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Watchmen 1x09: Nada termina nunca... o sí - Análisis y resumen

Es el final, el desenlace de la producción de Damon Lindelof, que nos ha hecho maravillarnos con su propuesta y lamentar, al final, que todo se termine.
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La carta de amor que ha sido Watchmen de parte de Damon Lindelof sellaba el final con el noveno episodio, See How They Fly. Este es el momento de la despedida, que siempre se caracteriza por ser amargo a la par que dulce; el amargor llega de la mano de la incertidumbre: las posibilidades de volver a sumergirnos en las calles de Tulsa, Oklahoma, de disfrutar de la compañía de estos originales personajes, se quedan en el limbo. Lo dulce queda en el tejado de la satisfacción. El miedo al final llega acompañado por la inseguridad de que una historia de este calibre fuera capaz de poner un broche digno no sólo teniendo en mente la obra de Alan Moore y Dave Gibbons, sino también para los acérrimos fans de Watchmen. El último capítulo de cualquier obra, en definitiva, es el que más temor despierta… pero podríamos decir que esta ha sido una muerte dulce. Sin dolor, que nos ha librado de todos los males que despiertan las adaptaciones televisivas. See How They Fly ha sido el final, y esta vez parece que todo ha terminado.

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De legados inesperados, y de dioses azules

Las preguntas que Watchmen ha ido despertando en nosotros desde los primeros episodios se han ido resolviendo poco a poco. Damon Lindelof ya nos advirtió de que no había motivos para entrar en pánico: que en dos episodios, en otras palabras, iba a poner sobre la mesa todo lo que había quedado en el tintero. Así ha sido. Sin ir más lejos, la primera incógnita que queda despejada de esta ecuación es el origen de Lady Trieu: su madre, Bian, era una de las refugiadas vietnamitas que trabajaron en Karnak, la base en el Ártico de Adrian Veidt, en el año 1985. En un intento por vengarse de la tiranía occidental, toma la decisión de inseminarse con las muestras que Veidt atesora detrás de un cuadro dedicado a Alejandro Magno. Su hija, la muestra 2346, será Lady Trieu, también conocida como la mujer más inteligente del mundo. Hay algo que es importante señalar de este noveno episodio: si bien es cierto que resuelve todas las cuestiones que han quedado abiertas a lo largo de la temporada, igualmente da paso a otras tantas preguntas que no podemos evitar pensar que han quedado sembradas con la intención de resolverlas en un futuro. ¿Quizás en una segunda temporada? No lo sabemos. Lo que está claro es que la escena de Bian deja en el aire, por ejemplo, una pregunta muy sencilla: ¿Por qué, de todas las muestras de semen que guarda Adrian Veidt, elige precisamente la 2346? ¿Qué la hace diferente de las demás, si es que es diferente? Y, en caso de que sea diferente de las demás, ¿cómo conoce Bian la susodicha diferencia?

"Tu inteligencia no ha sido dada, ha sido robada", le achacará Adrian Veidt cuando Lady Trieu se presenta en Karnak, pidiéndole 42.000 millones de dólares para llevar a cabo sus planes: adquirir los poderes de Dr. Manhattan para erguir la utopía soñada por Adrian Veidt. ¿La respuesta de Ozymandias? Más clara imposible, siguiendo su pensamiento alejandrino: "Cuando mis padres murieron, heredé riquezas más allá de toda imaginación. Y la devolví toda. Porque quería demostrar que podía alcanzar cualquier cosa empezando desde la nada. Eso es lo que te ofrezco, muestra 2346, nada". Por supuesto, en un arranque de soberbia, también afirma que no la reconoce como "hija". No obstante, nuestro hombre más inteligente del mundo cambiará de parecer cuando tenga que enviarle un mensaje para que le rescate de Europa, la luna de Júpiter a la que le ha enviado Dr. Manhattan.

Durante su huida de Europa, no sólo le descubrimos luciendo sus características ropas de Ozymandias: también averiguamos que, en efecto, en su celda hay cavado un túnel que le lleva al exterior. Sí, como en los dibujos animados. De hecho, la salida queda torpemente disimulada con un arbusto. En algo ha tenido que entretenerse el hombre más inteligente del mundo en todos estos años. ¿Y la herradura? Muy fácil: la ha afilado contra la roca para que las puntas acaben en dos mortales filos. De esta forma, cuando el Guardián del Juego sale a su encuentro para impedir su huida, ocurren dos momentos épicos: Ozymandias demuestra que, aún a día de hoy, es capaz de parar una bala tal y como hizo en el año 1985 cuando Laurie / Espectro de Seda II disparó contra él.

