Donald Trump ha dado un golpe de timón sin precedentes en la relación entre la Casa Blanca y la inteligencia artificial: ha ordenado a todas las agencias federales que corten de raíz cualquier vínculo con la tecnología de Anthropic.
"Estoy instruyendo a todas las agencias del Gobierno de Estados Unidos a cesar de inmediato todo uso de la tecnología de Anthropic. No la necesitamos, no la queremos", escribió el expresidente, acompañado de una serie de descalificaciones que calificaban a la compañía californiana como “izquierda radical”. La contundencia no deja lugar a interpretaciones: Washington ha marcado línea roja.
Washington prohíbe a Claude y arranca un pulso judicial bajo el amparo de Trump, mientras OpenAI toma ventaja en redes clasificadas
La acusación pública de Trump fue aún más directa: Anthropic habría intentado imponer sus condiciones de servicio al Departamento de Defensa, pasando por encima del marco En el ámbito legal estadounidense, la respuesta de las instituciones no tardó en llegar. El Pentágono clasificó a la compañía como un "riesgo para la cadena de suministro" en términos de seguridad nacional. Esta designación no solo la excluye del circuito federal, sino que también podría afectar sus relaciones con contratistas y subcontratistas vinculados al Departamento de Defensa.
THE UNITED STATES OF AMERICA WILL NEVER ALLOW A RADICAL LEFT, WOKE COMPANY TO DICTATE HOW OUR GREAT MILITARY FIGHTS AND WINS WARS! That decision belongs to YOUR COMMANDER-IN-CHIEF, and the tremendous leaders I appoint to run our Military.
— Commentary: Trump Truth Social Posts On X (@TrumpTruthOnX) February 27, 2026
The Leftwing nut jobs at Anthropic have…
El conflicto surge tras semanas de tensión entre Anthropic y el Departamento de Defensa, centradas en dos asuntos de suma importancia: la vigilancia masiva dentro de Estados Unidos y el uso autónomo de sistemas armamentísticos. Anthropic abogaba por límites claros en ambos ámbitos. Sin embargo, la Casa Blanca interpretó estas propuestas como una intromisión en la autoridad gubernamental sobre la implementación de herramientas tecnológicas dentro del marco legal existente.
Anthropic ha anunciado su intención de impugnar la medida ante los tribunales, argumentando que sus negociaciones buscaban salvaguardas responsables. La compañía sostiene que penalizar su postura envía un mensaje preocupante a toda la industria tecnológica: la prudencia podría convertirse en un riesgo.
OpenAI ha llegado a un acuerdo para implementar sus modelos en redes clasificadas del Departamento de Defensa. La compañía enfatiza que su contrato incorpora los mismos principios que defendía Anthropic: rechazo a la vigilancia masiva doméstica y mantenimiento de la responsabilidad humana en cualquier uso de la fuerza. La diferencia significativa radica en que estas restricciones están formalmente integradas en el contrato con el Gobierno, garantizando su cumplimiento.
Este episodio ilustra una tensión más amplia y profunda: el debate sobre la IA ya no se limita a las capacidades de un modelo, sino a quién define sus límites y bajo qué autoridad. Trump ha optado por una estrategia política de mano dura; Anthropic ha elegido la vía judicial; y OpenAI, por el momento, ocupa el vacío dejado por el mayor cliente institucional del mundo.















