Análisis Stellaris: Console Edition: fundación e Imperio para consolas (Xbox One, PS4)

Explora y conquista en consolas el espacio en una excelente conversión que respeta a la obra original, la traslada con toda su gloria y añade las tres grandes expansiones lanzadas hasta la fecha por Paradox en su versión física.
Stellaris: Console Edition
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Actualizado: 16:07 12/6/2020
Análisis de versiones Xbox One, PS4.

Stellaris es uno de esos videojuegos capaces de marcar un antes y un después en el género al que pertenecen. La obra maestra de Paradox Interactive, un título de conquista y exploración especial, se convirtió en un éxito instantáneo. Trasladándonos a un futuro distinta, nos invitaba a tomar las riendas de una civilización, expandirnos hacia las estrellas y levantar lazos, diplomáticos o beligerantes, con nuestros vecinos de galaxia. Como ya os comentábamos en su análisis original para PC, nuestras partidas a este colosal y a veces inabarcable videojuego nos encantaron, y desde el mismo minuto uno en el que nos pusimos con él a disfrutar de sus bondades y virtudes como juego de estrategia, sabíamos que estábamos delante de un clásico.

El tiempo pasó, Stellaris evolucionó con numerosos contenidos, expansiones y descargables, y el título creció. Se expandió. Cuando Paradox Interactive fue consciente del gran poder de la licencia, y de sus posible implicaciones comerciales, decidió adaptarla a consolas como PlayStation 4 y Xbox One, que han recibido una versión única y pensada para ser jugada en ellas. Debemos decir que no es un mero port de compromiso, se trata de una notable traslación de la edición para PC, sin perder características y opciones de la versión original. La profunda estrategia militar, las incontables opciones y las estadísticas presentes en el videojuego que nos deslumbró en 2016, vuelven a estar presentes.

La caída del imperio, caballeros, es algo monumental que no puede combatirse…

Stellaris es un videojuego de estrategia lleno de ricas historias por descubrir. No hay un pretexto argumental base, al menos no de inicio, pues deja que cada jugador sea amo y señor de su propio destino como salvaguarda de un gran imperio o civilización. Paradox brinda a los usuarios la posibilidad de crear su propia narrativa, ya sea escogiendo una de las múltiples razas disponibles o creándola desde cero, invitándolos a a desarrollar y construir su reinado galáctico a través de una serie de prósperas tecnologías, naves científicas de exploración o flotas de guerra. No hay una táctica o estrategia válida: todos los caminos son óptimos si sabemos controlarlos y dirigirlos con inteligencia. En nuestro camino espacial nos toparemos con otras especies extraterrestres, amistosas y enemigas, y con cientos de miles de problemas que podrían hacernos caer a las primeras de cambio. Cada decisión, y esto no es un mero tagline publicitario, tiene una repercusión directa en nuestro progreso y futuro inmediato. Todos los imperios caen, como ya decía el propio Isaac Asimov en su Fundación, pero está en nuestra mano retrasar su caída.

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Aunque el juego nos permite elegir razas o imperios prefijados, os recomendamos que diseñéis el vuestro.
Aunque el juego nos permite elegir razas o imperios prefijados, os recomendamos que diseñéis el vuestro.

Uno de los aspectos más destacables de Stellaris: Console Edition es que hablamos de un videojuego con un universo cambiante, distinto, que puede sorprendernos en cada partida. Se nos ofrece en bandeja de plata la idea de escoger y personalizar nuestra propia raza, desde el aspecto o el color y el emblema de nuestras unidades a la especie -con homínidos, mamíferos, insectos, seres con naturaleza de hongo, insectos, reptiles, aves o moluscos-, pasando por la forma de nuestro planeta natal o el estilo de gobierno. Hay opciones para todo o casi todo, desde la forma de gobierno, los rasgos de carácter o condición de nuestro pueblo o las ideas y organizaciones políticas que imperen en nuestras fronteras. Sabemos que es abrumador -siempre podemos optar por lo predefinido por la propia Paradox- pero os recomendamos que os tiréis vuestro tiempo dando forma y carácter a vuestra raza o civilización, pues es un placer indescriptible digno de los mejores videojuegos de rol de papel y lápiz.

