Durante décadas, el SR-71 Blackbird fue sinónimo de velocidad extrema en aviación. Este icónico avión de reconocimiento estadounidense, capaz de superar Mach 3, estableció el récord absoluto de velocidad para un avión tripulado con motores que respiran aire en 1976. Pocas aeronaves se han acercado a aquel logro desde entonces. Sin embargo, la carrera por el vuelo supersónico y, en última instancia, hipersónico, parece estar resurgiendo, y uno de los proyectos más destacados proviene de la empresa estadounidense Hermeus.
A diferencia de los programas tradicionales que buscan un avión revolucionario desde el principio, Hermeus opta por un desarrollo gradual. Su estrategia consiste en construir una serie de prototipos que aborden progresivamente los desafíos de la alta velocidad. En este contexto, surge el Quarterhorse Mk 2.1, un avión no tripulado que ya ha comenzado sus ensayos en vuelo y que forma parte de una hoja de ruta diseñada para devolver a Estados Unidos a la vanguardia del vuelo supersónico.
EE.UU persigue el liderazgo hipersónico: el Quarterhorse Mk 2.1 apunta a redefinir la velocidad en el cielo
El Quarterhorse Mk 2.1 tiene dimensiones comparables a un F-16 y monta una configuración de ala delta optimizada para volar rápido. Incorpora una toma de aire variable y un motor Pratt & Whitney F100, el mismo que impulsa muchos cazas estadounidenses. Pilotado de forma remota desde tierra, permite recoger datos detallados sobre aerodinámica, control y sistemas sin poner en riesgo a un piloto.
El primer vuelo del prototipo se realizó desde Spaceport America, sobre el espacio aéreo de White Sands Missile Range en Nuevo México, y sirvió para verificar el funcionamiento de los sistemas y recopilar información sobre la estabilidad y el comportamiento del avión en condiciones reales. Cada prueba es un paso más dentro de una campaña gradual: se ajustan parámetros, se amplía la envolvente de vuelo y se preparan nuevos ensayos antes de aspirar a velocidades superiores.
Este prototipo forma parte de la fase Mk 2 del programa, y los datos obtenidos alimentarán el siguiente modelo, el Quarterhorse Mk 2.2, encargado de intentar superar la barrera del sonido. Distribuir los desafíos técnicos entre varios prototipos permite minimizar riesgos y acelerar el aprendizaje.
Más allá del récord, estas pruebas responden a intereses estratégico de cara al transporte ultrarrápido, las misiones de reconocimiento militar y las ansiadas nuevas capacidades de defensa. Aunque el programa sigue en fases iniciales, el despegue del Mk 2.1 marca el inicio de un ambicioso camino hacia la reinvención del vuelo supersónico y la recuperación de la hegemonía estadounidense en la velocidad aérea.















