En la zona alta de Quebrada Seca, en el municipio Cedeño del estado Monagas, Venezuela, ha salido a la luz un hallazgo que vuelve a poner el foco sobre el arte rupestre del oriente venezolano. A unos 647 metros de altitud, autoridades locales y equipos técnicos han documentado un conjunto de petroglifos con espirales, círculos concéntricos y figuras humanas que podría situarse entre los más antiguos de la región. La noticia fue difundida primero por medios venezolanos en febrero, tras una inspección realizada a finales de enero.
El enclave se encuentra a unos 3,5 kilómetros de la población de San Félix, en una zona que ya arrastraba fama arqueológica, pero donde este descubrimiento ha elevado todavía más la expectación. El municipio de Cedeño suele presentarse como una de las áreas con mayor concentración de petroglifos de Monagas, vinculada a la huella histórica de pueblos indígenas como los chaima y los kariña.
Motivos, símbolos y lecturas abiertas
Lo que más llama la atención es la escala simbólica del conjunto. Las figuras grabadas incluyen motivos geométricos repetidos, trazos curvos y formas antropomorfas que, según las descripciones difundidas por las autoridades y la prensa local, podrían estar relacionadas con visiones rituales, ciclos naturales o formas de memoria colectiva de las comunidades originarias. Esa lectura, sin embargo, sigue siendo por ahora interpretativa y no equivale todavía a una conclusión arqueológica cerrada.
La datación es otro de los puntos que más interés despiertan, aunque también exige prudencia. Las estimaciones iniciales sitúan los grabados entre 4.000 y 8.000 años de antigüedad, una horquilla muy amplia que los colocaría entre los registros rupestres más antiguos conocidos en esa parte de Venezuela. De momento, esa cronología circula como una valoración preliminar difundida por las autoridades locales y recogida por varios medios, no como una fecha ya respaldada por una publicación científica revisada por pares.
Contexto territorial y reto de conservación
Más allá de la edad exacta, el hallazgo refuerza una idea que los investigadores locales llevan tiempo defendiendo: que esta franja del oriente venezolano pudo funcionar como corredor de tránsito y asentamiento para grupos humanos durante milenios. La ubicación elevada del bloque grabado, su visibilidad y la complejidad de las incisiones apuntan a que no se trataría de una marca casual, sino de un lugar con valor cultural, territorial o ceremonial dentro de paisajes indígenas hoy muy transformados. Esta última lectura es una inferencia razonable apoyada en la localización y en el tipo de motivos descritos por las fuentes disponibles.