Los comienzos son lentos. Debemos sondear galaxias, construir flotas científicas, militares y prestar atención a los recursos.
Los comienzos son lentos. Debemos sondear galaxias, construir flotas científicas, militares y prestar atención a los recursos.

Como os hemos dicho, cada faceta tiene su repercusión, y si decidimos, por poner un ejemplo, ser una raza democrática con participación civil en la que el servicio otorga la ciudadanía, tendremos condiciones únicas en el punto de partida, así como bonificaciones o puntos negativos como contrapartida. Es un videojuego de estrategia, concretamente del clásico subgénero 4X (exploración, expansión, explotación, exterminación) y cada variante cambia por completo la manera en la que debemos afrontar nuestros paseos por una galaxia que se genera de forma procedimental con un número incalculable de planetas, sistemas solares o soles.

... está dictada por una burocracia en aumento, una recesión, un estancamiento de la curiosidad…

Una vez hayamos decidido quiénes somos, qué queremos hacer y de qué manera deseamos comenzar, nos lanzaremos a expandir nuestras fronteras. Lanzarnos a construir una civilización de la nada no es demasiado grato, y a veces, es un proceso francamente desilusionante. Stellaris: Console Edition tiene un buen tutorial, con consejos y pequeñas guías que os recomendamos no paséis ni eliminéis a las primeras de cambio. Es un videojuego que tiene muchos detalles, y que al mismo tiempo, atesora decenas de mecánicas y herramientas ocultas dentro de las mismas, demostrándonos una gran microgestión dentro del marco general de su propuesta. Es el momento más tedioso y aburrido del videojuego, una barrera de apenas un par de horas que os animamos a que superéis si queréis saber que os ofrece de manera real este videojuego. Cuando probamos la versión de PC os lo definimos como una guardería, y en consola, pese a que hay cambios evidentes en los menús y las opciones -todas están más claras, a golpe de cruceta-, creemos que funciona de igual manera.

Sondear sistemas para expandir nuestras fronteras, construir estaciones y levantar colonias es vital en un juego como 'Stellaris'.
Sondear sistemas para expandir nuestras fronteras, construir estaciones y levantar colonias es vital en un juego como 'Stellaris'.

Al comienzo iremos buscando nuevos planetas y satélites en los que obtener minerales, recursos y establecer puestos fronterizos de defensa militar e investigación, extendiéndonos en nuestro cajón de arena y haciéndonos fuertes. Podemos tener la suerte o la desgracia de encontrar vida inteligente, invitándola a formar parte de nuestro imperio y civilización -o no-, y comenzar a establecer vínculos comerciales, diplomáticos o colonias. Es importante destacar que Paradox Interactive no ha convertido Stellaris en un simulador bélico, ya que aunque la guerra y la violencia puede ser una opción, no siempre es el mejor camino, al menos al principio -como ya veremos-. Descubriremos una pléyade de especies extraterrestres, desde salvajes e indómitos a extravagantes, pasando por seres nómadas y comerciantes o conquistadores que únicamente querrán que nos arrodillemos y nos sometamos a sus mandatos esclavistas. En dos de nuestras partidas topamos con imperios muy belicosos, que nos acorralaron en una guerra entre ellos que acabó con varios mundos arrasados y nuestras fronteras diezmadas. Docenas de flotas cayeron en el lapsus de pocos meses, y nos costó volver a recuperar el tono.

La guerra será muy habitual. Conforme ampliemos fronteras, toparemos con otras civilizaciones. La mayoría serán amistosas pero otras nos pondrán a prueba.
La guerra será muy habitual. Conforme ampliemos fronteras, toparemos con otras civilizaciones. La mayoría serán amistosas pero otras nos pondrán a prueba.

