En cuestión de días, dos salidas de alto perfil han puesto nerviosa a la industria: OpenAI y Anthropic han perdido a dos voces ligadas, precisamente, a la parte que suele presentarse como “freno” interno. La coincidencia temporal ha dado munición a una idea que ya llevaba meses flotando: la carrera por lanzar productos y escalar negocio está dejando a la ética y la gobernanza en una posición incómoda, a veces reactiva.
En el caso de Zoë Hitzig, la renuncia llega pegada a un giro muy sensible para el producto estrella: el inicio de pruebas de anuncios en ChatGPT en Estados Unidos, enfocadas a cuentas gratuitas y al plan Go, según la propia compañía. La investigadora lo conectó con una preocupación concreta: la cantidad de información íntima que los usuarios vuelcan en un chatbot cuando lo usan como confidente, asistente laboral o “diario” de bolsillo.
El debate sobre la publicidad y la intimidad
El punto que ella subraya —y que ha repetido en redes y en una tribuna— no es “la publicidad es mala” en abstracto, sino qué ocurre cuando el incentivo económico se engancha a lo que define como el registro más detallado de pensamiento privado recopilado por una empresa. Su argumento es que los anuncios construidos sobre esa capa de franqueza pueden abrir la puerta a formas de persuasión y segmentación que hoy ni medimos bien ni sabemos auditar con garantías.
La otra renuncia, la de Mrinank Sharma, golpea en un sitio simbólico para Anthropic: el equipo de “salvaguardas”, precisamente el que investiga defensas contra usos peligrosos (desde manipulación hasta riesgos bio). Su carta pública, difundida en X, usa un tono casi filosófico para plantear que la capacidad tecnológica está creciendo más rápido que la madurez moral de la sociedad, y que él prefiere reorientar su vida —incluso hacia el estudio de poesía— antes que normalizar ese desfase.
Today is my last day at Anthropic. I resigned.
— mrinank (@MrinankSharma) February 9, 2026
Here is the letter I shared with my colleagues, explaining my decision. pic.twitter.com/Qe4QyAFmxL
Presión de negocio y confianza a largo plazo
Leídas juntas, las dos salidas componen una misma fotografía con dos colores: por un lado, la presión por monetizar y sostener infraestructuras carísimas (la publicidad como vía para financiar acceso masivo); por otro, el miedo a que esa monetización empuje a atajos —en privacidad, en transparencia, en control de daños— justo cuando los modelos se están integrando en decisiones personales y laborales. OpenAI ha insistido en que los anuncios no cambian las respuestas y que las conversaciones no se comparten con anunciantes, pero el debate interno que asoma en estas dimisiones no va solo de una promesa técnica: va de confianza institucional a largo plazo.















