La temporada 2 de IT: Welcome to Derry ya se mueve, pero todavía con una diferencia importante entre entusiasmo creativo y luz verde oficial. Andy Muschietti ha confirmado que el equipo ya está trabajando en la siguiente tanda de episodios y que el plan pasa por retroceder desde 1962 hasta 1935, pero HBO aún no ha anunciado formalmente la renovación. Es decir, la serie no está parada, aunque tampoco puede darse por cerrada del todo en términos industriales.
Lo más jugoso del avance no es solo que haya nueva temporada en preparación, sino cómo piensa cambiarla. Muschietti explicó a Deadline que este nuevo bloque se centrará en la matanza de la banda de Bradley, un episodio sembrado por Stephen King en la novela original y situado en una Derry mucho más áspera, marcada por la Gran Depresión. Eso implica dejar atrás parte del esquema más reconocible de la saga: niños en suburbios, bicicletas y la ruptura súbita de una aparente normalidad. En 1935, la miseria ya forma parte del paisaje desde el minuto uno.
Un salto a la Derry más áspera
Y ahí está precisamente la gran promesa de esta segunda etapa. Según Muschietti, “no hay confort suburbano” en esta nueva historia, porque la ciudad será ahora un lugar más duro, más pobre y más desesperado. Ese simple cambio de época altera la estructura entera del relato: ya no se trataría solo de volver a ver a Pennywise acechando una infancia amenazada, sino de explorar cómo el mal se incrusta en una comunidad que ya vive rota antes incluso de que el monstruo aparezca.
La serie, además, llevaba tiempo dejando pistas de que quería funcionar como una trilogía en retroceso. Distintas entrevistas previas con el equipo creativo ya habían dibujado un mapa de tres momentos: 1962, 1935 y 1908, todos vinculados al ciclo de 27 años de Pennywise. Muschietti ha reiterado ahora que una potencial temporada 3 se iría todavía más atrás, hasta la explosión de Kitchener Iron Works en 1908, una de las tragedias más brutales del historial maldito de Derry.
Una franquicia que mira hacia atrás
Ese diseño tiene bastante sentido para una franquicia que corre el riesgo de repetirse si se limita a copiar la fórmula de las películas una y otra vez. Cambiar de década no es aquí un simple adorno de vestuario: reescribe la atmósfera, la pobreza, las reglas sociales y el tipo de terror que puede desplegar la historia. Si la primera temporada dialogaba mucho con la iconografía más reconocible de IT, esta segunda parece decidida a abrir un terreno más inhóspito y menos cómodo para el espectador. Esa lectura es una inferencia razonable a partir de las declaraciones de Muschietti sobre el nuevo contexto de 1935.















