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Países Bajos busca construir un megadique de 100 km entre Alaska y Rusia para evitar el colapso de la corriente atlántica

Países Bajos no quiere quedarse de brazos cruzados. El impacto del cierre del estrecho varía según el escenario, y puede estabilizar la circulación o hacerla más vulnerable si se actúa tarde.
Países Bajos busca construir un megadique de 100 km entre Alaska y Rusia para evitar el colapso de la corriente atlántica
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Actualizado: 7:04 8/5/2026
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Hace unos días asistíamos atónitos a la construcción de un muro colosal para evitar el deshielo de algunos de los glaciares más importantes del planeta. Y ahora, esa misma idea, que parece sacada de una novela de ciencia ficción, vuelve a materializarse bajo otra forma. Un ejemplo de ello es la propuesta teórica de la Universidad de Utrecht, que sugiere cerrar el estrecho de Bering para modificar el flujo de agua entre el Pacífico y el Ártico. El objetivo es ganar tiempo ante un posible colapso de la circulación meridional de retorno del Atlántico (AMOC), una de las principales cintas transportadoras del clima global.

Países Bajos planea construir un dique de 100 kilómetros entre Alaska y Rusia para mitigar el colapso de la corriente atlántica

Publicado en Science Advances, el estudio no plantea una obra inminente. Sus autores lo describen como un experimento conceptual para explorar escenarios límite. En teoría, la intervención consistiría en construir un sistema de tres diques a lo largo del estrecho, con un tramo principal de unos 38 kilómetros dentro de un paso que, en total, mide alrededor de 100 kilómetros.

La idea se basa en un delicado equilibrio oceánico. Parte del agua relativamente dulce del Pacífico fluye por el Bering hacia el Ártico y, desde allí, influye en el Atlántico Norte. El funcionamiento de la AMOC depende en gran medida de la salinidad, la temperatura y la capacidad de las masas de agua para hundirse. Alterar este aporte de agua dulce podría, en ciertos escenarios, mantener el Atlántico más salino y sostener la circulación. Investigadores como Jelle Soons y Henk Dijkstra modelan este fenómeno.

Corriente Atlántico y Pacífico

Hay que destacar que el estudio advierte que no hay garantías. El efecto depende del estado de la AMOC y del nivel de emisiones globales. Si la AMOC aún es fuerte, cerrar el estrecho podría retrasar su debilitamiento y ampliar el margen climático. Si, por el contrario, ya está muy erosionada, el efecto podría ser el inverso y acelerar su fragilidad.

La construcción de una obra de tal magnitud sería colosal: los propios diseñadores del proyecto afirman que no hay seguridad de su funcionamiento

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Más allá de la teoría, la realidad impone límites claros a una construcción de esta índole. Países Bajos no tiene ningún plan político para construir una barrera entre Rusia y Alaska, y plantear algo así implica enormes problemas. Lo que existe es un debate académico que revive una de las ideas más radicales de la geoingeniería climática.

Y no es de extrañar. El estrecho de Bering no es solo un punto en el mapa; es un espacio crucial para ecosistemas marinos, rutas de navegación, pesca y comunidades indígenas. Además, atraviesa una de las fronteras geopolíticas más delicadas del mundo, en plena relación entre Estados Unidos y Rusia.

Incluso sin considerar la dimensión política, el desafío técnico sería monumental. Aunque es un paso relativamente poco profundo, construir una infraestructura de tal magnitud en una de las zonas más remotas y frágiles del planeta es casi imposible. En el mejor de los casos, se trata de un ejercicio teórico que nos ayuda a comprender mejor los límites del sistema climático, no de un proyecto que se materializará en un futuro próximo.

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