La saga Rhythm Heaven (más conocida como Rhythm Paradise en Europa) nos ha dado varias entregas musicales de lo más singulares. Su concepto de juego, apoyado en minijuegos rítmicos, ha sustentado la aparición de cuatro videojuegos durante los últimos 20 años, a los que se va a sumar Rhythm Paradise Groove durante las próximas semanas: llegará en unas semanas a Nintendo Switch (y también Switch 2).
Se trata de una serie peculiar por contar con Mitsuo Terada (Tsunku) en su producción, un cantante y compositor musical que, a través de su propia compañía (TNX), ha reunido a distintas voces profesionales (incluyendo grupos japoneses como Canary Club) para la creación de los distintos videojuegos de esta licencia.
Dado el planteamiento, no es de extrañar que Rhythm Paradise haya contado con tanta aceptación durante todos estos años, con juegos que destacan por su simpatía y sentido del humor.
Rhythm Paradise mantiene el ritmo en Nintendo Switch
Rhythm Paradise Groove no se distancia de la estela de anteriores videojuegos, pero se da una circunstancia significativa, y es que el último juego (Rhythm Heaven Megamix) lo recibimos hace 10 años. Es tiempo más que suficiente como para que una nueva entrega se sienta como una novedad, y en este caso es justamente lo que hemos comprobado al jugarlo. Es algo así como un Rhythm Paradise de nueva generación, aunque manteniendo todo lo que lo hizo icónico.
Comenzamos por lo básico: sentir el ritmo. Esta era la clave inicial de anteriores títulos, y aquí el proceso de tutorial es idéntico, con un pequeño minijuego en que habituarnos a la presión de botones siguiendo el compás musical. Consistía en unas pequeñas criaturas que saltaban a través de unos aros; nosotros manejábamos a una de ellas y debíamos presionar el botón en el momento exacto, siguiendo el ritmo que iban marcando el resto. Fácil de decir, pero no tan sencillo de ejecutar: el timing es muy preciso y está ajustado a la milésima de segundo, con lo cual se requiere precisión absoluta.
Jugamos a una batería de minijuegos, cada vez más complejos. En uno de ellos había un maneki-neko (gato de la suerte) que debíamos hacer saltar siguiendo el ritmo de sus compañeros, con la salvedad de que había un par de acciones diferentes -como rodar- que se ejecutaban con otros botones, cambiándote los esquemas y obligándote a estar concentrado al cien por cien en los avisos que iban apareciendo (siempre en forma de tonos musicales que aportan riqueza a las composiciones).
Así, los minijuegos siempre van de menos a más, con la introducción de variantes que te obligan a adaptarte y reaccionar, siempre siguiendo el ritmo de la música. Nuestro instructor (que habla en español mediante tecnología de interpretación automatizada) nos dice incluso que podríamos jugar con los ojos cerrados, y es totalmente cierto. No obstante, te estarías perdiendo la gracia de los diseños y animaciones, que dentro de su simpleza hay que reconocer que funcionan bastante bien.
A este respecto, la sencillez artística recuerda a los juegos de la saga WarioWare, con gráficos 2D que parecen muy artesanales, al estilo de dibujos animados. Tiene su encanto, y cada minijuego constituye una pequeña píldora de creatividad. Unos paraguas que se abren y cierran al ritmo de la música, un perro saltando para atrapar un disco volador al compás musical, una niña saltando a la comba junto a una botella con vida… Son situaciones cotidianas pero con elementos fantásticos que las hacen peculiares.
Cada minijuego se puntúa al final con una calificación. Nosotros obtuvimos en la mayor parte un "notable alto", aunque también nos cayó algún que otro "excelente". No nos pareció excesivamente difícil en esta toma de contacto, aunque estamos seguros de que el juego final tendrá situaciones de lo más desafiantes y que completarlo con las mejores puntuaciones será todo un logro.
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Por lo que hemos visto, el juego se compone de varias baterías de minijuegos, y cada una de ellas tiene como colofón un minijuego más complejo con fragmentos interconectados de los anteriores. Si habéis jugado a estos títulos, el esquema sigue igual, aunque hay novedades. Una de ellas es la incorporación del modo Beatspell, que es algo así como un RPG rítmico en que se van sucediendo una serie de enfrentamientos.
Nos ha parecido una modalidad muy original e inspirada, ya que mediante la presión rítmica de los botones podemos desencadenar hechizos para fulminar la barra de vida de los enemigos que vayan apareciendo. Dependiendo de nuestra precisión, nuestras ofensivas serán más o menos fuertes. También deberemos tener un ojo puesto en nuestra propia salud, para activar pociones de curación con otra pauta de botones diferente. Por supuesto, habrá jefes, y podremos subir de nivel, mejorando así las estadísticas.
Lo dicho, es una opción de juego interesante, y estamos expectantes por comprobar qué otras sorpresas podremos encontrar en Rhythm Paradise Groove, que promete darnos diversión rítmica, simpática e igualmente desafiante a la altura -al menos- de pasadas entregas. Lo comprobaremos en Nintendo Switch (y también Switch 2) cuando aparezca el próximo 2 de julio.
Hemos realizado estas impresiones tras probar el juego en un evento en las oficinas de Nintendo España.


































