Estados Unidos ha puesto en marcha una de las intervenciones de restauración fluvial más ambiciosas de los últimos años en el centro del estado de Washington. Más de 6000 troncos están siendo colocados en arroyos remotos y de acceso extremadamente complicado, repartidos a lo largo de unos 38 kilómetros de ríos y cursos de agua que, en muchos casos, no pueden alcanzarse por tierra.
La operación requiere medios aéreos y una planificación milimétrica, pero el objetivo lo justifica: devolver a estos ríos parte de la complejidad natural que perdieron hace décadas.
EEUU lanza miles de troncos desde helicópteros en una operación aérea sin precedentes
La iniciativa forma parte de un programa diseñado para restaurar ecosistemas fluviales profundamente alterados por la acción humana. Durante buena parte del siglo XX, la gestión de los ríos se basó en una idea hoy superada: eliminar troncos y restos de madera para “ordenar” los cauces, facilitar el flujo del agua y mejorar el paso de los peces. El resultado fue justo el contrario. Los ríos se simplificaron, las aguas se calentaron, desaparecieron las pozas profundas y las poblaciones de salmones y otras especies comenzaron a desplomarse.
Frente a ese enfoque, los nuevos proyectos apuestan por reactivar procesos naturales. El método consiste en colocar árboles completos en puntos estratégicos del cauce para provocar cambios controlados, desde crear refugios para animales, ensanchar el río, generar remansos, enfriar el agua en verano -algo que según los científicos dicen que favorece la reproducción de especies afectadas por el cambio climático- y favorecer la aparición de invertebrados acuáticos que sostienen la cadena trófica.
Estas actuaciones se concentran especialmente en ríos que durante años fueron considerados “demasiado despejados” y excesivamente domesticados, un proceso que en Alemania también se ha realizado. Hay un aspecto fundamental. La madera sumergida cumple un papel esencial, pues retiene sedimentos, redistribuye la fuerza de la corriente y multiplica los microhábitats disponibles. No es una intuición romántica, sino una estrategia respaldada por numerosos estudios científicos, incluidos los citados por Smithsonian Magazine, que señalan la madera en los ríos como un elemento clave para su salud ecológica.
Gracias a este tipo de intervenciones, insectos acuáticos, peces y aves encuentran de nuevo condiciones adecuadas para prosperar en ecosistemas que durante décadas fueron tratados como desordenados, cuando en realidad solo necesitaban volver a ser ríos de verdad.















