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Científicos descubren que una criatura del océano, considerada animal solo desde 1700, organiza las bacterias y algas del fondo

Plantean que estos ritmos diarios podrían convertirse en indicadores sensibles para monitorizar cambios antes de que sean visibles a mayor escala, algo relevante en un contexto de estrés térmico y perturbaciones crecientes en arrecifes a nivel global.
Científicos descubren que una criatura del océano, considerada animal solo desde 1700, organiza las bacterias y algas del fondo
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Actualizado: 8:30 8/2/2026
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En un arrecife de coral, lo más decisivo no siempre es lo que se ve a simple vista. Un trabajo publicado en Science Advances sugiere que estos ecosistemas funcionan como “relojes” biológicos: en apenas 24 horas pueden reorganizar quién domina en el mundo microscópico del agua que los rodea —bacterias, microalgas y sus depredadores— con cambios tan intensos que, a ratos, compiten en magnitud con las diferencias entre estaciones.

El equipo se centró en aguas sobre un arrecife del norte del Golfo de Aqaba, comparándolas con aguas abiertas cercanas, y repitió el enfoque en invierno y verano. La clave fue el “zoom temporal”: muestreos cada seis horas, combinados con conteos celulares (citometría de flujo) y secuenciación genética (amplicones 16S/18S) para capturar variaciones rápidas que los muestreos puntuales suelen pasar por alto.

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Un arrecife que filtra, no solo alberga

Los resultados dibujan una escena contraintuitiva: el agua del arrecife no es necesariamente “más rica” en microbios por estar cerca de tanta vida. De hecho, el estudio cuantifica que, sobre el arrecife, había entre un 20% y un 60% menos bacterias y hasta un 75% menos microalgas que en el agua oceánica adyacente. La lectura ecológica es potente: el arrecife no solo alberga, también “filtra” y remodela, probablemente por una mezcla de pastoreo, depredación y procesos físicos que concentran y redistribuyen partículas y organismos.

La noche, además, cambia las reglas. En las horas sin luz aumentaron con fuerza los protistas heterótrofos (microdepredadores que se alimentan de otros microbios), lo que encaja con una dinámica de control “de arriba abajo”: cuando suben los depredadores, bajan ciertas poblaciones microbianas, y el sistema se reajusta. En un entorno donde la energía es limitada y la competencia es feroz, estos pulsos diarios pueden decidir qué linajes prosperan y cuáles quedan arrinconados.

Ritmos diarios y señales que se perderían en una “foto fija”

Otro detalle fino es el de los simbiontes del coral. Las lecturas genéticas asociadas a Symbiodiniaceae —dinoflagelados famosos por su relación íntima con los corales— mostraron picos consistentes al mediodía, un patrón compatible con ciclos diarios ligados a luz, metabolismo del coral y renovación o liberación de material biológico desde el propio arrecife hacia el agua circundante. Es el tipo de señal que no encaja en una instantánea: exige mirar el ecosistema como una película, no como una foto fija.

La implicación práctica es casi un tirón de orejas metodológico: si el reloj del arrecife manda, muestrear “cuando se puede” (una vez al día, a una hora cómoda) puede distorsionar diagnósticos sobre salud del ecosistema.

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