Hayden Panettiere ha fallecido a los 36 años. La actriz tenía apenas 17 años cuando Héroes la convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la televisión. Su fallecimiento, el pasado domingo 16 de agosto, y por causas que todavía no han trascendido, inevitablemente devuelve a la memoria a Claire Bennet, la joven animadora de instituto que descubría que poseía una capacidad extraordinaria: podía regenerarse después de sufrir heridas que habrían resultado mortales para cualquier otra persona. Pero también recupera una época en la que una serie de superhéroes sin disfraces consiguió convertirse en uno de los grandes fenómenos de la pequeña pantalla.
Héroes y el auge y fracaso de la gran serie de Hayden Panettiere: en 2006 arrasó con 14 millones de espectadores
Estrenada en septiembre de 2006, Héroes llegó en un momento especialmente favorable para la televisión estadounidense. El público comenzaba a abrazar producciones cada vez más ambiciosas y la ficción de Tim Kring encontró una fórmula capaz de mezclar ciencia ficción, drama familiar, misterio y elementos propios del cómic. Su primer episodio reunió a 14,3 millones de espectadores y la primera temporada llegó a superar los 16 millones en algunos de sus capítulos.
La clave estaba en su premisa. Personas aparentemente normales comenzaban a descubrir que tenían habilidades extraordinarias mientras una amenaza futura conectaba sus historias. Hiro Nakamura, Peter Petrelli, Sylar, Isaac Mendez y Claire parecían formar parte de relatos completamente diferentes, pero poco a poco las piezas comenzaban a encajar. Y en el centro de todo aparecía una frase convertida rápidamente en fenómeno: “Salva a la animadora, salva el mundo”.
La primera temporada funcionaba porque tenía algo que muchas series pierden cuando intentan prolongar su éxito: una dirección clara. Cada misterio conducía a otro, pero todos parecían formar parte de un plan mayor. Las pinturas de Isaac, el futuro visitado por Hiro o la amenaza de Sylar construían una sensación constante de peligro. El espectador sabía que estaba avanzando hacia algún lugar.
El problema llegó cuando hubo que repetir la fórmula. La segunda temporada comenzó a mostrar síntomas de agotamiento y el propio Tim Kring reconoció públicamente los problemas de ritmo y las dificultades para hacer funcionar algunas de las nuevas tramas. La posterior huelga de guionistas de Hollywood agravó todavía más la situación, pero el desgaste creativo ya había comenzado.
Héroes cayó entonces en una de las trampas habituales de las grandes sagas: hacer que todo fuera cada vez más grande hasta perder aquello que había hecho especial a la historia. Los poderes se multiplicaron, aparecieron nuevas organizaciones, conspiraciones, futuros alternativos y personajes capaces de cambiar constantemente de bando.
También empezó a resquebrajarse la lógica interna de sus protagonistas. Peter Petrelli y Sylar habían alcanzado niveles de poder tan elevados que resultaba complicado plantear amenazas convincentes. Los viajes temporales, las pérdidas de memoria y las resurrecciones permitían además modificar acontecimientos que deberían haber tenido consecuencias permanentes.
La tercera temporada terminó de acelerar la caída. La complejidad sustituyó a la emoción y la acumulación de giros comenzó a pesar más que el desarrollo de los personajes. La producción reaccionó con cambios importantes en su equipo creativo, pero el fenómeno ya había perdido buena parte de su fuerza.
Cuando NBC canceló Héroes en 2010, la serie estaba muy lejos de aquellos registros iniciales y rondaba los 4,4 millones de espectadores. Su recorrido resulta especialmente llamativo porque apenas cuatro años separaron el fenómeno mundial de su desaparición. Sin embargo, hay algo que permanece. Antes de perderse entre conspiraciones y viajes temporales, Héroes consiguió algo difícil de repetir: convertir a personas corrientes en protagonistas de una historia extraordinaria. Y dentro de ese recuerdo, Claire Bennet seguirá teniendo el rostro de Hayden Panettiere.















