensación que se quiere implementar parte del lenguaje del videojuego, como si después de una cinemática se quisiera poner la cámara tras al personaje protagonista en cuestión para empezar ese nuevo nivel y afrontar lo que viene. Pocos cineastas del mainstream tienen esa imaginación para jugar así con los movimientos de cámara aprovechando de paso el fuera de campo mientras la totalidad de la escena va moviéndose, sin que tengamos como punto fijo a un personaje desde el inicio y tirando de lleno al público a esa jungla de cristal.

El agente invisible

El agente invisible no se complica, se centra en ofrecer una fotografía impoluta y un entretenimiento puro.

En ese sentido, el factor historia es algo cada vez está menguando más en las grandes superproducciones. Marvel es quizá el ejemplo reciente más evidente con productos como Doctor Strange en el Multiverso de la Locura y Thor: Love and Thunder. Dos películas que a pesar de tener unas raíces inmensas y un futuro con mil posibilidades, prefieren quedarse como un simple capítulo más dentro de la maquinaria de la Casa de las Ideas, ofreciendo historietas que en parte dejan mucho que desear. Más si lo comparamos con la fase 3, por ejemplo (sin ser aquello tampoco una fábrica de cohetes). El libreto no juega al engaño en ningún momento ni pretende dar giros finales donde las traiciones salen a la luz por un puñado de dólares. Los Russo son muy honestos con su material y solo buscan generar golpe de efecto con fragmentos que ponen la adrenalina por las nubes, a pesar de que a veces rasca un poco ese montaje estilo Michael Bay donde hay demasiadas explosiones de por medio.

El agente invisible no puede contar con un factor nostalgia como si lo hace Top Gun: Maverick. Tom Cruise baña la epicidad de su largometraje con brochazos de nostalgia a diestro y siniestro. Si se combina esa emoción por lo clásico, por los personajes que triunfaron en los ochenta en el corazón de muchos jóvenes, con unas filmaciones aéreas que son de lo más real e inmersivo que se puede ver en pantalla grande a día de hoy, el éxito está garantizado. Los Russo juegan más crudo, sin sensiblerías ni nada por el estilo. Aquí se viene a ver cómo un elenco de personajes altamente capacitados para matar se dan hasta en el carnet de identidad. Y lo mejor es que funciona sin problema y hasta dan ganas de conocer más a algunos personajes, sobre todo al de Chris Evans, quien puede ser mucho más que el Capitán América.

El agente invisible

Los artistas se entregan a sus personajes y las coreografías.

Gosling, Evans y Ana de Armas juegan unos papeles con poco que rascar

El factor más destacable junto a la espectacularidad sin límites que ofrece El agente invisible es claramente su reparto. Hacía mucho tiempo que no veíamos tan bien a Ryan Gosling, el futuro Ken en Barbie que ha pasado por todo tipo de producciones y que tan pronto se marca un musical memorable con La La Land, como se convierte en un conductor especialista de la mano de Nicolas Winding Refn. A las ordenes de los hermanos Russo, borda el papel de Sierra Seis como un hombre que se siente como un paria, con grandes habilidades para matar y obligado a tener que andar con mil ojos porque cualquiera podría resultar una amenaza. Sin diálogos demasiado extensos ni tampoco complejos, Gosling consigue darle la profundidad justa y necesaria a su personaje para que llegue a conectar con el espectador con una subtrama personal que sacar a relucir ese tono dramático que en el que el artista siempre se ha sentido más cómodo. Sin faltar por supuesto a sus escenas de acción, en las que en múltiples ocasiones se codea con Ana de Armas.

Las escenas de combate cuerpo a cuerpo y de acción son tan épicas como está. Con esos diálogos vacilones de por medio.

La actriz ha reforzado más aquí la posibilidad de verla en un spin-off de James Bond retomando su papel de Paloma, porque poco tiene que envidiar a artistas más especializados en género de acción. Por suerte, podremos ahondar más en ese Ballerina, el primer spin-off de John Wick. Lo da todo en secuencias de tensión y se une a las coreografías caóticas que los Russo coordinan para ofrecer combates que deberían formar parte de alguna entrega de Ip Man. Todo sin perder una pizca de esa elegancia que derrochará en Blonde.

Y Chris Evans está irreconocible, y no precisamente en el mal sentido como os hemos adelantado. No en aspecto físico, porque aquí sigue prácticamente igual que en su faceta como Steve Rogers chutado por el suero de Super Soldado en el Universo Cinematográfico de Marvel, sino en carácter. Encarnando a Lloyd Hansen, Evans pierde la cabeza en cada secuencia. Es capaz de transformarse en un monstruo sin escrúpulos que hace lo que sea necesario para conseguir lo que quiere, teniendo arrebatos y estallidos puntuales como si fuera un niño pequeño cuando no puede tener las cosas cuando y como desea. Un hombre que usa la tortura como si fuera un juego y se ríe del dolor que genera en otros. Evans es posiblemente lo mejor en cuanto a acting.

El agente invisible

Hay que ir al cine a ver el nuevo espectáculo de los Russo

Aunque tenga un paso limitado por salas de cine, El agente invisible debe ser vista en pantalla grande. Se puede disfrutar desde casa a través de la plataforma de Netflix, sí, pero el cine de los Russo se queda un poco limitado sensorialmente en ese campo. Tenemos acción, tenemos un reparto que luce de maravilla y tenemos a unos directores con luz verde para hacer lo que quieran. Y hablamos de los tipos que unieron a todos los Vengadores y superhéroes de Marvel Studios para derrocar al Titán Loco. ¿Qué más se puede pedir?

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