Tenemos que admitir que Blizzard nos ha sorprendido. Si hay algo que no esperábamos este año es que Diablo II recibiera una expansión completamente nueva en pleno 2026, es decir, un cuarto de siglo después del lanzamiento de Diablo II: Lord of Destruction, pero a veces la vida es maravillosa y nos da pequeñas alegrías como esta. ¿Lo mejor? Que Reign of the Warlock ha resultado ser todo un caramelito que nos da motivos más que suficientes para regresar a uno de los juegos más importantes e influyentes de la historia.
Una nueva forma de jugar a Diablo II
Antes de empezar a detallaros nuestras impresiones debemos advertiros de algo fundamental: esta expansión no suma ningún tipo de contenido narrativo. Es decir, no hay un nuevo acto ni nuevas misiones de historia ni nuevas secuencias de vídeo que amplíen de algún modo la trama argumental del título original.
En vez de eso, el plato fuerte de este DLC lo tenemos en la llegada de una clase completamente nueva: el Brujo, la cual muestra una versión algo más primigenia que la que veremos en Diablo Immortal y Diablo IV, ofreciéndonos un estilo de juego muy distinto al que veremos en dichos títulos y que encaja de maravilla con la propuesta de este clásico atemporal.
Definir al Brujo es un tanto complicado, ya que es una clase que parece beber de otras como el Nigromante o la Hechicera pero que, a su vez, no se parece a ninguna de ellas y propone algo muy único cuya mayor virtud reside en el hecho de que parece que siempre haya estado en el juego.
Cuando se introduce nuevo contenido tras tantísimos años en un título que se lanzó hace un cuarto de siglo, suele existir el riesgo de que sus mecánicas y diseño respondan a las sensibilidades modernas y actuales, dejando claro que es algo que se hizo a posteriori, pero el Brujo es una clase que ha sido creada con tanto cariño y atención al detalle que su integración dentro del título es total.
A la hora de jugar es puro Diablo II, pero simultáneamente las sensaciones que transmite a los mandos o al ratón son novedosas y refrescantes, abriendo todo un nuevo abanico de posibilidades a la hora de experimentar la carnicería de demonios habitual de esta aventura.
Así pues, las tres ramas de especializaciones con las que cuenta el brujo son Demonio, Caos y Sobrenatural. Demonio, tal y como su propio nombre indica, nos permite invocar a distintas criaturas para que luchen por nosotros, pudiendo incluso vincular a ciertos enemigos a nuestro personaje para convertirlos en aliados. Además, también hay habilidades para "consumirlos" y obtener una gran bonificación, para desviar el daño hacia ellos y más.
Esta es una rama que puede engañar mucho al principio, ya que es cierto que le cuesta un poco arrancar y en los primeros compases quizá no os parece demasiado divertida. En un primer vistazo recuerda al Nigromante, pero con menos criaturas a nuestro mando y con un papel un tanto más pasivo por parte del jugador, aunque existen construcciones de personaje que parten de este árbol de habilidades para permitirnos potenciar nuestro daño y resistencia hasta límites insospechados, convirtiéndonos en poco menos que un semidiós inmortal capaz de limpiar la pantalla de enemigos en segundos. Y todo ellos sin necesidad de estar bien equipados.
Por ello, creemos que este tipo de builds van a ser especialmente populares entre los jugadores que prefieran jugar en Incondicional, ya que no existe ahora mismo ninguna otra clase en Diablo II con más supervivencia que el Brujo.
En lo que respecta a la rama de Caos, aquí tenemos una especialización ideal para quienes disfruten sembrando la destrucción con devastadores hechizos de área que arrasan con todo. Ideal para quienes disfruten llenando la pantalla de llamas, fisuras en la realidad y proyectiles de toda clase que fulminan todo lo que tocan.
Finalmente, Sobrenatural es la más novedosa de las tres, ya que busca convertirnos en un combatiente con armas mágicas capaz de cambiar las reglas del juego con habilidades que nos permiten, por ejemplo, usar armas a dos manos con una sola o encantarlas para atacar con ellas como si fuesen proyectiles.
Como veis, estas tres ramas combinadas ofrecen una cantidad de posibilidades enorme para que demos rienda suelta a nuestra imaginación construyendo a nuestro personaje y creando nuevas formas de jugar, con el aliciente de que todas las habilidades que hemos probado nos han parecido divertidísimas. Es una clase que nos ha devuelto de golpe y porrazo esa ilusión que sentíamos a principios de los 2000 experimentando con las clases originales de Diablo II, intentando descubrir la mejor manera de sacarles partido y debatiendo en los foros de Internet sobre cuáles son las construcciones más rotas y divertidas.