Otro momento épico es que se produce el final del Guardián: ya no hay más juegos, el hombre más listo del planeta ya no tiene necesidad de inventar un villano al que plantar cara para no sucumbir a la locura. "Maestro, ¿por qué me obligaba a llevar máscara?", preguntaba el primer Mr. Philips. "Porque las máscaras vuelven crueles a los hombres", responde Ozymandias. "¿Eso es lo que quería? ¿Que fuera cruel?", sigue preguntando el Guardián instantes antes de morir. "Tenía que matar el tiempo durante 8 años". Adrian Veidt se pone en pie, y coronado con su diadema alejandrina, sube a bordo de la nave de Lady Trieu que ha ido a rescatarle. ¿La sorpresa? Nuestro Ozymandias quedará transformado en escultura de oro, como si del rey Midas se tratara. Como un Han Solo que se ha colado en el universo de Watchmen. Así es como Adrian Veidt escapa, al fin, de su encarcelamiento. Al otro lado le espera Lady Trieu, que en pocas palabras aclara a Bian que es, en realidad, su madre. "Soy tu madre", habla escueta Bian, una niña cuya forma de expresarse, personalmente, me pone el vello de punta.

He aquí cómo se resuelve otra incógnita: ¿Cómo sabía Adrian Veidt exactamente en qué momento iba a pasar por Europa el satélite de Lady Trieu? Porque ella misma se lo hace saber: ha estado registrando la peculiar frecuencia que emite Dr. Manhattan, y ese rastro la ha llevado a encontrarle justo en Júpiter. De esta forma, años después en su encierro, Ozymandias consigue componer con los cadáveres de Mr. Philips y Ms. Crookshanks el mensaje que ya vimos parcialmente en episodios anteriores: "Sálvame, hija" quedaba escrito en la superficie lunar para que Lady Trieu fuera a su rescate. "Debo admitir que estaba sorprendida cuando las imágenes de la sonda llegaron hasta mí", señalará Trieu después. "Y te vi a ti, y a tu mensaje. ¿Hiciste las letras con esos cuerpos?" Ozymandias responde afirmativamente. "Guau, tiene que haber una historia muy guay detrás de eso", continúa Trieu, que no pierde oportunidad para agregar un: "El hecho de que te tomaras tu tiempo para deletrear 'hija' significa que te importaba mucho ser reconocido. Ha tenido que ser difícil rendirse y mostrarse humilde".

"Tu inteligencia no ha sido dada, ha sido robada"

Mientras tanto, en pleno corazón de Tulsa, la Séptima Caballería se rodea de sus principales mandatarios –incluidos el senador Keene padre, el encargado de prohibir el vigilantismo- para llevar a cabo el experimento: Joe Keene quiere convertirse en Dr. Manhattan para, en otras palabras, "hacer América grande otra vez". Nuestro azulado amigo queda atrapado en una jaula pensada específicamente para anular sus poderes y capacidades: Dr. Manhattan no puede escapar, pero tampoco hace el intento siquiera. Allí también encontramos a Laurie Blake, que sigue adelante con su secuestro, y a Looking Glass, que ha conseguido infiltrarse en la base de la Séptima Caballería. Todo queda en familia, definitivamente: porque justo cuando Keene va a poner en marcha su plan para absorber los poderes de Dr. Manhattan, aparece Angela Abar tratando de detenerle. "Tienes la tecnología de Lady Trieu sólo porque ella ha permitido que la robaras", le advierte nuestra detective. Sin embargo, Joe Keene desoye sus advertencias… y se mete en la cámara sellada. Craso error, porque está a punto de convertirse en "salsa de judías humana", como diría Walter Kovacs, también conocido como Rorschach.

