El Señor de los Anillos vuelve a ser el centro de todas las miradas. La tercera temporada de Los anillos de poder, que llegará el 11 de noviembre a Prime Video, expandirá los márgenes de la Segunda Edad, incluyendo la forja del Anillo Único y explorando el lado más oscuro de Sauron y sus sirvientes, los Nazgûl. Pero hay más.
La serie presentará al orco Marnûkh, un personaje inédito dentro del universo del Legendarium que promete avivar la conversación entre los seguidores de la obra de J.R.R. Tolkien. Los showrunners no han dudado en catalogarlo abiertamente con una etiqueta tan llamativa como controvertida. "Será un orco con un arco de desarrollo de personaje", indican los creativos. Parece que, después de todo, el tiempo de estas criaturas ha llegado.
¿Un orco con sensibilidad y poesía? Marnûkh, la nueva y polémica apuesta de 'Los anillos de poder'
J.D. Payne, co-creador de la adaptación televisiva, explica la génesis narrativa detrás de este personaje argumentando la necesidad de indagar en la psique de las tropas de la Sombra. "Nos encanta la idea de explorar cómo eran los orcos antes de convertirse en esclavos sin alma ni cerebro a merced de la voluntad de Sauron", indica Payne en Empire. "Así que de ahí nació esta noción de un orco que lo arriesgaría todo para desertar, acudir a los elfos y decirles: 'Tenemos un enemigo común'", comenta.
Esta decisión narrativa obligará a la mismísima Galadriel a forjar una incómoda y tensa alianza con el propio Marnûkh. La actriz Morfydd Clark, que encarna a la Dama de Lothlórien en la pantalla, no ha escatimado en elogios hacia la complejidad del personaje. "Es mi personaje favorito de la serie ahora mismo. No es un buen tipo. Tiene dilemas morales. Pero tiene libre albedrío", añade.
La búsqueda de capas humanas en la criatura llega hasta el punto de mostrarle componiendo versos en rima. Sí, habéis leído bien: ahora los orcos escriben poesía. Patrick McKay, el otro gran timonel de la producción, profundiza en el sentido de este enfoque cotidiano y diminuto en mitad del gran conflicto bélico.
"Queríamos hacer espacio para conocer a ese personaje. ¿De qué habla? ¿Qué comida le gusta comer? ¿Qué se siente al ser un orco? Creemos que es realmente importante encontrar espacio en medio de toda la épica para cosas que son realmente pequeñas y humanas (por así decirlo)", prosigue McKay. "¡Quizá esté componiendo unos versos! Descubrimos que es una de las cosas que te atrae, pero tal vez te esté engañando. Parte de la tensión reside en eso: ¿pueden confiar en el orco?", concluye.
Aunque la idea de un orco componiendo estrofas o aliándose con elfos pueda parecer una licencia televisiva moderna, lo cierto es que toca una de las mayores encrucijadas filosóficas a las que se enfrentó J.R.R. Tolkien a lo largo de su vida: la naturaleza del mal y la redención en la Tierra Media.
El profesor era un ferviente católico y creía que solo Eru Ilúvatar (Dios) podía dar vida real con alma (feä). Como Morgoth o Sauron no podían crear nada nuevo, solo corromper, Tolkien sufrió durante décadas tratando de explicar el origen de los orcos. Si eran seres sintientes y pensantes, ¿tenían libre albedrío? ¿Podían salvarse? En la famosa Carta 153, dirigida a Peter Hastings en 1954, Tolkien aborda de forma directa la compleja moralidad de estas criaturas,
"No eran "terriblemente" malvados en un sentido absoluto... Se habían vuelto absolutamente incapaces de hacer nada bien por sí mismos, pero no eran irredimibles en un sentido teológico abstracto, aunque en la práctica lo fueran", escribió Tolkien.
Esta aparente contradicción es crucial: los orcos no eran autómatas sin cerebro, sino seres caídos cuyas mentes estaban esclavizadas por el miedo y el odio dictados por sus amos oscuros. De hecho, en El Señor de los Anillos: Las Dos Torres (Libro IV, Cap. 10), asistimos a la conversación privada entre los capitanes Gorbag y Shagrat, quienes fantasean con desertar del servicio a Sauron y montar su propia banda independiente, lo que demuestra que poseían deseos propios al margen del Señor Oscuro.
Respecto a la expresión artística y la poesía, Tolkien ya mostró en El Hobbit (Capítulo 4) que los orcos poseían sus propias canciones y rimas («¡Chas, chas! El látigo atronó...»), si bien eran composiciones brutales, burlonas y sangrientas, enfocadas en la tortura y la guerra, muy alejadas de la sensibilidad lírica tradicional. La gran incógnita que deja planteada la serie es si Marnûkh representará esa grieta teológica que el propio Tolkien vislumbró en sus escritos, o si bien esa poesía y ese intento de alianza no serán más que un elaborado engaño en medio de las sombrías intrigas de la Segunda Edad. En noviembre saldremos de dudas.















