Si algo caracteriza a China es su capacidad para convertir proyectos que parecen imposibles en obras reales. Mientras en otros lugares una cordillera supone un obstáculo casi insalvable para levantar una carretera, el gigante asiático ha optado por una solución mucho más radical: eliminar el problema de raíz. Literalmente. En la provincia de Guizhou, los ingenieros han cortado una montaña por la mitad para abrir paso a una moderna autopista que atraviesa uno de los terrenos más complicados del país.
La actuación se ha llevado a cabo en las inmediaciones de Anshun, una ciudad situada en el suroeste de China. La obra forma parte del ambicioso programa de infraestructuras con el que Pekín pretende mejorar las comunicaciones de las regiones interiores, tradicionalmente más aisladas y menos desarrolladas que las grandes áreas costeras.
China invirtió 2500 millones de euros en una autopista que atraviesa una montaña, dividiéndola en dos: este proyecto tiene como objetivo reducir significativamente el tiempo de viaje
En lugar de diseñar una carretera repleta de curvas o rodear el macizo montañoso, los responsables del proyecto eligieron una alternativa mucho más espectacular. Mediante el uso de explosivos, maquinaria pesada y avanzadas técnicas de excavación y perforación, los equipos de construcción abrieron un enorme corredor entre las montañas. El resultado es una autopista de varios carriles que atraviesa el relieve prácticamente en línea recta, reduciendo considerablemente las dificultades que imponía el terreno.
Cutting paths through mountains’—that’s what true grit looks like. Respect to all the builders! pic.twitter.com/JnhpVlmHBL
— China Perspective (@China_Fact) July 27, 2025
La imagen de esta gigantesca cicatriz abierta en la roca se ha hecho viral porque resume a la perfección la filosofía de muchas de las grandes obras públicas chinas: si la geografía supone un obstáculo para el desarrollo, se modifica la geografía. Se trata de una estrategia que el país lleva décadas aplicando con megaproyectos ferroviarios, presas, puentes y túneles que desafían continuamente los límites de la ingeniería.
El objetivo de esta nueva infraestructura va mucho más allá del impacto visual. La autopista permitirá acelerar el transporte de mercancías y pasajeros, reducirá los tiempos de desplazamiento entre distintas localidades y facilitará la conexión de numerosas comunidades rurales con los principales núcleos urbanos de Guizhou. Las autoridades también esperan que la nueva vía impulse el turismo y favorezca la llegada de nuevas inversiones a una provincia que durante años ha quedado rezagada respecto a otras regiones del país.
Como ocurre con muchas de las grandes infraestructuras impulsadas por Pekín, el proyecto también reabre el debate sobre su coste ambiental. La transformación del paisaje ha sido enorme y las organizaciones ecologistas suelen advertir de que este tipo de actuaciones pueden alterar ecosistemas completos. Sin embargo, el desarrollo económico y la mejora de las comunicaciones continúan siendo prioridades estratégicas para el Gobierno chino, incluso cuando ello implica modificar de forma drástica el entorno natural.















