A siete metros bajo el agua, en lo que fue el puerto oriental de Alejandría, un equipo de arqueología subacuática ha localizado los restos de una embarcación ceremonial romana de un tipo poco común: un thalamegos, una especie de “yate” de representación pensado menos para navegar y más para impresionar. Lo llamativo no es solo la etiqueta, sino el estado del hallazgo: se conservan unos 28 metros de eslora de un barco que habría rondado los 35, protegido durante siglos por una capa de sedimentos de alrededor de metro y medio.
El proyecto está dirigido por el arqueólogo submarino Franck Goddio, y se apoya en una idea sencilla: si en la literatura antigua se hablaba de “palacios flotantes” usados por las élites para procesiones, banquetes y celebraciones, lo difícil era encontrarlos de verdad, con madera, ensamblajes y huellas materiales. Según los detalles difundidos, el casco presenta incluso letras griegas grabadas —interpretadas como marcas o indicaciones de montaje—, un tipo de “instrucción” que encaja con prácticas conocidas de construcción naval antigua.
Un tipo de nave que casi solo existía en los textos
El término thalamegos aparece asociado a descripciones de autores clásicos como Estrabón, y la prensa británica subraya otro punto interesante: hasta ahora, estas naves se conocían sobre todo por textos e iconografía, no por un ejemplar recuperado en contexto egipcio con esta escala. De hecho, se suele citar el mosaico de Mosaico de Palestrina como una de las representaciones donde se intuye este tipo de embarcación (aunque a menor tamaño), algo que hoy sirve casi como “pista visual” para interpretar el hallazgo.
La localización también importa. Este no es un pecio aislado en mar abierto, sino una pieza más dentro del rompecabezas sumergido del Portus Magnus y su entorno, donde el equipo lleva años documentando estructuras ligadas a la vida política, religiosa y ceremonial del Egipto grecorromano. En otoño de 2025, por ejemplo, se divulgó el trabajo sobre el templo de Cleopatra VII dedicado a Isis en la isla real de Antirhodos, otra muestra de cómo terremotos y cambios del litoral dejaron “archivos” enteros bajo el agua.















