El escenario Asia-Pacífico se enfrenta a un nuevo foco de tensión. China criticó duramente a Japón por el despliegue de misiles de largo alcance, acusándolo de “superar ampliamente los límites de la autodefensa”. Esta acusación refleja la creciente preocupación de Pekín ante la transformación de la doctrina militar nipona.
Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, afirmó que Japón está incorporando “armas ofensivas” que rompen con su tradicional política defensiva. Ning advirtió que este cambio responde a la influencia de sectores políticos que buscan redefinir el papel militar de Tokio en la región.
China alerta: Japón traspasa varias ‘líneas rojas’ con misiles Type 25 capaces de alcanzar 1000 km
El detonante de la reacción china ha sido la puesta en operación de dos nuevos sistemas de misiles anunciada por la Fuerza Terrestre de Autodefensa japonesa: el misil superficie-superficie 25SSM, evolución del Type 12, y el proyectil hipersónico 25HGP.
El 25SSM amplía el alcance de Japón hasta unos 1000 kilómetros, permitiéndole atacar objetivos fuera de su perímetro inmediato, incluidas instalaciones militares en territorio adversario. El 25HGP ofrece capacidades hipersónicas, con trayectorias impredecibles y gran dificultad de interceptación, diseñadas especialmente para la defensa de islas remotas. Ambos sistemas se han desplegado en bases estratégicas: Camp Kengun, en Kumamoto, y Camp Fuji, en Shizuoka. Este despliegue marca el primer paso hacia una arquitectura de disuasión de alcance extendido.
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, justificó estas capacidades como respuesta al “entorno de seguridad más severo desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. Tokio considera que la proliferación de misiles en China y Corea del Norte obliga a abandonar una postura puramente defensiva.
Anteriormente, Japón se basaba principalmente en sistemas antimisiles como el Patriot PAC-3 y en el paraguas estratégico de Estados Unidos. Sin embargo, la incorporación de capacidades de ataque a distancia, capaces de neutralizar bases enemigas, representa un cambio doctrinal significativo: la adopción de una capacidad de “contraataque” creíble.
Este giro se consolida con la integración de misiles Tomahawk estadounidenses en la flota naval nipona y los planes de adaptar los nuevos sistemas a plataformas aéreas y marítimas a partir de 2027. China ha reaccionado con firmeza. Mao Ning advirtió que la evolución militar japonesa “amenaza la paz regional” y pidió a la comunidad internacional que mantenga “alta vigilancia”. Además, instó a Tokio a reflexionar sobre su pasado militarista y a actuar con cautela.
La tensión se intensifica en un contexto de crecientes fricciones bilaterales, agravadas por la postura de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien a finales de 2025 dejó abierta la posibilidad de que Japón intervenga en un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán. El despliegue de los sistemas Type 25 forma parte de una estrategia más amplia para dotar a Japón de disuasión en profundidad. La capacidad de atacar objetivos a larga distancia introduce una nueva variable en el cálculo estratégico regional.
Para Pekín, esto erosiona el statu quo de posguerra; para Tokio, es una respuesta necesaria ante un entorno cada vez más hostil. Mientras tanto, el Indo-Pacífico entra en una fase de mayor competencia militar, donde la línea entre defensa y ofensiva se vuelve cada vez más difusa.















