En Australia, como otros países como Alemania y gran parte de la Unión Europea, busca un futuro sostenible. España sabe que la energía del océano ha dejado de ser un experimento y se ha convertido en una realidad. Frente a las costas australianas, enormes cilindros sumergidos están captando la fuerza de las olas para generar electricidad y alimentar una base naval, un hito que hasta hace poco parecía ciencia ficción.
Esta iniciativa forma parte del proyecto CETO, liderado por la Comisión Carnegie de Energía Limpia, que lleva más de una década perfeccionando sistemas submarinos capaces de transformar el oleaje en energía útil y limpia.
Australia despliega enormes cilindros marinos que transforman la energía de las olas y alimentan bases en alta mar
A diferencia de las boyas flotantes o las turbinas tradicionales, el proyecto CETO emplea cilindros anclados al lecho marino, conectados a centrales costeras mediante sistemas hidráulicos de alta presión. Cada movimiento del cilindro impulsa pistones que se traducen en electricidad, proporcionando energía estable a la base de la Marina Real Australiana en Garden Island. Operar completamente bajo el agua no solo protege el equipo de tormentas y bioincrustaciones, sino que también minimiza riesgos de colisión y reduce el impacto visual.
La densidad energética del oleaje es notable: por metro de frente de onda se puede obtener entre 20 y 30 kW, cifras superiores a las de viento o sol en el mismo perímetro. Los resultados obtenidos en Australia Occidental demuestran la viabilidad técnica y operativa del sistema en condiciones reales, incluyendo corrosión, variaciones estacionales y mantenimiento submarino.
La previsibilidad del oleaje, la densidad energética y la posibilidad de integrar desalinización han despertado el interés internacional en el sistema CETO, convirtiéndola en una tecnología atractiva para islas, bases remotas y regiones áridas. Países como Reino Unido, Emiratos Árabes Unidos y varias naciones del Pacífico ya siguen de cerca los avances y no descartan invertir en el formato en los próximos años.
Carnegie planea expandir CETO a microrredes costeras y contratos comerciales, siguiendo una curva de aprendizaje similar a la de la energía eólica marina, cuya caída de precios supuso un punto de inflexión y se convirtió en una fuente de comercialización interesante para los países con grandes kilómetros de costa. Si se cumplen las proyecciones, la energía de las olas podría convertirse en una fuente base para redes locales, reemplazar al diésel en entornos aislados y generar agua potable mediante desalinización. Australia no solo está probando el océano, sino que lo está transformando en infraestructura. Los cilindros de CETO podrían ser la primera pieza de un cambio de paradigma que redefina cómo y dónde se produce energía renovable.















