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China plantó millones de árboles hace 48 años: 66.000 millones después, su 'Gran Muralla Verde' está 'aniquilando' ecosistemas

China se propuso levantar un gigantesco cinturón forestal para contener el avance del desierto, pero acabó convirtiéndose en una valiosa lección sobre los desafíos de la reforestación a gran escala.
China plantó millones de árboles hace 48 años: 66.000 millones después, su 'Gran Muralla Verde' está 'aniquilando' ecosistemas
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Actualizado: 8:01 27/7/2026
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desierto

A finales del siglo XX, China se enfrentó a un enemigo implacable y silencioso: la expansión del desierto del Gobi. Año tras año, las dunas avanzaban sobre tierras agrícolas, reduciendo la superficie cultivable y provocando enormes tormentas de arena que llegaban hasta Pekín. Esta situación se convirtió en un grave problema ambiental, económico y social, lo que llevó al Gobierno a poner en marcha en 1978 uno de los proyectos ecológicos más ambiciosos de la historia.

La Gran Muralla Verde, como se le llamó, tenía un objetivo monumental: crear un inmenso cinturón forestal de unos 4800 kilómetros de longitud para proteger el norte del país mediante la plantación de millones de árboles a lo largo de varias décadas. El plan continúa en marcha y aún faltan unos 24 años para su finalización prevista.

En 1978, China inició un ambicioso proyecto de reforestación, plantando millones de árboles: la Gran Muralla Verde no ha funcionado como se debía

Tras casi medio siglo, este experimento ha proporcionado una gran cantidad de datos sobre cómo responden los ecosistemas a la reconstrucción humana a gran escala. Un estudio reciente de la Universidad de Pekín, basado en imágenes por satélite, reveló que los bosques plantados desarrollan su masa foliar, la superficie cubierta por hojas vista desde el espacio, un 66 % más rápido que los bosques naturales.

Gran Muralla Verde

Este rápido crecimiento demuestra el potencial transformador de la reforestación en un corto periodo de tiempo. Sin embargo, los científicos descubrieron que este impulso tiene un límite: cuando las plantaciones alcanzan entre 30 y 40 años, su crecimiento se ralentiza. En cambio, los bosques naturales crecen a un ritmo más lento, pero mantienen este ritmo durante periodos mucho más largos, lo que les permite almacenar carbono de forma más estable y ofrecer mayores beneficios ecológicos a largo plazo.

La experiencia también ha demostrado que plantar árboles, por sí solo, no es suficiente para detener la desertificación. El éxito del proyecto se debe en gran medida al esfuerzo continuo de mantenimiento, riego y gestión que ha acompañado a las plantaciones durante décadas. Este conocimiento no se obtuvo de inmediato, sino que fue el resultado de numerosos errores que obligaron a modificar la estrategia repetidamente.

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Algunos de estos fracasos fueron particularmente costosos. Por ejemplo, en la región de Ningxia, en 1991, fue necesario talar y quemar aproximadamente 24 millones de árboles después de que las especies seleccionadas favorecieran una grave plaga. En Jingbian, ocurrió algo similar: apenas dos décadas después del inicio de las plantaciones, casi el 70 % de los álamos utilizados por el programa habían desaparecido. Además, su elevado consumo de agua agravó la escasez hídrica de la zona, acelerando precisamente el proceso de desertificación que se pretendía combatir.

Gran Muralla Verde

A pesar de los avances, la lucha está lejos de haber terminado. Las tormentas de arena siguen afectando periódicamente a Pekín, recordándonos que controlar procesos naturales de esta magnitud es una tarea extremadamente compleja.

Aunque el desierto ha reducido ligeramente su superficie, del 27,33 % al 26,8 % del territorio chino en apenas una década, esta cifra es menos impresionante que hablar de decenas de miles de millones de árboles plantados. Sin embargo, la lección más valiosa que deja la Gran Muralla Verde es que la restauración de un ecosistema no depende únicamente de plantar árboles, sino de comprender cómo funciona la naturaleza y adaptarse a ella durante generaciones.

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