1. Vandal Random
  2. Noticias
  3. Ya hemos visto 'Shelby Oaks', el terror apadrinado por Mike Flanagan, y bebe demasiado de 'La bruja de Blair' y 'Hereditary'

Ya hemos visto 'Shelby Oaks', el terror apadrinado por Mike Flanagan, y bebe demasiado de 'La bruja de Blair' y 'Hereditary'

'La maldición de Shelby Oaks' se ha estrenado en España este 20 de febrero.
Ya hemos visto 'Shelby Oaks', el terror apadrinado por Mike Flanagan, y bebe demasiado de 'La bruja de Blair' y 'Hereditary'
·
Actualizado: 10:48 20/2/2026
hereditary
mike flanagan
shelby oaks

La película Shelby Oaks tiene algo de prueba de fuego: no solo porque sea terror, sino porque nace del salto (siempre observado con lupa) de un crítico de YouTube a director. Chris Stuckmann convierte esa mirada de “he visto demasiado terror” en una película que empieza como si te hubieras topado con una carpeta maldita en un viejo disco duro: vídeos de un grupo de cazafantasmas de internet, una desaparición que se pudre con los años y una hermana —Mia— que decide reabrir el caso con un equipo de documental de true crime.

La primera virtud de la cinta es que entiende por qué el “metraje encontrado” funciona: no tanto por lo que muestra, sino por lo que te obliga a perseguir en el fondo del plano. Esa dinámica está muy estudiada en psicología de la atención narrativa: cuando una historia te “transporta”, tu foco se estrecha y tu cerebro empieza a completar huecos con una facilidad peligrosa. Aquí, el gancho inicial —esa mezcla de mockumentary y arqueología digital— tiene un pulso casi adictivo: el espectador se vuelve investigador, y la película lo sabe.

PUBLICIDAD

Cuando el misterio cambia de piel

El problema es que el film se enamora tanto de sus referencias que, cuando decide cambiar de piel, le cuesta sostener el misterio sin recurrir a un “pack” reconocible de lugares comunes ya vistos en otras películas del género. Ese giro —de la pesquisa apoyada en cintas, recortes y clips, hacia un relato más“convencional y físico— es donde termina pareciéndose demasiado a una película de terror mainstream.

Aun así, hay dos cosas que Stuckmann hace bien cuando deja de perseguir el fantasma de El proyecto de la bruja de blair o Hereditary y decide jugar con su propio mapa. La primera es el tono de duelo: Shelby Oaks no va solo de sustos, va de esa clase de pérdida que se enquista y reorganiza la vida alrededor del hueco que deja. La segunda es que, de vez en cuando, encuentra imágenes con mala leche y bastante inquietantes, y ahí la película sube de nivel, aunque no siempre lo mantenga. No es casual que parte de la conversación crítica destaque su arranque y sea más dura con el último tramo.

PUBLICIDAD

Un debut con dos naturalezas

En lo interpretativo, la película juega a dos velocidades: cuando se apoya en la desesperación obsesiva de Mia (y en personajes secundarios que aparecen para abrir puertas narrativas), el conjunto respira mejor; cuando necesita que la gente tome decisiones torpes para que la trama avance, se le ven las costuras de debut. Y esa palabra —debut— importa, porque Shelby Oaks viene de un camino muy particular: financiación por Kickstarter, el respaldo posterior de Mike Flanagan como productor ejecutivo y un recorrido de festivales antes de su estreno con Neon. Todo eso le da aura de proyecto levantado a pulso, pero también explica por qué a ratos parece una película con dos naturalezas peleándose por el control.

En lo sensorial, Stuckmann no abusa del susto como muleta, pero cuando lo usa se nota que entiende la mecánica: el jump scare es un reflejo de sobresalto más que una idea, y funciona mejor cuando el film ya te ha tensado el sistema nervioso con anticipación, sonido y expectativa.

El miedo como duelo

¿Veredicto? Shelby Oaks es una película imperfecta pero con personalidad en el arranque: cuando finge ser un documental sobre una desaparición y te invita a rebobinar la realidad, tiene hambre y atmósfera. Cuando intenta rematar con una explicación más tradicional, se vuelve menos extraña y, por tanto, menos inquietante. No es la revolución del found footage, pero sí un debut que deja una señal clara: Stuckmann tiene buen ojo para la investigación como experiencia de terror; su reto, a partir de aquí, será confiar menos en el museo del género y más en lo que ya asoma en sus mejores minutos: el miedo como duelo que se niega a cerrar.

Comentarios: 0

En forosComentar en nuestros foros

Más sobre Cine

RANDOM
Flecha subir