España vivirá un eclipse solar el próximo 12 de agosto. Será un evento astronómico con el que hay que tener cuidado. Uno de los mitos más extendidos cada vez que se produce un eclipse solar es pensar que, al quedar el Sol parcialmente oculto por la Luna, deja de ser peligroso mirarlo directamente. La realidad es justo la contraria: aunque apenas quede visible una pequeña fracción del disco solar, la radiación continúa siendo lo suficientemente intensa como para causar lesiones irreversibles en la retina en apenas unos segundos.
El error que puede dejarte daños permanentes durante el eclipse: millones de personas siguen cometiéndolo
Ese falso sentimiento de seguridad es, precisamente, uno de los mayores riesgos durante este fenómeno astronómico. Muchas personas creen que la disminución del brillo implica una reducción del peligro, cuando en realidad el ojo humano sigue expuesto a una enorme cantidad de radiación. Además, el daño puede producirse sin provocar dolor inmediato, por lo que la lesión suele pasar desapercibida hasta horas después, cuando ya resulta irreversible.
"La gente piensa que, como el Sol está casi tapado, ya no ocurre nada. Y eso es completamente falso", explica la meteoróloga y física Mar Gómez en declaraciones concedidas al diario AS. La experta recuerda que incluso una pequeña porción del Sol visible sigue emitiendo una intensidad lumínica capaz de dañar la mácula, la zona de la retina responsable de la visión más precisa.
El momento más delicado llega justo antes de que el eclipse alcance la totalidad. Es entonces cuando aparece el conocido como "anillo de diamante", un espectacular destello que marca la transición entre la fase parcial y la totalidad. Aunque se trata de una de las imágenes más impresionantes del fenómeno, también es el instante en el que más personas cometen el error de retirarse las gafas de protección demasiado pronto.
Según explica Gómez, el monte de San Pedro, en A Coruña, será uno de los mejores enclaves de España para contemplar el eclipse, únicamente cuando ese brillante destello desaparece por completo comienza la fase en la que resulta seguro observar el Sol sin protección. Esa ventana de tiempo coincide exclusivamente con la totalidad del eclipse y, en la mayoría de los lugares desde los que será visible, apenas dura unos minutos.
El problema llega al finalizar esa fase. En cuanto el Sol comienza a reaparecer por el borde opuesto de la Luna, el anillo de diamante vuelve a hacerse visible y las gafas homologadas deben colocarse de nuevo de forma inmediata. Retrasarse apenas unos segundos o confiarse puede ser suficiente para sufrir una lesión ocular permanente.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan no improvisar ni dejarse llevar por la emoción del momento. Si existe la más mínima duda sobre si la totalidad ha comenzado o terminado, lo más prudente es mantener las gafas de eclipse puestas durante toda la observación. El espectáculo astronómico apenas dura alrededor de setenta minutos desde el inicio hasta el final de la fase parcial, pero un solo error puede dejar secuelas para toda la vida.