Eso sí, por nuestras palabras ya habréis podido deducir también el que quizá sea el aspecto más controvertido de este personaje: está completa y absolutamente roto. Incluso con una mala build, es una clase que arrasa en el campo de batalla en Normal y Pesadilla y que tiene una facilidad increíble para derretir hasta a los jefes más temibles en Infierno si la optimizamos bien. Además, su consumo de maná es irrisorio, por lo que siempre vais a poder ir con todo sin necesidad de conteneros. Quizá este sea el punto en el que más se nota que el Brujo es una clase que ha sido estrenada en 2026, ya que no tiene ni una sola habilidad que podamos catalogar como "mala".
Otras novedades
Más allá de la llegada de este nuevo héroe, Reign of the Warlock introduce una serie de mejoras de calidad de vida que quizá parezcan poca cosa, pero que elevan y mucho la experiencia. Nuestra favorita es, sin duda, las nuevas opciones para gestionar el inventario y que nuestro alijo deje de ser un completo y absoluto caos.
Así pues, se han introducido diferentes pestañas al alijo para ofrecer una mayor y mejor organización, podemos activar filtros para que aparezcan resaltados los objetos de mayor rareza y no tengamos problemas a la hora de buscarlos y de paso se ha aprovechado la ocasión para hacer que podamos acumular varias unidades de una misma gema, runa o material en un solo hueco del inventario.
Por otra parte, las zonas de terror se han actualizado para darnos un mayor control sobre las rutas que haremos en ellas, permitiéndonos así apuntar a los objetivos que queremos "farmear". Además, se ha añadido una versión incluso más difícil del desafío de los Antiguos para los jugadores de más nivel que si bien no hemos podido probar por nosotros mismos todavía, pinta a ser realmente temible, aunque las recompensas merecerán la pena.
Hablando de recompensas, también se han incluido nuevas piezas de equipo y se ha implementado un registro que nos permite consultar en cualquier momento qué objetos hemos conseguido durante toda la partida, pudiendo obtener diversos tesoros por completar conjuntos. Como decimos, quizá parezcan cosas pequeñas, pero en conjunto acaban por convertir a Diablo II en un juego más redondo, pulido y, en definitiva, mejor.
Ahora bien, todas estas novedades y cambios van en contra del espíritu con el que nació Diablo II Resurrected, que no era otro que el de preservar intacta la experiencia original de Diablo II llevándolo a más plataformas, adaptándolo a los sistemas actuales e introduciendo un nuevo apartado gráfico que, en el caso de que lo deseáramos, podíamos alternar en tiempo real con el aspecto visual de toda la vida.
Para resolver este dilema, Blizzard ha decidido replicar la estrategia vista en World of Warcraft con su sistema de eras, permitiéndonos escoger entre jugar la versión base de Diablo II Resurrected o la de Reign of the Warlock, con todas las mejoras de calidad de vida mencionadas y la nueva clase. Eso sí, en esta última no podréis cambiar a los gráficos clásicos y obviamente solo podréis acceder a ella si pagáis los 24,99 euros que cuesta la expansión.
Conclusiones
Diablo II: Resurrected - Reign of the Warlock ha sido una muy grata sorpresa. Se trata de una expansión que aporta contenido de calidad y mejoras muy llamativas a un juegazo que, más de un cuarto de siglo después, nos sigue divirtiendo como el primer día. El Brujo ha resultado ser una novedad excelente y tremendamente interesante que se ha ganado su lugar en el juego por derecho propio y no simplemente por ser algo "nuevo", un personaje tan bien diseñado, tan divertido y con tantas posibilidades que si no lo supiésemos nos creeríamos que siempre ha formado parte de esta aventura.
Obviamente nos hubiese gustado que también trajese consigo un nuevo acto y nuevos contenidos narrativos, por lo que su ausencia podría restarle atractivo si simplemente buscas jugar a Diablo II de manera casual de tanto en cuando. Pero si eres de los que llevan más de dos décadas aniquilando demonios sin descanso, compitiendo en las tablas clasificatorias y maximizando a vuestros héroes, aquí vas a encontrar un añadido que estamos convencidos de que va a renovar exponencialmente tu interés por esta incombustible obra maestra.
Hemos escrito estas impresiones gracias a un código de descarga para PC que nos ha facilitado Blizzard.









































