The Boys ha vuelto a encontrarse con la realidad de una forma tan incómoda que ni su propio creador ha sabido encajarlo con normalidad. Eric Kripke reaccionó en redes a la inauguración de una estatua dorada de Donald Trump en el club Trump National Doral, en Miami, apenas unos días después de que la serie mostrara una imagen muy parecida con Homelander, el superhéroe autoritario interpretado por Antony Starr. “Seriously, what the f***?”, escribió Kripke junto a una comparación entre ambas estatuas.
La coincidencia llega en plena quinta y última temporada de la serie de Prime Video. En el episodio “Though the Heavens Fall”, Homelander coloca una estatua dorada de sí mismo dentro de una iglesia, después de reforzar su deriva mesiánica y presentarse casi como una figura divina ante sus seguidores. La escena encaja con una de las obsesiones centrales de The Boys: cómo el culto a la personalidad, el marketing político y la religión pueden mezclarse hasta convertir el poder en espectáculo.
Cuando la sátira se encuentra con la realidad
La estatua real, apodada “Don Colossus”, fue instalada en el Trump National Doral Miami y representa a Trump con el puño en alto, en alusión al atentado que sufrió durante la campaña de 2024. Según medios estadounidenses, la figura mide entre 15 y 22 pies según las informaciones publicadas, fue financiada por inversores vinculados a una criptomoneda llamada $PATRIOT y tuvo un coste de unos 450.000 dólares.
El paralelismo ha sido especialmente llamativo porque The Boys nunca ha ocultado su lectura política. La serie nació como una sátira del superheroísmo corporativo, pero con el paso de las temporadas ha apuntado cada vez más hacia los mecanismos del populismo, la propaganda, la violencia política y la fabricación de ídolos. Homelander no es una copia literal de ningún dirigente, pero sí funciona como una caricatura extrema de una cultura donde la fama puede convertirse en autoridad moral.
Homelander, Trump y el culto al ídolo dorado
La polémica también se ha mezclado con críticas religiosas. Algunos comentaristas compararon la estatua con el becerro de oro bíblico, mientras el pastor Mark Burns, implicado en la ceremonia, defendió que no se trataba de idolatría, sino de un símbolo de resistencia, patriotismo y fuerza. Ese debate encaja casi demasiado bien con la escena de la serie, donde Homelander no solo quiere ser obedecido, sino venerado.
No es la primera vez que The Boys parece adelantarse a la actualidad estadounidense. Ahora, con la estatua dorada, la sensación es todavía más extraña: la sátira no ha predicho exactamente el futuro, pero sí ha captado tan bien ciertos códigos del presente que la realidad acaba pareciendo una escena descartada de la propia serie.















