La M-70, una promesa largamente aplazada para aliviar la presión sobre Madrid, vuelve a ser objeto de debate en el ámbito de las grandes infraestructuras. Lo que hace dos décadas parecía un planteamiento ambicioso, concebido como un gran anillo exterior que conectara varias provincias alrededor de la capital, ha quedado relegado a un segundo plano debido a crisis, cambios políticos y prioridades más urgentes. Ahora, en un inesperado giro de los acontecimiento, el proyecto ha resurgido con un nuevo objetivo.
La colosal M-70, la megacircunvalación de 250 millones de euros que transformará el tráfico en la Comunidad de Madrid
El concepto de esta supercircunvalación reapareció en 2005, pero la crisis económica de 2008 lo congeló casi por completo, echando por traste una serie de intentonas de ponerlo en funcionamiento antes de 2010. El proyecto cayó en el olvido institucional hasta 2024, cuando el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, lo mencionó al referirse al nuevo bypass de la A-40 entre Toledo y Ocaña, una inversión de unos 240 millones de euros, como un posible “embrión” de la M-70. A partir de ese momento, el término ha recuperado cierto peso en el debate.
En este nuevo contexto, tras cambios e intentonas por parte de la administración, la A-40 se ha convertido en el eje central del plan. Su desarrollo y las conexiones pendientes entre distintos tramos han reactivado el debate sobre una gran circunvalación exterior que permita desviar el tráfico sin pasar por el centro de Madrid.
Ya se han ejecutado enlaces relevantes, como el que conecta Segovia y Ávila, y avanzan, aunque con retrasos y numerosas modificaciones, los tramos que deberían unir Maqueda con Cuenca. Sin embargo, continúan abiertos los puntos más complejos: las conexiones entre Maqueda y Ávila, y entre Guadalajara y Tarancón, considerados los verdaderos cuellos de botella del trazado.
El caso de Segovia y Guadalajara es particularmente delicado, ya que requiere redibujar flujos de tráfico que actualmente dependen directamente de Madrid. Entre las alternativas que se están estudiando se encuentra la conexión de Segovia con la A-1 a la altura de Santo Tomé del Puerto, aprovechando el trazado de la N-110, o bien prolongar dicha vía hacia Riaza para enlazar con la red principal. Desde la A-1, el itinerario permitiría derivar tráfico hacia la N-320 en Venturada, evitando el área metropolitana.
La idea fundamental es la de una gran infraestructura de segundo nivel, conocida también como Proyecto Pentágono, que articularía un cinturón exterior formado por varias autovías interconectadas. La A-40 sería su columna vertebral, acompañada por la A-28 (todavía sin ejecutar), la AP-51 y la AP-61, entre otras, configurando una especie de red poligonal que rodearía la Comunidad de Madrid. El objetivo es claro: aliviar la saturación de las radiales, como la A-1, A-2, A-3, A-4, A-5 y A-6, y redistribuir el tráfico entre provincias limítrofes. Una apuesta que, sobre el papel, también podría actuar como motor de desarrollo para esas áreas periféricas.















