Han pasado dos décadas desde que El diablo viste de Prada se convirtió en una de esas películas capaces de trascender su época. Lo que nació como una adaptación de la novela de Lauren Weisberger acabó transformándose en un fenómeno cultural gracias a un reparto impecable, una dirección elegante y una historia que retrataba con ironía el competitivo universo de la moda y la prensa especializada.
Ahora, en plena fiebre de secuelas tardías que recuperan sagas de éxito, Hollywood vuelve a mirar hacia uno de sus títulos más queridos con El diablo viste de Prada 2. Es fácil mostrarse escéptico ante este tipo de regresos. En los últimos años la industria ha demostrado una enorme dependencia de la nostalgia, recuperando clásicos con la esperanza de volver a conquistar a quienes crecieron con ellos. Esta secuela consigue evitar, al menos en buena parte, esa trampa y encuentra motivos propios para justificar su existencia.
Veinte años después de los acontecimientos de la película original, Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci regresan a un mundo que ha cambiado radicalmente. David Frankel vuelve a ocupar la silla de director para narrar una historia que, tras triunfar en la taquilla mundial con cerca de 700 millones de dólares recaudados, llega ahora al catálogo de Disney+ con la intención de conquistar también al público del streaming.
Tras arrasar en cines en 2026, El diablo viste de Prada 2, la secuela de una icónica película de hace dos décadas, llega a Disney+ buscando repetir su éxito en streaming
La historia comienza con la prestigiosa revista Runway enfrentando una de sus mayores crisis. Un reportaje que cuestiona la ética de gran parte de la industria de la moda genera una gran polémica, amenazando con destruir décadas de prestigio. Para intentar solucionar la situación, Miranda Priestly recurre a Emily Charlton, una antigua asistente que ahora es una profesional de primer nivel. Emily deberá modernizar la revista mientras lidia, una vez más, con el exigente liderazgo de su antigua jefa.
Lo más interesante de la película es que no se limita a repetir las dinámicas que funcionaron en 2006. En lugar de encadenar referencias, frases icónicas y momentos diseñados únicamente para provocar nostalgia, el guion aprovecha el regreso de sus protagonistas para reflexionar sobre cómo ha cambiado el sector editorial.
El mundo de las revistas impresas lucha por sobrevivir frente al dominio de internet, las redes sociales y el consumo inmediato de información, mientras quienes trabajan en él intentan mantener el prestigio de unas cabeceras cada vez más presionadas por la rentabilidad.
Ese cambio de enfoque también se refleja en sus personajes. Si en la primera entrega el éxito profesional parecía justificar cualquier sacrificio, aquí la historia plantea una pregunta mucho más contemporánea: ¿merece realmente la pena dedicar la vida a un trabajo que exige estar permanentemente al límite? La ambición continúa siendo uno de los motores del relato, pero ahora convive con el desgaste emocional, la incertidumbre laboral y la sensación de que destacar nunca ha sido tan complicado.
A pesar de sus defectos, El diablo viste de Prada 2 conserva la esencia que convirtió a la original en un clásico moderno. Sigue siendo una comedia elegante, ágil y accesible, con diálogos afilados, un reparto que demuestra una gran química y suficientes momentos de humor para mantener un tono ligero incluso al abordar temas más serios. El resultado es una continuación sorprendentemente sólida que demuestra que no todas las secuelas nacidas de la nostalgia están condenadas a ser un simple trámite. Algunas, como esta, logran mirar hacia el futuro sin olvidar aquello que hizo especial a la obra original.















