La futura ley antitabaco impulsada por la ministra de Sanidad, Mónica García, no solo está generando un intenso debate en España. Mientras el texto avanza en su tramitación parlamentaria entre las críticas de sectores como la hostelería, el turismo o el transporte, la regulación del vapeo ha vuelto a ser objeto de debate internacional.
Esto se debe a la advertencia lanzada por una de las organizaciones antitabaco más influyentes del mundo, que cuestiona la equiparación del cigarrillo electrónico con el tabaco convencional en términos de salud pública.
La mayor organización antitabaco del mundo desautoriza la nueva ley española: 'Vapear no es fumar y tiene menos riesgo'
La organización en cuestión es Action on Smoking and Health (ASH), una entidad británica fundada con el apoyo del Royal College of Physicians y considerada una referencia en la prevención del tabaquismo en Reino Unido. En un informe reciente, ASH advierte que la percepción pública sobre el vapeo se ha deteriorado significativamente. Más de la mitad de los fumadores británicos cree, erróneamente, que usar un cigarrillo electrónico es igual de perjudicial o incluso más dañino que fumar tabaco.
La directora ejecutiva de la organización, Hazel Cheeseman, expresó su preocupación por esta tendencia. "Es alarmante que la percepción pública sobre el vapeo se haya distanciado tanto de lo que indican las pruebas científicas", afirmó. ASH reconoce que el vapeo no es un producto completamente inofensivo, pero enfatiza que los estudios disponibles sugieren que la exposición a sustancias tóxicas es significativamente menor en comparación con el consumo de cigarrillos tradicionales.
Cheeseman también advirtió sobre las posibles consecuencias de transmitir información errónea a los fumadores. "Si alguien cree que vapear es tan dañino como fumar, es menos probable que recurra al vapeo como ayuda para dejar de fumar y más probable que abandone el vapeo y vuelva a los cigarrillos. Ambos resultados son mucho más perjudiciales para su salud", explicó en declaraciones recogidas por The Guardian.
Esta discusión va más allá de las fronteras del Reino Unido. Países como Suecia, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos han incorporado, en mayor o menor medida, estrategias de reducción del daño en sus políticas de control del tabaquismo. Estos modelos diferencian entre el tabaco combustible y los productos alternativos para fumadores adultos, basándose en la premisa de que no todos los sistemas de administración de nicotina conllevan el mismo nivel de riesgo. Informar sobre estas diferencias podría facilitar el abandono del cigarrillo tradicional.
En este contexto, organizaciones como ASH plantean una cuestión fundamental: si los fumadores creen que todas las alternativas tienen el mismo impacto en la salud, ¿no estarán perdiendo una oportunidad para dejar de fumar? La organización británica considera que este riesgo es real, una reflexión especialmente relevante mientras España debate una de las reformas antitabaco más amplias de las últimas décadas y endurece las restricciones sobre el vapeo y otros productos sin combustión.















