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Un pescador alemán trajo miles de crías de siluro en el Ebro en 1974: 50 años después, es la mayor amenaza de los ríos españoles

Lo que comenzó en 1974 como un experimento para impulsar la pesca deportiva ha terminado convirtiéndose en uno de los mayores problemas ecológicos de los ríos españoles. 50 años después amenaza todo.
Un pescador alemán trajo miles de crías de siluro en el Ebro en 1974: 50 años después, es la mayor amenaza de los ríos españoles
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Actualizado: 8:01 2/8/2026
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Hace 50 años, una decisión aparentemente inofensiva cambió para siempre el equilibrio de los ríos españoles. En 1974, el pescador alemán Roland Lorkowsky introdujo miles de alevines de siluro (Silurus glanis) en el embalse de Mequinenza, en el río Ebro.

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Su objetivo era sencillo, crear un destino de referencia para la pesca deportiva con un pez capaz de ofrecer capturas espectaculares. Lo que nadie imaginaba entonces era que aquella liberación acabaría desencadenando una de las invasiones biológicas más importantes de la historia reciente de España.

En 1974, un pescador alemán introdujo miles de crías de siluro en el río Ebro: cincuenta años después, esta especie se ha convertido en la mayor amenaza para los ríos españoles

Cinco décadas después, el siluro ha dejado de ser una curiosidad reservada a unos pocos pescadores para convertirse en el gran depredador de las aguas continentales españolas. Su expansión ha sido constante y hoy ya ocupa buena parte de la cuenca del Ebro, además de haber colonizado numerosos embalses y tramos de otros grandes ríos. Mientras los aficionados a la pesca deportiva lo consideran una captura legendaria, científicos y ecologistas alertan desde hace años del enorme coste ambiental que supone su presencia.

Siluro

La popularidad del animal sigue creciendo. Hace apenas unos meses, el Ebro volvió a acaparar titulares cuando los pescadores navarros Abel Monreal, Fernando Equiza, Santiago Ramírez y Óscar Gómara capturaron un ejemplar de 2,81 metros de longitud y alrededor de 130 kilos en un tramo del río a la altura de Buñuel (Navarra). Una captura que demuestra hasta qué punto esta especie puede alcanzar dimensiones extraordinarias en las aguas españolas.

No en vano, el siluro está considerado el pez de agua dulce más grande de Europa. En condiciones favorables puede superar los 2,5 metros de longitud y rondar los 200 kilogramos de peso. Su enorme tamaño se combina con una extraordinaria capacidad de adaptación, una larga esperanza de vida y un apetito voraz. Los expertos estiman que puede consumir diariamente alrededor del 5 % de su propio peso, lo que lo convierte en un auténtico superdepredador.

Se ha convertido en un problema realmente peligroso en España: ha modificado el ecosistema de los ríos de media Península

Su dieta apenas conoce límites. Se alimenta de peces, crustáceos, anfibios e invertebrados, pero también captura aves acuáticas e incluso pequeños mamíferos que se acercan a las orillas. En distintos puntos de Europa se han documentado comportamientos sorprendentes, como ejemplares que llegan a salir parcialmente del agua para atrapar palomas o aves desprevenidas.

Precisamente esa capacidad para adaptarse a cualquier entorno explica la rapidez con la que ha conquistado nuevos hábitats. Allí donde se establece, el equilibrio ecológico cambia por completo. Muchas especies autóctonas nunca evolucionaron para convivir con un depredador de semejante tamaño y eficacia, por lo que sus poblaciones pueden sufrir un importante descenso, especialmente cuando ya están debilitadas por la contaminación, la alteración de los cauces o la pérdida de hábitat.

El catedrático de Zoología de la Universidad de Córdoba, Carlos Fernández Delgado, ha llegado a definir la presencia del siluro en España como una auténtica "bomba de relojería ecológica". Diversos especialistas coinciden en que su expansión representa una de las mayores amenazas para la biodiversidad de los ecosistemas fluviales españoles.

Siluro

Las administraciones llevan años intentando frenar su avance mediante normativas que prohíben su transporte y liberación, además de campañas de control en diferentes cuencas. Sin embargo, la realidad es que su erradicación se considera prácticamente imposible. Su elevada capacidad reproductiva, la enorme extensión de los sistemas fluviales y la dificultad para capturar ejemplares adultos hacen que eliminar la especie sea, a día de hoy, una misión inalcanzable.

Lo que comenzó como un reclamo para atraer a pescadores deportivos ha terminado transformando el mapa ecológico de los ríos españoles. Medio siglo después de aquella introducción en Mequinenza, el llamado "titán de las aguas dulces" continúa extendiendo su dominio y plantea un desafío que científicos y administraciones saben que ya no tiene una solución sencilla.

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