También existen otros problemas. Gestionar recursos, como en cualquier videojuego de estrategia, es algo que recomendamos encarecidamente. Si somos capaces de gestionar con inteligencia los materiales de satélites, lunas y planetas conquistados, siempre tendremos una oportunidad de evitar o retrasar el colapso que eventualmente puede llegar si no estamos atentos. Progresar como imperio no es fácil, y debemos tener en cuenta que, eventualmente, podemos caer o ver bastante mermadas nuestras aspiraciones -sobre todo si jugamos en dificultades como Gran Almirante-. Pronto estaremos explorando anomalías científicas, descubriendo maravillas de civilizaciones perdidas que cayeron antes que nosotros y haciendo frente a problemas políticos, sociales o internos dentro de nuestras propias fronteras. ¿Qué pasa si una de nuestras facciones se rebela contra nuestro mandato? ¿Y si los robots que usamos como mano de obra se levantan en armas? ¿Y si la economía va mal después de que invirtamos demasiado dinero en naves espaciales, armadas imperiales o tecnología de hiperespacio? Los imprevistos se sucederán de forma inexorable en nuestras sesiones de juego, y la educación, la seguridad, el alimento o el gobierno tendrán peso a cada paso que demos hacia la hegemonía, por lo que habrá que escoger buenos líderes, sopesar las decisiones y cuidar mucho lo que decimos y hacemos.

Puede parecer una tontería, pero los problemas de lindes se magnifican en el espacio exterior.
Puede parecer una tontería, pero los problemas de lindes se magnifican en el espacio exterior.

Aunque Paradox ha ajustado muchísimo el videojuego a lo largo de los años, seguimos encontrándonos algunos peros en la inteligencia artificial. Es cierto que podemos ajustar con bastante atino la dificultad del juego, haciéndonos la partida más o menos difícil, pero hay momentos en los que determinadas razas pasarán de ser aliadas a enemigas con demasiada facilidad, y en los que la diplomacia será un camino más complicado y exigente que la guerra. Parece que el juego, algunas veces, penaliza el ser diplomáticos, y eso no nos convence demasiado. En cualquier caso, es difícil saber qué nos puede pasar en una partida de Stellaris: Console Edition, pero ya sabéis: "Para triunfar, el solo planteamiento es insuficiente. También se debe improvisar".

Una edición de consolas cargada de contenido y pensada para PS4 y Xbox One

Stellaris: Console Edition llegó a consolas hace unos meses, pero ahora, en su edición física para PlayStation 4 y Xbox One, lo hace con contenidos descargable que añaden, si cabe, mayor riqueza a su propuesta jugable. La edición para Xbox y PlayStation incorpora el conjunto de especie Plantoids, que suma una nueva raza o tipo de ser con forma de planta, un hecho que confiere de mayor variedad a las especies extraterrestres seleccionables y que cambia muchos elementos estéticos. Al mismo tiempo, añade el primer gran contenido narrativo del videojuego, la expansión Leviathan, que es uno de los contenidos descargables más interesantes. Gracias a esta adición, podemos encontrar colosales seres extraterrestres en mitad del espacio, aprovecharlos, combatir contra ellos o ser testigos de una guerra intergaláctica milenaria mientras usamos tecnología de tiempos olvidados.

La edición física trae tres grandes expansiones, como una nueva especie, un contenido de historia y otro de nuevas posibilidades jugables.
La edición física trae tres grandes expansiones, como una nueva especie, un contenido de historia y otro de nuevas posibilidades jugables.

