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China plantó millones de árboles en 1978: casi 50 años después, la 'Gran Muralla Verde' está 'comiéndose' los bosques naturales

La ambiciosa iniciativa, puesta en marcha en 1978 con la plantación de más de 66.000 millones de árboles, logró contener el avance de los desiertos, aunque ha provocado consecuencias para la salud.
China plantó millones de árboles en 1978: casi 50 años después, la 'Gran Muralla Verde' está 'comiéndose' los bosques naturales
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Actualizado: 7:31 6/7/2026
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Cuando China puso en marcha la conocida como 'Gran Muralla Verde' en 1978, el objetivo era tan ambicioso como necesario: levantar una gigantesca barrera vegetal capaz de frenar el avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán, reducir las devastadoras tormentas de arena y recuperar millones de hectáreas degradadas.

Casi medio siglo después, el balance ambiental es muy positivo, aunque el proyecto también ha dado lugar a un efecto secundario que nadie había previsto: un importante incremento de las enfermedades alérgicas entre quienes viven cerca de estas plantaciones.

En 1978, China inició un ambicioso proyecto de reforestación, plantando millones de árboles. Casi cinco décadas después, la ‘Gran Muralla Verde’ ha tenido un impacto inesperado

Desde su creación, el programa ha supuesto la plantación de más de 66.000 millones de árboles a lo largo de un corredor forestal de unos 4500 kilómetros. La iniciativa, que ha requerido una inversión de miles de millones de euros, ha permitido restaurar alrededor de 150.000 kilómetros cuadrados de superficie forestal y se considera uno de los mayores proyectos de reforestación jamás emprendidos por el ser humano.

Los resultados ambientales han sido notables. La expansión de los desiertos se ha ralentizado de forma significativa y la frecuencia de las tormentas de arena se ha reducido en torno a un 70%. Además, distintos estudios estiman que estas plantaciones absorbieron aproximadamente el 5% de las emisiones de dióxido de carbono de China entre 1978 y 2017, convirtiéndose también en una herramienta relevante dentro de la estrategia climática del país.

Eso sí, conviene destacar que los investigadores advierten que no todos los bosques funcionan igual. En declaraciones a Live Science, el ecólogo paisajista Yuhang Luo, autor del primer estudio centrado en este fenómeno, explica que los bosques creados mediante plantaciones incrementaron su área foliar un 66% más rápido que los ecosistemas forestales naturales.

El científico recuerda además que muchos modelos climáticos siguen tratando todos los bosques como si fueran equivalentes, cuando en realidad la composición de especies, la edad de los árboles y la forma en que evolucionan estos ecosistemas pueden alterar significativamente sus efectos sobre el medio ambiente.

No obstante, el éxito ecológico ha venido acompañado de un problema sanitario creciente. En numerosas poblaciones próximas a la 'Gran Muralla Verde' se ha detectado un aumento de las alergias estacionales, especialmente asociado a algunas de las especies elegidas para acelerar la reforestación.

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Una de las principales responsables es la artemisia, una planta muy resistente y de rápido crecimiento cuyo polen contiene varios compuestos volátiles capaces de desencadenar fuertes reacciones alérgicas. Entre los síntomas más frecuentes figuran la fiebre del heno, la rinitis alérgica y el asma bronquial.

Gran Muralla Verde

La situación se agrava porque la barrera forestal no está formada únicamente por esta especie. También incluye sauces y álamos, cuyos pólenes contribuyen igualmente a elevar la carga de alérgenos en el aire durante determinadas épocas del año. Como consecuencia, diversos estudios apuntan a que las personas que residen en las inmediaciones de estas plantaciones presentan un riesgo considerablemente mayor de desarrollar enfermedades alérgicas.

Consciente del problema, el Gobierno chino ya ha comenzado a modificar parte del proyecto. Para ello ha destinado 747 millones de euros a sustituir las especies más problemáticas por otras con menor capacidad alergénica, como los ciruelos o los ginkgos. Paralelamente, también se están aplicando fitohormonas en determinadas plantaciones con el objetivo de reducir la producción de polen y minimizar el impacto sobre la salud de la población sin renunciar a los beneficios ambientales de la mayor reforestación del planeta.

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