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Francia da una lección a España: exige que se prepare porque la corriente del Atlántico está cerca de colapsar

Durante décadas se creyó que las corrientes oceánicas eran estructuras inmutables. Hoy, la ciencia empieza a desmontar esa idea.
Francia da una lección a España: exige que se prepare porque la corriente del Atlántico está cerca de colapsar
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Actualizado: 7:02 16/5/2026
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Durante gran parte del siglo XX, la idea de que las grandes corrientes oceánicas pudieran colapsar se consideraba ciencia ficción. Estos sistemas, tan vastos y estables, parecían inmunes a alteraciones significativas. Esta percepción está cambiando a medida que se acumulan nuevos datos y se refinan los modelos climáticos. Las soluciones, la gran mayoría de ellas imaginativas, son muchas.

En el centro de esta revisión científica se encuentra la circulación meridional del Atlántico (AMOC), un regulador clave del clima global. Funciona como una gigantesca cinta transportadora oceánica que desplaza agua cálida desde los trópicos hacia el Atlántico Norte y devuelve agua fría hacia el sur. Este proceso suaviza el clima europeo y estabiliza patrones climáticos en todo el planeta.

Francia advierte a España: prepárense, la corriente del Atlántico está al borde del colapso

Sin la AMOC, Europa experimentaría un enfriamiento notable, pero las consecuencias serían mucho más amplias. Influye en la distribución de las lluvias tropicales, la productividad de los ecosistemas marinos y la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono, un factor crucial en la regulación del cambio climático.

El último estudio publicado en Science Advances, que combina datos observacionales con modelos climáticos de alta resolución, introduce un giro significativo en nuestra comprensión del sistema. Sus conclusiones sugieren una desaceleración mucho más pronunciada de lo que se pensaba, con una reducción estimada entre el 42% y el 58% para finales de siglo.

Pero hay más. La preocupación principal de la comunidad científica no reside únicamente en la magnitud del debilitamiento, sino en la estimación de que la probabilidad de colapso podría superar el 50%, lo que lo convierte en un escenario plausible, no meramente remoto.

Tormenta en el Atlántico

Hasta hace poco, la hipótesis de un colapso de la AMOC antes del año 2100 se consideraba improbable o, en el mejor de los casos, muy incierta. Hoy, aunque persisten las incertidumbres, los márgenes se han estrechado y las proyecciones más recientes apuntan a escenarios claramente más adversos.

En contra de lo que muchos están diciendo, no se trata de un apagón repentino del sistema oceánico, sino de la posibilidad de alcanzar un punto de no retorno a partir del cual el clima global entraría en una fase de profunda reorganización, con cambios difíciles de revertir. Como os podéis imaginar, las implicaciones de un escenario así serían amplias y desiguales. El norte de Europa podría experimentar descensos térmicos muy notorios, de varios grados, con caídas repentinas bruscas, mientras que el sur del continente, incluida la península ibérica, vería intensificarse las sequías y los episodios de lluvias fuertes.

En otras partes del mundo, se producirían alteraciones en los monzones y las lluvias tropicales, un aumento del nivel del mar en el Atlántico, impactos en los ecosistemas marinos y en la producción de alimentos, y una menor capacidad del océano para capturar CO₂, lo que reforzaría el calentamiento global.

Más allá del diagnóstico científico, vital en este caso, el estudio plantea una cuestión incómoda: la preparación política. Algunos países, como Francia, ya han comenzado a incorporar estos escenarios extremos en su planificación climática, contemplando la posibilidad de cambios bruscos y no lineales que obliguen a adaptar infraestructuras, agricultura y gestión de riesgos.

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En este contexto, España se presenta como uno de los países especialmente expuestos a los efectos de un debilitamiento de la AMOC, sobre todo por el riesgo de una reducción adicional de las precipitaciones en un territorio ya tensionado por la sequía. Sin embargo, el debate científico sigue abierto. Una parte de los expertos sostiene que el escenario más probable no es un colapso total, sino un debilitamiento severo. Pero incluso esa versión “moderada” del escenario plantea desafíos significativos para la adaptación.derada” bastaría para alterar de forma profunda el equilibrio climático global.

La comunidad científica asume que la corriente se debilita. Ahora se debate cuándo y con qué intensidad cruzará el umbral que separa un cambio gradual de una transformación irreversible del sistema climático.

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