Lily Collins se ha convertido en uno de los grandes rostros de Netflix gracias al éxito internacional de Emily en París, una serie que la ha vinculado para siempre a la capital francesa. Sin embargo, mucho antes de conquistar Hollywood y de instalarse en Los Ángeles, la actriz pasó su infancia en un rincón de Inglaterra que parece sacado de un libro de fantasía. Un castillo medieval, jardines centenarios y un entorno repleto de historia marcaron sus primeros recuerdos y alimentaron una imaginación que todavía recuerda con cariño.
La intérprete nunca ha ocultado el profundo vínculo que mantiene con sus raíces británicas. Aunque gran parte de su vida ha transcurrido en Estados Unidos, asegura que aquellos primeros años en el campo inglés fueron determinantes. "Nací y me crié en el campo", explicaba en una entrevista concedida a Great British Life. "Y recuerdo que me fascinaban los cuentos de hadas".
No resulta difícil entender el motivo. Collins pasó su niñez en Guildford, una histórica localidad del condado de Surrey que conserva buena parte de su patrimonio medieval y cuyo paisaje parece diseñado para despertar la imaginación de cualquier niño. Entre calles históricas, jardines y un castillo que domina la ciudad desde lo alto de una colina, la actriz encontró el escenario perfecto para dar rienda suelta a sus fantasías.
"Para mí era un mundo mágico, y corría por el jardín imaginándome que era un hada, y jugando con los animales y elfos del bosque. Siempre jugaba sola, pero estaba convencida de que existían y estaban a mi alrededor", recordaba la protagonista de Tolkien. Más que una simple anécdota infantil, sus palabras reflejan cómo aquel entorno alimentó su creatividad desde muy pequeña.
Guildford, a 45 km al suroeste de Londres junto al río Wey, se fundó en el siglo V y aparece en el testamento de Alfredo el Grande (885). Se convirtió en un importante enclave comercial y estratégico, con su castillo normando como símbolo.
Guillermo el Conquistador lo construyó tras la conquista de 1066 para controlar la ruta Londres-Winchester. Enrique III lo amplió en el siglo XIII como residencia real, donde vivió Juan Sin Tierra. Hoy, la torre del homenaje y sus jardines son atracciones turísticas. Construida en el siglo XII con piedra Bargate, la torre ofrece vistas de 360 grados de Guildford, el río Wey y Surrey Hills.
Los jardines victorianos del castillo, inaugurados en 1888 para el Jubileo de Oro de la reina Victoria, evocan un cuento de hadas con sus parterres geométricos, flores de temporada, rosales, tulipanes y senderos verdes. Lily Collins recuerda allí imaginar criaturas fantásticas. Entre sus caminos se encuentra una estatua de Alicia a través del espejo, dedicada a Lewis Carroll, quien vivió cerca de Guildford.
High Street, la calle peatonal principal de la ciudad, combina edificios históricos con comercios, cafeterías y restaurantes. El pavimento empedrado, las fachadas de madera y ladrillo rojo y las construcciones de los siglos XVII e isabelino crean una atmósfera atemporal, animada por boutiques independientes y mercados artesanales.El Guildhall, del siglo XIV, destaca por su reloj saliente de 1683 con números romanos dorados y ornamentación barroca. Actualmente acoge actos cívicos y conserva patrimonio municipal. Es uno de los iconos de Guildford, donde Lily Collins pasó una infancia que recuerda como un cuento de hadas.