Este descargable, que podemos activar o desactivar en la pantalla principal, añade a los Imperios Caídos, civilizaciones que se extinguieron antes de nosotros, y que guardan múltiples secretos protegidos por los Guardianes, unos enormes seres que actúan como garantes de los mismos. Si luchamos contra ellos, y creednos que no será una tarea fácil, podremos descubrir tecnologías especiales, obtener grandes tesoros y dar un salto de gigante -y nunca mejor dicho- en nuestro progreso. En este mismo contenido, seremos testigos de los Enclaves, unos puestos fronterizos localizados en los límites de nuestro imperio que estarán regentados de forma independiente a las distintas civilizaciones que operen en nuestras partidas. En ellos, encontraremos a comerciantes, artistas y otros seres con profesiones liberales capaces de ofrecernos recursos, información secreta de alguna raza rival u obras de arte con las que desatar nuestro espíritu más narcisista. Es una expansión que nos ha encantado, y que añade un nuevo trasfondo -y ciertos elementos narrativos- a un videojuego que carecía de ellos. La idea de ser testigos de una guerra especial milenaria, de sentirnos una pequeña mota de polvo en la miríada de civilizaciones o combatir contra seres gargantuescos que vagan por el frío espacio es muy interesante.

El contenido Leviathan incluye a los Guardianes, unos seres gigantescos que habitan en la galaxia como protectores de una raza milenaria. Son increíbles y temibles.
El contenido Leviathan incluye a los Guardianes, unos seres gigantescos que habitan en la galaxia como protectores de una raza milenaria. Son increíbles y temibles.

Utopía es la otra de las expansiones incluidas en el videojuego, y puede que sea la más compleja y grande de las ofrecidas hasta la fecha por Stellaris. Tanto Tantalus como Paradox Interactive han echado el resto en esta versión al sumarla a la oferta inicial, hasta tal punto, que su mera activación puede ayudarnos a ganar más complejidad en los comienzos. Gracias a Utopía, podemos podemos ignorar la política al arranque del imperio, uniendo de forma directa al imperio y evitando la división social. Tendremos a nuestra disposición nuevas herramientas de ingeniería social, construyendo megaestructuras, diseñado estaciones hábitats o consiguiendo las llamadas ventajas de ascenso, puntos de unidad que nos pueden permitir la opción de personalizar nuestro imperio de forma única. Existen tres rutas de ascenso, desbloqueando formas biónicas, apostando por lo sintético o desembocando en el potencial psiónico y trascendiendo como entes biológicos. Casi nada.

El primer contacto siempre es un paso importante para cualquier civilización.
El primer contacto siempre es un paso importante para cualquier civilización.

Pero lo más curioso es lo retorcido que puede llegar a ser este DLC. Gracias a la expansión, se amplía el adoctrinamiento, invitándonos a conquistar civilizaciones primitivas que adoptarán nuestros valores éticos, ya sea a través de estaciones de observación y anexión sin que rechisten. Al mismo tiempo, podemos esclavizarlos con nuevas opciones, ofreciéndoles nuevas formas de trabajo y eligiéndoles roles definidos para ellos. Ahora, estos pobres seres, pueden ser sirvientes domésticos, luchadores como siervos de combate o incluso alimento. Sí, como estáis leyendo. Las formas de gobierno se amplían, se añaden componentes religiosos y xenófobos más evidentes -¿qué tal jugar como una especie de imperio inquisitorial que purifica a los xenos, como en Warhammer 40.000?- y se nos brinda más manga ancha a la hora de evitar conflictos políticos o bélicos. En definitiva, es un añadido que modifica ampliamente la experiencia de juego.

