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EEUU desclasifica un informe de la CIA sobre una 'posible' vía para curar el cáncer durante a Guerra Fría y provoca indignación

Podría haber sido una ventana útil a las ideas biomédicas de la Guerra Fría y una línea de investigación en aquella época. Ahora estamos a años luz de sus afirmaciones.
EEUU desclasifica un informe de la CIA sobre una 'posible' vía para curar el cáncer durante a Guerra Fría y provoca indignación
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Actualizado: 10:11 11/3/2026
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La historia suena explosiva porque mezcla tres ingredientes que funcionan muy bien en internet: la CIA, la Guerra Fría y una supuesta pista olvidada sobre el cáncer. El documento existe de verdad, pero conviene mirarlo un poco desde el escepticismo antes de convertirlo en una conspiración médica. Un viejo documento de inteligencia podría haber sido una ventana útil a las ideas biomédicas de la Guerra Fría, pero no sustituye ni a los ensayos clínicos ni al consenso oncológico actual.

Lo que ha surgido ahora no es una “cura escondida” lista para aplicarse, sino un informe de inteligencia de 1951 que resumía un artículo soviético sobre parecidos bioquímicos entre ciertos parásitos internos y los tumores malignos. Fue desclasificado por la CIA en 2014, así que tampoco estamos ante un hallazgo recién abierto al público, pero como se ha revisado ahora, de ahí la viralidad.

El matiz importante está en lo que decía realmente aquel texto. El informe recogía la idea de que parásitos y tumores podían compartir algunas condiciones metabólicas, como su capacidad para sobrevivir en entornos con poco oxígeno o almacenar reservas energéticas. Esa parte, vista desde hoy, no resulta disparatada en términos generales: la biología del cáncer lleva décadas estudiando cómo muchas células tumorales reconfiguran su metabolismo para crecer en microambientes hostiles, pobres en oxígeno y nutrientes. Otra cosa muy distinta es saltar de ahí a afirmar que “el cáncer es un parásito” o que Washington guardó un tratamiento definitivo en un cajón.

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Lo que dice la ciencia actual y lo que no dice

De hecho, la oncología contemporánea no sostiene que el cáncer sea, en sentido literal, una infección parasitaria. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos sí reconoce que algunos agentes infecciosos, incluidos ciertos parásitos, pueden causar cáncer o aumentar su riesgo, normalmente por inflamación crónica, daño tisular o alteraciones prolongadas en el organismo. Ahí entra, por ejemplo, Schistosoma haematobium, un gusano parásito asociado desde hace años al cáncer de vejiga, algo que también recoge la IARC, la agencia de la OMS especializada en carcinógenos. Pero eso no significa que todos los tumores sean parásitos disfrazados, ni mucho menos que exista una única llave terapéutica escondida desde 1951.

También conviene mirar con distancia los nombres que más se están repitiendo en redes, como Myracyl D. Que un compuesto antiguo mostrara actividad experimental sobre parásitos y ciertos tumores en estudios de mitad del siglo XX no equivale a que fuera una cura clínica bloqueada por el Estado. La historia del cáncer está llena de moléculas prometedoras que funcionaron en modelos limitados y jamás se consolidaron como tratamientos eficaces, seguros o reproducibles en pacientes. Lo que recoge ese informe soviético es, sobre todo, una fotografía de una época en la que se estaban explorando hipótesis muy abiertas sobre la naturaleza de los tumores.

Una relación real, pero mucho más compleja

La ironía es que la conexión entre parásitos y cáncer sí existe, pero en un sentido mucho más complejo y menos cinematográfico que el viral de turno. Hay parásitos capaces de favorecer ciertos cánceres; incluso se han descrito casos extraordinarios en los que células tumorales originadas en un parásito infectaron a una persona inmunodeprimida. Y, al mismo tiempo, los investigadores siguen estudiando paralelismos funcionales entre tumores y organismos parásitos, sobre todo en campos como el metabolismo, la evasión inmune o la relación con el huésped. Ese terreno es científicamente interesante, pero está muy lejos de validar el eslogan fácil de “la CIA sabía cómo curar el cáncer”.

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