La adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos trajo al cine el universo de J.R.R. Tolkien. Junto a su enorme universo, la trilogía, que marcó un antes y un después en el Séptimo Arte, trajo consigo un montón de personajes, criaturas y elementos estéticos durante años atrapados en la imaginación de lectores y artistas de todo tipo. Por eso, Jackson y su equipo sabían que no podían fallar en recrear la Tierra Media.
Antes de que Ian McKellen se convirtiera para millones de espectadores en la imagen definitiva de Gandalf, el neozelandés tenía claro que llevar al mago de Tolkien a la pantalla implicaba enfrentarse a un problema complicado y bastante difícil de encauzar. Como decimos, el personaje ya existía en la imaginación de varias generaciones de lectores, y cada espectador había construido su propio Gandalf y cualquier decisión sobre su aspecto, su voz o su personalidad podía chocar con esa imagen previa. La solución de Jackson fue mucho más curiosa de lo que podría parecer.
Peter Jackson, a sus 64 años, confirma que para la interpretación de Gandalf en El Señor de los Anillos se inspiraron en Tolkien y en una cinta de los años 60
Para construir al personaje, el director decidió mirar directamente hacia su creador. Y no solo hacia sus libros, sino hacia el propio Tolkien. En una entrevista durante la promoción de las películas, allá por 2001, Jackson explicó que el equipo había conseguido una cinta de vídeo con diferentes entrevistas realizadas al escritor durante los años sesenta. Aquellas imágenes permitieron descubrir una faceta de Tolkien que resultó especialmente útil para definir al Gandalf cinematográfico: la de un hombre de avanzada edad, con un carácter fuerte, una forma de hablar muy particular y un temperamento que podía cambiar rápidamente.
“Sí, basamos a Gandalf en el propio J.R.R. Tolkien”, explicó Jackson. El director recuerda que estaba viendo aquellas grabaciones junto a Ian McKellen cuando ambos llegaron a una conclusión que parecía evidente y es que, aquel Tolkien que tenían delante era, en muchos sentidos, Gandalf.
El detalle más interesante llegó cuando Jackson explicó hasta qué punto aquella observación terminó influyendo en la interpretación. Según el cineasta, Tolkien estaba describiéndose a sí mismo cuando hablaba durante aquellas entrevistas. Por eso, McKellen decidió incorporar directamente algunos de sus rasgos vocales a su interpretación.
“Ian McKellen en realidad imitó la voz de Tolkien al interpretar al personaje”, afirmó Jackson. De esta manera, una de las características más reconocibles del Gandalf de las películas nació, en realidad, de una imitación del propio autor de El señor de los anillos. El resultado encaja además con una de las grandes virtudes de la interpretación de McKellen. Su Gandalf no se limita a ser el anciano sabio que llega para orientar a Frodo, sino que transmite autoridad, ironía, mal genio y una personalidad tremendamente marcada.
La decisión de Jackson demuestra también hasta qué punto la trilogía de El señor de los anillos intentó buscar referentes reales para dotar de personalidad a sus personajes y que, de alguna manera, fueran creíbles para todos los espectadores. En lugar de inventar una voz completamente nueva para Gandalf, el equipo encontró parte de ella en el hombre que había imaginado la Tierra Media. Así, cada vez que Gandalf habla en las películas, hay un pequeño homenaje escondido detrás de esa voz: Ian McKellen no solo está interpretando al mago. En cierto modo, también está interpretando a J.R.R. Tolkien.















