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El inquietante hallazgo a 4700 metros de profundidad que llevaba décadas oculto en el Atlántico: un problema de seguridad global

Una misión científica del CNRS ha cartografiado por primera vez estos residuos hundidos a más de 4.700 metros y ha documentado el deterioro de algunos de los barriles.
El inquietante hallazgo a 4700 metros de profundidad que llevaba décadas oculto en el Atlántico: un problema de seguridad global
Alberto González ·
Actualizado: 17:00 6/9/2026

El fondo de los océanos continúa siendo uno de los territorios más desconocidos del planeta. Aunque los mares ocupan alrededor del 70 % de la superficie terrestre, las grandes profundidades siguen escondiendo numerosos secretos debido a las enormes presiones, la ausencia casi absoluta de luz y las dificultades técnicas que implica explorarlas. Todavía quedan amplias zonas por cartografiar y numerosas especies por identificar.

Pero algunos de los descubrimientos que aparecen en las profundidades no son fruto de la naturaleza, sino de la actividad humana. Es el caso de una reciente investigación que ha permitido localizar y estudiar un enorme depósito de residuos radiactivos hundido durante décadas en el océano Atlántico.

Un inquietante hallazgo a 4700 metros de profundidad, oculto en el Atlántico durante décadas, plantea un problema de seguridad mundial

En concreto, se trata de más de 200.000 barriles con residuos radiactivos que distintos países europeos arrojaron al Atlántico nororiental entre las décadas de 1950 y 1990. El objetivo de una misión científica desarrollada en junio y julio de 2025 dentro del proyecto NODSSUM fue conocer con mayor precisión dónde se encuentran estos recipientes y comprobar cuál es su estado después de tantos años bajo el agua.

La expedición estuvo dirigida por el CNRS, el principal organismo público de investigación científica de Francia, y supuso la primera campaña de cartografía dedicada específicamente a este conjunto de residuos. Los barriles contienen materiales clasificados como residuos radiactivos de baja y media actividad.

Para estudiar directamente la zona, el minisubmarino de aguas profundas Nautile realizó un total de 20 inmersiones a más de 4700 metros de profundidad. Los investigadores pudieron observar tanto los barriles como el entorno que los rodea y comprobaron que algunos presentan un avanzado deterioro.

Uno de los aspectos más llamativos de la investigación fue comprobar que determinados recipientes habían llegado a liberar parte de su contenido en el océano. La expedición también permitió identificar algunos de los materiales empleados originalmente para encapsular los residuos, entre ellos resina, betún y cemento.

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Las muestras y mediciones realizadas durante la misión detectaron la presencia de radionúclidos asociados habitualmente a este tipo de residuos. Aunque los niveles registrados fueron superiores a los que se habían previsto inicialmente, las concentraciones continuaban siendo, en términos generales, reducidas. Según los investigadores, esto permite trabajar con las muestras sin que sean necesarias medidas extraordinarias de protección radiológica. El equipo científico también tomó muestras de agua, sedimentos y organismos marinos presentes en la zona. El propósito es determinar hasta qué punto los radionúclidos pueden desplazarse desde los barriles y cómo interactúan con el ecosistema de las grandes profundidades.

La investigación todavía no ha terminado. Los científicos pretenden utilizar los datos obtenidos para comprender mejor cómo se transportan y migran estos elementos radiactivos en el fondo oceánico y conocer las posibles consecuencias de su presencia prolongada sobre los ecosistemas marinos.

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