"Cualquiera que busque alcanzar el poder de un dios, debe ser detenido a toda costa"

Una vez que la Séptima Caballería acciona el botón para, supuestamente, transformar a Keene en Dr. Manhattan, en realidad lo que se produce es un teletransporte: de la base del grupo supremacista, se materializan en la plaza de Tulsa frente al teatro Dreamland, donde Dr. Manhattan teletransportó a sus hijos adoptivos para que estuvieran con William Reeves. Allí es donde esperan Lady Trieu, secundada por Bian y Adrian Veidt. Lo que no sabe Lady Trieu es que el hecho de haber traído a su padre de vuelta a la Tierra le va a costar muy caro. "Cualquiera que busque alcanzar el poder de un dios, debe ser detenido a toda costa", dirá Ozymandias después de que Dr. Manhattan le teletransporte a él junto a Laurie y Looking Glass / Mirror Guy a Karnak… "para salvar el día". Gracias a que Keene se ha convertido, en efecto, en salsa de judías humana, Dr. Manhattan ha podido usar su sangre como conducto para sus poderes y, así, dar la oportunidad a Ozymandias de salvar al mundo. Una vez más. ¿Y cómo lo hará Adrian Veidt? Pues exactamente igual que en el 85, sólo que a pequeña escala. "Le voy a demostrar lo que es una repetición", murmulla el hombre más listo del mundo, todavía ofendido porque Lady Trieu cuestionara su modo de mantener la paz en el mundo: con las incursiones de los pequeños cefalópodos lloviendo desde lo más alto de las nubes. Y son esos mismos cefalópodos, pero congelados, los que caerán como proyectiles sobre Lady Trieu y su cámara para absorber los poderes de Dr. Manhattan.

Eso sí: Ozymandias ha salvado el mundo, pero no a Dr. Manhattan. Sin embargo, el hombre más listo del mundo no parece muy preocupado. ¿Quizás porque a Dr. Manhattan no se le puede aplicar el mismo concepto de "muerte" que a un ser humano? ¿Tal vez porque el mismo Ozymandias aprendió en el 85 que no se puede matar a Dr. Manhattan? "Estoy decepcionado, Veidt. Muy decepcionado. Recomponerme tras la sustracción de mi campo intrínseco fue el primer truco que aprendí. Eso no mató a Osterman… ¿Creías que me mataría a mí?", es la frase que pronuncia Dr. Manhattan en el 85. Esa es la pregunta que planteamos nosotros a Lindelof: ¿Creías que matarías así a Dr. Manhattan? La respuesta oficial, claro está, queda en manos del showrunner. En nuestra cabeza ya hemos respondido a la cuestión.

Dr. Manhattan ya se lo advirtió a Angela: estarían 10 años juntos, antes de que ocurriera la tragedia. La detective sigue pidiendo al dios azul que se mantenga a su lado, que luche y resista... pero Dr. Manhattan lo tiene claro: hasta él tiene algunas limitaciones para influir en lo que está escrito que ha de suceder. Sin embargo, se permite algún capricho, dadas sus circunstancias: aunque ha hecho desaparecer y ha puesto a salvo a Laurie, Ozymandias y Looking Glass para que ayuden desde Karnak, a Angela la mantiene en Tulsa. A su lado. "No quiero estar solo cuando muera", explica Dr. Manhattan aunque, insistimos, dudamos de que el término de la muerte se pueda aplicar de forma convencional a este personaje. "No toques la luz, Angela", es lo que le pide Dr. Manhattan a Angela. ¿Qué luz?, es lo que preguntará tanto la detective... como nosotros mismos. ¿Se refiere a la luz que le mantiene encerrado en esa jaula cuántica? ¿Es otra luz, de un suceso que todavía no nos han contado porque pertenece al futuro? ¿Es esa frase otra pequeña brecha que deja entrever una segunda temporada? Muchas preguntas que no acaban aquí...

¿Nada termina nunca?

Acusado de haber matado a tres millones de personas, Laurie Blake y Looking Glass proceden a la detención de Adrian Veidt en Karnak. Ozymandias pretendía hacerles marchar de la Antártida a bordo de Archie, la nave que perteneció a Dan Dreiberg y cuyo diseño se utiliza por la policía. También conocido como Búho Nocturno II, es el único vigilante vivo del que no hemos sabido nada a lo largo de esta temporada, salvo en el episodio final y gracias a esta mención. Al mismo tiempo, Bian ha sobrevivido al ataque de los calamares de Ozymandias, por lo que con ella se despliega otra cuestión que podría ser respondida en una hipotética segunda temporada: después de que Lady Trieu haya fracasado en sus intentos por convertirse en Dr. Manhattan, ¿tomará Bian el relevo?

