La lucha contra el cambio climático podría haber encontrado un nuevo aliado bajo la superficie del mar. Un equipo de investigadores de la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI), en Estados Unidos, ha completado con éxito un experimento sin precedentes que explora una forma de reducir la acidificación de los océanos mediante el uso de hidróxido de sodio, un compuesto químico capaz de neutralizar parte del dióxido de carbono acumulado en el agua.
Un año después de que EE.UU. vertiera millones de litros de lejía y tinte en sus costas, la alcalinidad marina ha logrado salvar el océano
La prueba se llevó a cabo en el golfo de Maine y supone la primera demostración a gran escala en mar abierto de una técnica que hasta ahora solo había sido validada mediante simulaciones y ensayos de laboratorio. El objetivo era comprobar si el hidróxido de sodio podía aumentar la alcalinidad del agua y transformar el CO₂ disuelto en una forma química más estable, reduciendo así sus efectos sobre el medio marino.
Los océanos desempeñan un papel esencial en el equilibrio climático del planeta. Se calcula que absorben cerca del 25 % del dióxido de carbono que la humanidad libera a la atmósfera, amortiguando parte del calentamiento global. Sin embargo, ese servicio tiene un coste.
A medida que captan más CO₂, el agua se vuelve progresivamente más ácida. Este proceso dificulta que numerosos organismos marinos, como corales, ostras, almejas o determinadas especies de plancton, formen sus esqueletos y conchas de carbonato cálcico, debilitando ecosistemas enteros.
El problema va mucho más allá de estas especies. El plancton constituye la base de buena parte de la cadena alimentaria marina, por lo que su deterioro podría desencadenar efectos en cascada que afectarían tanto a la biodiversidad oceánica como a la pesca y a la seguridad alimentaria de millones de personas.
Para poner a prueba esta tecnología, los científicos liberaron más de 60.000 litros de una solución de hidróxido de sodio en el golfo de Maine. La mezcla incluía un llamativo colorante rosa fluorescente que permitió seguir con precisión la dispersión del compuesto y monitorizar la evolución del experimento en tiempo real.
Antes de iniciar la prueba, el proyecto recibió la aprobación de las autoridades competentes y fue comunicado a las comunidades locales. Además, el equipo aplicó estrictos protocolos de seguridad para minimizar cualquier posible impacto sobre la fauna marina, especialmente sobre los mamíferos que habitan la zona.
La base química del procedimiento es relativamente sencilla. Cuando el hidróxido de sodio entra en contacto con el dióxido de carbono disuelto en el agua, ambos reaccionan formando iones de bicarbonato, una de las formas más estables en las que el carbono permanece almacenado en el océano. Como resultado, aumenta la alcalinidad del agua y disminuye el efecto acidificante del CO₂.
Un año después de la prueba, los investigadores han confirmado que la alcalinidad del agua en la zona aumentó de acuerdo con lo esperado, una señal de que la reacción química funcionó correctamente y de que el sistema podría ser viable como método para capturar carbono en el océano.
Aun así, los propios científicos insisten en que todavía quedan numerosas preguntas por responder antes de pensar en una aplicación a gran escala. Entre ellas figuran el coste económico de este tipo de operaciones, su viabilidad logística y, sobre todo, los posibles efectos que una intervención continuada podría tener sobre la biodiversidad marina.
Pese a estas incertidumbres, el experimento marca un avance significativo en la búsqueda de nuevas herramientas para combatir el cambio climático. Si futuras investigaciones confirman su seguridad y eficacia, aumentar la alcalinidad de los océanos podría convertirse en un complemento a la reducción de emisiones para proteger uno de los ecosistemas más importantes del planeta frente al impacto de la actividad humana.















