En el supermercado Mercadona de Caldas da Rainha, en Portugal, la escena ya es cotidiana y casi futurista a partes iguales: el cliente introduce una lata vacía de refresco en una máquina, y segundos después recibe el importe correspondiente directamente en su tarjeta bancaria. Sin intermediarios, sin complicaciones. Así funciona desde el 10 de abril el nuevo Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) que ha empezado a desplegarse en territorio luso bajo el nombre de Volta.
El modelo no es menor. Portugal se suma así a una lista de 19 países europeos que ya cuentan con sistemas similares para la recuperación de envases de bebidas, una cifra que evidencia hasta qué punto esta fórmula de reciclaje se ha consolidado en el continente. Y lo relevante, en este caso, es la proximidad: España no solo comparte frontera, sino también hábitos de consumo, cadenas de distribución y hasta productos con etiquetado prácticamente idéntico. La prueba piloto portuguesa, por tanto, funciona casi como un espejo inmediato de lo que debería ocurrir al otro lado de la raya.
Portugal se adelanta a España al implementar un sistema de devolución de envases en sus supermercados Mercadona: los clientes pueden devolver latas y botellas para obtener un reembolso
En este despliegue inicial, el sistema se centra en envases de un solo uso de metal y plástico PET de hasta tres litros. Para identificarlos, solo entran en juego aquellos productos marcados con el logotipo de Volta. El funcionamiento es sencillo: al comprar la bebida se añade un depósito de 10 céntimos, que el consumidor recupera únicamente si devuelve el envase en buen estado en los puntos habilitados.
La devolución puede transformarse en distintas opciones: dinero en efectivo, vales de compra o descuentos, e incluso integración en tarjetas de fidelización. En el caso de Mercadona en Portugal, la devolución puede llegar directamente a la tarjeta bancaria.
Mientras tanto, en España el modelo aún está en fase de definición, aunque la fecha límite legal se sitúa en noviembre de 2026. El problema es que el calendario ya aparece comprometido. Las empresas implicadas llevan meses advirtiendo de retrasos y de la complejidad de implantar el sistema a tiempo, en un proceso que además depende de autorizaciones administrativas aún pendientes. Portugal, con un modelo único, ya sirve como laboratorio real de un cambio que, tarde o temprano, también debería llegar a los supermercados españoles.