Mientras se cierra así el capítulo de Ozymandias, Angela Abar ha quedado devastada después de ver cómo Dr. Manhattan desaparecía, literalmente, ante sus ojos. Si bien Lady Trieu no se ha convertido en la mujer más poderosa del planeta, eso no sirve a nuestra detective para paliar su dolor: después de todo, el amor de su vida acaba de ser absorbido por una aspiradora de tintes futuristas. Angela va a refugiarse en la única familia que tiene: William Reeves, que robó su apellido del protagonista de Trust in the Law, también conocido como Justicia Encapuchada. Si algo no se puede negar es que William ha sembrado justicia, acabando con los supremacistas que no sólo asolaron a la población negra en Tulsa y Nueva York sino también en todas partes de Estados Unidos. "Cuando me ponía la capucha, ¿sentías lo mismo que yo?", pregunta William a Angela, en referencia a lo que la detective experimentó cuando se tomó las pastillas de Nostalgia de su abuelo. "Ira", responde Angela. "Sí, eso es lo que yo pensé también. Pero no lo era. Era miedo, y dolor", concluye William.

"No puedes hacer una tortilla sin partir un par de huevos"

Juntos se marchan a casa de Angela, después de que William pronuncie una extraña frase que ha tomado prestada de Dr. Manhattan: "No puedes hacer una tortilla sin partir un par de huevos". Angela no entiende la frase, pero desde luego hay un significado oculto en ella. Después de todo, Dr. Manhattan no dice las cosas al azar aunque pueda parecerlo. De hecho, en la cocina de Angela todavía descansa esa caja de huevos que ella misma rompió… y de la que se ha salvado un único ejemplar. Entonces, recuerda su conversación con Jon Osterman el día que le conoció en aquel bar de Saigon, en Vietnam: "Supongo que podría transferir mis componentes atómicos a algún tipo de materia orgánica", dijo Dr. Manhattan en ese momento. Así que, de perdidos al río: ¿Y si ese único huevo superviviente es el que posee las propiedades de Dr. Manhattan? ¿Vivirán juntos Angela y Dr. Manhattan siendo el mismo ser? Desde luego, Angela no duda en hacer la prueba frente a la piscina de su casa: si de verdad posee las capacidades de Dr. Manhattan, podrá caminar por encima del agua. Sin embargo, tal y como sucedió en la película Origen de Christopher Nolan, donde nunca supimos si la peonza caía o se mantenía en pie… es posible que nunca sepamos si Angela Abar fue capaz de caminar sobre las aguas, o no.

El final

See How They Fly, dirigido por Frederick E.O. Toye y escrito por Nick Cuse y Damon Lindelof, ha sido la despedida de Watchmen. Tal y como se puede apreciar, ha sido un final satisfactorio donde cada personaje ha tenido su pequeña dosis de atención, su pequeño broche para que ponga el punto final a su historia. Sin embargo, pese a que en términos generales esta ha sido una conclusión que no decepciona, igualmente Lindelof ha dejado desperdigadas tantas cuestiones e incógnitas que nos invita a pensar que este noveno episodio más bien parece una puerta abierta; la llave que nos permitiría indagar en más facetas del universo Watchmen en hipotéticas próximas temporadas.

"Podrías llamar a algo Watchman y ni siquiera presentar a ninguno de los personajes que estaban en el original o en esta temporada, siempre y cuando todos ocupen el mismo mundo", explicaba Lindelof en declaraciones concedidas después de este final, donde se puede leer entre líneas su interés por seguir expandiendo el mundo de Watchmen. Sin embargo, hay un pero: "Si fuera a hacer otra temporada, necesitaría tener una idea realmente genial y una justificación para hacerlo".

Siendo Lindelof tan fan de Watchmen como afirma ser, y como ha demostrado serlo, está claro que no quiere desperdiciar su oportunidad de oro: en sus manos está depositada la responsabilidad de seguir la obra de Moore con su propia historia original, y Lindelof no parece dispuesto a malgastarla escribiendo cualquier cosa sólo para que lleve la marca "Watchmen" en la parte delantera. Eso nos da la seguridad de que, en caso de que HBO anuncie una segunda temporada, será porque Lindelof ha encontrado otra nueva idea capaz de hacerle justicia al legado de Watchmen. Y, si no la encuentra, al menos siempre podremos conservar esta carta de amor televisiva.

Cristina M. Pérez
Colaboradora
hbo
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