La propuesta apuesta por llevar el turismo de lujo a un territorio prácticamente inexplorado: las profundidades abisales. Impulsado por China, el proyecto busca atraer a clientes de altísimo poder adquisitivo con inmersiones entre los 1000 y los 4000 metros, una franja del océano donde la luz solar desaparece por completo. El Centro de Investigación Científica de China Ship, con sede en Wuxi, ya ha culminado el diseño de un sumergible turístico capaz de descender hasta los 1000 metros.
Se trata de un nicho muy concreto, tradicionalmente dominado por compañías como Triton Submarines o U-Boat Worx, especializadas en ofrecer experiencias exclusivas bajo el mar: explorar el fondo oceánico desde cápsulas presurizadas con vistas privilegiadas. El calendario que maneja el proyecto sitúa el prototipo a finales de 2026, con la vista puesta en iniciar operaciones comerciales en 2030. Cada inmersión estaría limitada a cuatro pasajeros, lo que refuerza su carácter elitista y exclusivo.
China rompe los límites: su plan para enviar a medio millón de millonarios a las profundidades abisales de más de 4000 m
En cuanto al coste, las cifras varían enormemente según la profundidad. Una inmersión básica de unos 20 metros puede rondar los 140 euros, mientras que las expediciones más ambiciosas, cercanas a los 1000 metros, podrían ascender a varios miles de euros. El objetivo es claro: posicionarse en el segmento turístico ultra-premium.
La iniciativa parte de una realidad económica evidente: el número de grandes fortunas no deja de crecer. Se estima que hay más de 575.000 personas con un patrimonio elevado en todo el mundo, un público que demanda experiencias únicas, desde megayates hasta viajes espaciales, y que ahora podría sumar a su lista el descenso a las zonas más profundas del océano.
No obstante, el desafío técnico es considerable. A esas profundidades, la presión puede multiplicar por cien la de la superficie, las temperaturas rondan los 4 grados y la ausencia de luz natural convierte el entorno en un espacio hostil y extremo, además de altamente corrosivo.
Uno de los mayores obstáculos ha sido desarrollar una estructura resistente que, al mismo tiempo, permita la observación. Los ingenieros chinos aseguran haber resuelto este punto mediante una carcasa transparente con visión panorámica de 360 grados, capaz de soportar las condiciones extremas del entorno.
China no parte de cero en este ámbito. El país ya ha desarrollado sumergibles como el Jiaolong, capaz de alcanzar más de 7000 metros de profundidad, o el Deep Sea Warrior, utilizado en misiones de investigación oceanográfica. Este nuevo paso supone trasladar ese conocimiento científico al terreno del turismo de élite.