Stellaris: Console Edition es un videojuego de estrategia y gestión pensado, en principio, para disfrutar de una experiencia monojugador. Paradox diseñó el título pensándolo así, pero hay usuarios que desean compartir sus partidas, civilizaciones y tácticas con otros usuarios, y así se funciona con el modo multijugador de esta versión, que es algo más reducido que el de PC. Podemos crear partidas que partan desde nuestra propia sesión para un jugador o unirnos a una partida en curso, ofreciéndonos ciertas posibilidades de afrontar la experiencia de la conquista especial con hasta 14 imperios diferentes y 4 jugadores al mismo tiempo. No os preocupéis, es una opción, no es obligatorio jugar así, y el propio juego tiene una serie de filtros permitiendo que el anfitrión acepte o decline las peticiones recibidas. Si no queréis, no tenéis que jugar con más gente. A nivel gráfico y de diseño, volvemos a quitarnos el sombrero. Adaptar un videojuego de estrategia a consolas es una tarea titánica, sobre todo por las diferencias de control con respecto al teclado y al ratón. Nosotros hemos jugado en Xbox One X, con el pad clásico de la consola de Microsoft, y en ningún momento nos hemos agobiado o sentido coartados con el mando inalámbrico. Al contrario, nos ha parecido rápido, sencillo y fácil de manejar, sobre todo por su buena combinación de cruceta -como acceso directo- y analógicos, con los botones superiores como método para pasar páginas en la navegación.

Cuando establezcamos nuestra primera colonia daremos un salto de gigante como imperio.
Cuando establezcamos nuestra primera colonia daremos un salto de gigante como imperio.

Pasaremos mucho tiempo leyendo, revisando estadísticas y bonificaciones -debemos destacar que Stellaris: Console Edition está traducido al castellano a nivel de manual y textos-, y moverse de forma efectiva y rápida era esencial. ¿Queremos adelantar el ritmo de la partida? Podemos hacerlo rápidamente. ¿Necesitamos echarle un vistazo a la situación política de nuestro planeta natal? Con un golpe de cruceta se puede. En ese aspecto, se ha logrado con creces adaptar la navegación de PC a Xbox o PlayStation, todo ello sin resentirse a nivel gráfico o tamaño de la fuente. Aunque ya hemos hablado de su diseño, es digno de mención su apartado artístico, a medio camino entre las obras de Chris Foss y Peter Elson, garantes de la ciencia ficción para muchos lectores y aficionados al género, pero todo ello sin olvidar su propia idiosincracia a la hora de ofrecernos civilizaciones alienígenas increíbles nacidos de la imaginación de Robert A. Heinlein, naves espaciales propias de las obras de Orson Sott Card o mundos sacados de la citada Fundación de Asimov. Al igual que en la versión de PC, Andreas Waldetoft, compositor habitual de los videojuegos de estrategia de Paradox, como Crusader Kings 2 y Hearts of Iron, pone una banda sonora que es capaz de nadar entre la épica y el misterio cuando toca.

Técnicamente es un videojuego muy bonito y con un diseño artístico único.
Técnicamente es un videojuego muy bonito y con un diseño artístico único.

Conclusiones finales

Stellaris: Console Edition es una conversión notable, divertida y embriagadora. No es habitual que videojuegos de estrategia de esta índole lleguen a consolas, y su mera presencia en los catálogos de Xbox One y PlayStation 4 debería congratularnos. Abrumador en su sistema de conquista y exploración especial, cada partida es única, con cada raza disfrutando de un destino distinto. Hay muy pocos videojuegos capaces de ofrecernos una propuesta así. Bien diseñado y mimado en sus aspectos jugables, artísticos y técnicos, Stellaris nos permite dominar planetas, sistemas y galaxias ahora desde la comodidad de nuestra consola preferida, atravesando el cosmos y comprobando cómo las estrellas parecen otros soles.

Hemos analizado Stellaris: Console Edition en Xbox One X gracias a una copia física facilitada por Koch Media.

Alberto González

NOTA

8.5
Gráficos
Duración
Sonido
Un jugador
Jugabilidad
Multijugador

Puntos positivos

Se trata de un videojuego abrumador: su propuesta absorbe.
Los menús del título están bien adaptado a consolas.
Su diseño audiovisual nos sigue encandilando.

Puntos negativos

La I.A a veces puede ser un poco torpe o belicosa en función del nivel de dificultad.

En resumen

Stellaris: Console Edition nos permite disfrutar de la conquista del espacio y de la construcción de un imperio sin límites en el cosmos gracias a una excelente conversión del juego de PC.
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