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Ni creativos ni artistas: la IA ya supera a la mayoría de las personas pero no puede con los humanos excepcionales

Investigadores examinan a 100.000 personas para descubrir qué formas de creatividad pueden competir con la inteligencia artificial y por qué los genios humanos continúan siendo insustituibles.
Ni creativos ni artistas: la IA ya supera a la mayoría de las personas pero no puede con los humanos excepcionales
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Actualizado: 18:00 8/2/2026

La creatividad ha sido durante siglos un territorio exclusivo del ser humano, un espacio donde se mezclan intuición, experiencia y emoción para dar sentido al mundo. Medirla científicamente siempre resulta incómodo, no porque los datos sean falsos, sino porque cuestionan algo que muchos consideran irremplazable: nuestra capacidad de inventar, imaginar y sorprender.

Ni creativos ni artistas: la IA ya supera a la mayoría, pero sigue sin alcanzar a los humanos divergentes

Un estudio reciente publicado en Scientific Reports en enero de 2026, liderado por Karim Jerbi y con la participación de Yoshua Bengio, arroja luz sobre esta delicada cuestión. Su hallazgo central es sorprendente y preciso: ciertos sistemas de inteligencia artificial superan a la persona promedio en pruebas concretas de creatividad lingüística, aunque siguen lejos del nivel de los individuos más creativos. No se trata de una amenaza para artistas o escritores, sino de una oportunidad para redefinir qué entendemos por creatividad.

Creatividad e IA

El trabajo se centra en la creatividad divergente, la capacidad de generar ideas variadas y poco convencionales a partir de un estímulo simple. Para medirla, los investigadores emplearon la Divergent Association Task (DAT), en la que los participantes escriben diez palabras lo más distintas posible en significado. La puntuación se calcula mediante modelos computacionales que analizan la distancia semántica entre términos, reflejando la habilidad de conectar conceptos remotos.

Aplicada a 100.000 personas y a distintos modelos de lenguaje, la prueba muestra un patrón claro: algunas IA, como GPT-4, superan la media humana, pero ninguna alcanza al 10% superior de los participantes. La diferencia es consistente, lo que confirma que la creatividad excepcional sigue siendo patrimonio humano. Además, la fase convergente de la creatividad -decidir, seleccionar y dar sentido a las ideas- sigue siendo terreno exclusivamente humano.

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El estudio también revela que la creatividad de la IA depende de cómo se la guíe. Ajustes técnicos y la formulación de las instrucciones influyen decisivamente en los resultados. Así, la inteligencia artificial no crea de manera autónoma, pues necesita mediación y dirección humana, sobre todo tras haber rastreado y haber sido entrenada con millones de inputs y elementos previos.

El estudio también revela que la creatividad de la IA depende de cómo se la guíe

Al analizar textos más complejos, desde haikus hasta relatos breves, el patrón se mantiene: la IA se acerca al promedio, pero los humanos creativos destacan por riqueza, intención y conexión cultural. Más que competir, podríamos decir que la IA funciona como complemento creativo, quizás como una herramienta de exploración y generador de variantes, mientras que el núcleo principal, el verdaderamente creativo, sigue siendo irreemplazable.

En definitiva, la frontera de la creatividad humana permanece intacta: la máquina puede imitar, ampliar y sorprender, pero la imaginación que transforma y conmueve sigue siendo un rasgo profundamente humano.

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