Estados Unidos investigó y financió programas de modificación meteorológica en plena Guerra Fría, y parte de esa documentación quedó reflejada en informes oficiales de los años sesenta, incluidos textos desclasificados de la CIA y mensajes de Lyndon B. Johnson al Congreso sobre weather modification. Eso es real. Lo que no demuestran esos papeles es una operación secreta continuada de “chemtrails” para intoxicar a la población.
Pongamos orden. Por un lado estuvo Project STORMFURY, un programa para intentar debilitar huracanes mediante siembra de nubes con yoduro de plata. Por otro, Operation Popeye, el programa militar usado en la guerra de Vietnam para intentar alargar el monzón sobre rutas logísticas enemigas. Ambos existieron. Pero NOAA subraya que STORMFURY no funcionó y fue cancelado, y los documentos históricos sobre Popeye hablan de manipulación de lluvias en un teatro de guerra concreto, no de fumigación masiva sobre la población estadounidense o global.
Investigación real, uso bélico puntual y mito moderno
La siembra de nubes histórica usó compuestos como yoduro de plata y, en algunos episodios antiguos, se ha mencionado también yoduro de plomo en contextos bélicos o experimentales. Eso merece crítica y contexto histórico, especialmente en Vietnam. Pero convertir ese precedente en prueba de que las estelas de los aviones actuales son una campaña global de envenenamiento no está justificado por la evidencia disponible, por ahora.
Las agencias científicas estadounidenses llevan años desmontando precisamente esa parte. NOAA explica que los llamados “chemtrails” no tienen base científica y que las estelas persistentes suelen ser contrails, cristales de hielo formados por vapor de agua del escape de los aviones a gran altitud. La EPA distingue además entre teorías conspirativas sobre fumigación aérea y debates reales sobre geoingeniería solar, y dice de forma explícita que no existe evidencia de un programa gubernamental secreto de rociado químico para controlar la población o el clima.
Lo que sí prueban los documentos y lo que no
Eso no significa que el Gobierno de EE. UU. tenga las manos limpias en toda la historia de la manipulación atmosférica. Sí hubo ambiciones de dominar el tiempo meteorológico, sí hubo memorandos sobre ventaja estratégica frente a la URSS y sí se llegó a usar la modificación de lluvias como herramienta militar en el Sudeste Asiático. De hecho, ese legado fue tan problemático que terminó alimentando décadas de desconfianza pública y ayudó a que crecieran teorías más extremas sobre control del cielo.















