El primer tráiler de Slanted llega con una premisa que suena a chiste cruel… y por eso funciona: instituto, jerarquías tipo Chicas malas y una operación “milagro” que promete convertir a una adolescente chino-estadounidense en la versión “aceptable” —blanca, rubia, aspirante a reina del baile— a cambio de algo que el avance ya sugiere que será físico y psicológico. La película es el debut en largo de Amy Wang y juega a poner un espejo incómodo delante de un sueño muy norteamericano: encajar a cualquier precio.
La protagonista, Joan Huang, empieza interpretada por Shirley Chen y, tras pasar por la clínica Ethnos, “vuelve” al instituto con otro rostro: el de Mckenna Grace, un cambio de cuerpo que el tráiler trata como un interruptor social inmediato (de invisible a deseada) y que empuja el relato hacia el body horror con vena satírica. El propio material promocional lo vende como comedia negra adolescente con vísceras, y no es casual que haya quien lo describa como “Mean Girls meets The Substance”.
El coste mental de encajar
Más allá del gancho, Slanted se coloca en una conversación real y bastante documentada: cómo la discriminación y las microagresiones raciales se pegan al cuerpo en forma de vigilancia constante, inseguridad y desgaste, especialmente en jóvenes. En psicología y psiquiatría infantil hay evidencia reciente —con estudios intensivos tipo diarios y seguimiento cercano— de que la discriminación racial-étnica se asocia a peor salud mental, tanto en la foto fija como en el día a día. Y si al cóctel se le añade exclusión social (la típica dinámica de pasillos), el riesgo de síntomas depresivos aumenta de forma consistente.
La película exagera con bisturí lo que en la vida real suele entrar por la puerta de atrás: la internalización de estándares donde “lo blanco” se percibe como norma estética y social. No es una idea nueva en investigación, pero sí cada vez más afinada en sus matices: hay trabajos recientes que vinculan racismo de género, orientalismo y presión estética en población asiático-estadounidense con insatisfacción corporal y estrategias de “corrección” del cuerpo para aliviar malestar o aproximarse a un ideal dominante. En Slanted, esa presión se vuelve literalmente un procedimiento clínico con marca y marketing.
Sesgo invisible, horror visible
Ese giro también conecta con otro elemento que el cine maneja bien: lo invisible que puede ser el sesgo cuando se presenta como “sentido común”. La literatura clásica sobre cognición implícita —por ejemplo, el Implicit Association Test (IAT), propuesto a finales de los 90— mostró que muchas asociaciones automáticas operan por debajo del discurso consciente. Slanted traduce esa idea a un lenguaje brutalmente gráfico: no te “convences” de que ahora encajas; el mundo se reconfigura alrededor de ti como si hubiera cambiado la calibración de la mirada colectiva.
En lo industrial, el proyecto ya llegó con aval festivalero: se presentó en SXSW y figura como ganadora del Gran Premio del Jurado en narrativa, un sello que suele abrir puertas a distribución y conversación crítica. En Estados Unidos la fecha anunciada es el 13 de marzo de 2026, con Bleecker Street implicada en el estreno, así que el tráiler es, en la práctica, el pistoletazo de salida para un título que quiere incomodar tanto como entretener: el tipo de película que te hace reír, apartar la mirada… y volver para comprobar por qué te has reído.















